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27 enero 2010
Claiborne Farm, 100 años de excelencia en la cría
Claiborne Farm, 100 años de excelencia en la cría
La célebre cabaña de París, en Kentucky, celebra en 2010 su primer siglo de vida y de producir campeones
LEXINGTON, Kentucky (De un enviado especial).- París es un pequeño pueblo apenas unas millas al noreste de esta ciudad. Poco tránsito, casas antiguas y pintorescas se aprecian por doquier; parece todo salido de una película. Allí, como en casi toda la zona, lo que reina son los caballos de carrera.
El portón de entrada a Claiborne Farm se abre automático, pero debe ser lo único moderno allí. Lo que reina es la historia. El clásico color amarillo -amo y señor del lugar- se pierde entre las hojas que el otoño tiñó en apenas una semanas. Si ni siquiera el verde del césped se ve, tapado por la estación que avanza para darle paso al crudo invierno local; pronto será el tiempo del arribo de la nieve.
Para el cronista, la sensación es idéntica a la de sus dos visitas anteriores. Las piernas flaquean ante tanta historia, esa que sobra en la cabaña que los Hancock fundaron hace nada menos que 100 años.
Los ojos con los que está dotado el cuerpo humano no alcanzan. Uno quiere ver más de lo que se puede. La cabeza debería tener la capacidad de rotar 180 grados; sería lo ideal; el panorama apasiona y los sentimientos son imposibles de detener cuando uno está parado en una de las cabañas más famosas del mundo; quizá la más importante de la hipica de los Estados Unidos.
No es fácil llegar al siglo de vida, por eso en Claiborne el número produce orgullo. Todo allí remite a tiempos anteriores.
Fue en 1910 cuando Arthur B. Hancock (1875-1957) decidió mudar a su familia hacia Kentucky desde Virginia, allí donde Richard Hancock, su padre -un veterano de la Guerra Civil-, había creado el Ellerslie Stud, antecesor de lo que luego se transformaría en Claiborne Farm.
Pronto la nueva operación de la familia en París eclipsó Ellerslie para comenzar a trazar un camino que ayudó al mundo hípico a disfrutar de muchos de los mejores caballos de la historia.
La influencia de Claiborne fue casi inmediata y se extiende hasta nuestros tiempos con idéntico éxito, producto de una forma de trabajar que no se modificó jamás y que, a pesar de recibir críticas, se mantiene casi tan artesanal como en sus inicios.
Todo es mítico allí. Uno de los padrilleros, envuelto en su campera amarilla y con gorra al tono, sale al encuentro de los visitantes. Es estricto aguardar detrás de una valla; ni se le ocurra pasarla.
A la izquierda aparece un viejo granero de tabaco de la década del ‘30 que actualmente oficia de galpón de servicios. Está en pleno recorrido hacia las padrilleras.
La primera puerta es el colmo. Las piernas vuelven a flaquear. Allí está hoy Eddington (Unbridled), pero antes fue el box de residencia de Bold Ruler (Nasrullah), Secretariat (Bold Ruler), Easy Goer (Alydar) y Unbridled (Fappiano). Basta para mí.
Quizá hoy los reproductores de Claiborne Farm no tengan el peso de sus antecesores, pero con Pulpit (A.P. Indy) como jefe y Seeking the Gold (Mr. Prospector) supervisándolo todo desde su retiro, un grupo de jóvenes caballos intenta ganarse su espacio.
Detrás de la oficina, delante del paddock donde galopó por casi tres décadas Mr. Prospector (Raise a Native), está el cementerio principal. Dos esculturas de pájaros lo custodian y en silencio se contemplan las tumbas de muchos de los mejores caballos que se hayan visto.
Sólo Mr. Prospector, Secretariat (Bold Ruler) y Nijinsky (Northern Dancer) están enterrados allí de cuerpo completo. De otros, como Hoist the Flag (Tom Rolfe), Swale (Seattle Slew) o Buckpasser (Tom Rolfe) solo se conservan su cabeza, sus patas y el corazón, siguiendo una tradición.
La cabeza remite a la inteligencia, el corazón a la generosidad y las patas a la velocidad. Mientras nuestro guía narra la historia es inevitable volver a emocionarse.
Allí también descansan Ambiorix (Tourbillon), Bold Ruler y su padre, Nasrullah, Princequillo (Prince Rose) y su hijo Round Table. Otros, como Danzig (Northern Dancer), Easy Goer, Unbridled, Tom Rolfe (Ribot), Damascus (Sword Dancer), Sir Gallahad III (Teddy) o nuestro inolvidable Forli (Aristophanes) lo hacen en el cementerio de Marchmont Farm, una de las divisiones de Claiborne.

Volvamos a la historia

En poco tiempo Arthur Hancock desarrolló una operación que influenciaria enormemente a la cría de los Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX. Importando caballos de enorme clase desde Europa, rápidamente Claiborne Farm se convirtió en líder en todas las materias.
Entre esas llegadas se contaron las de Sir Gallahad III y Blenheim II (Blandford) que luego darían resultados enormes como, por ejemplo, Gallant Fox (Sir Gallahad) y Whirlaway (Blenheim), ambos ganadores de la Triple Corona en 1930 y 1941, respectivamente.
Arthur Hancock repartió talento en su vida y no por nada cuando murió en 1957 el Bloodstock Review inglés lo describió como “Probablemente el más influyente criador en la historia de los Estados Unidos”.
Arthur B. Hancock Jr. (1910-1972), conocido popularmente como Bull, continuó en forma brillante el trabajo de su padre. Siguió acercando padrillos brillantes y luchando contra la élite de los criadores.
Una de esas llegadas propiciadas por Bull fue la del fantástico Nasrullah, líder de la estadística en cinco ocasiones y que diera a otro ejemplar inolvidable como Bold Ruler, que fue primero ocho veces en el ránking y quedó en la historia como el padre de Secretariat.
Bull también crió y tuvo como padrillo a Round Table, sindicó a Nijinsky y manejó la carrera de Buckpasser.
Tras el fallecimiento de Arthur Hancock Jr. fue Seth quien se hizo cargo de mantener bien arriba la estirpe de Claiborne.
Fue él quien sindicó en el por ese entonces récord de 6.000.000 de dólares a Secretariat, hecho que marcó una era en el manejo de Seth, con clara mirada en sus antepasados y que se ha extendido por casi cuatro décadas.
Seth sin dudas igualó a su abuelo y a su padre decidiendo la llegada a Claiborne de padrillos tales como Mr. Prospector, Danzig o Seeking the Gold (Mr. Prospector), todos caballos que ocupan un lugar destacado en la historia.
En las pistas también mostró su sapiencia Seth. Ganó el Kentucky Derby (G1) con Swale -luego muerto de forma prematura cuando regresó a la cabaña para ser reproductor-; crió y corrió a Lure (Danzig), dos veces ganador del Breeders’ Cup Mile (G1) y que en la actualidad pasa su retiro en Claiborne; y también con sus colores corrió el campeón Forty Niner (Mr. Prospector), que pasó por el haras con éxito antes de ser vendido por una fortuna a Japón.
El trabajo de Seth también muestra como picos elevadísimos el haber criado a Nureyev (Northern Dancer), Caerleon (Nijinsky) y a Fairy Bridge (Bold Reason), nada menos que la madre de Sadler’s Wells (Northern Dancer). De allí que se lo observe como un verdadero referente de la cría a nivel mundial.
Claiborne Farm aporta muchos datos históricos. Por ejemplo, por allí pasó en un par de oportunidades la Reina Isabel II de Inglaterra; y es el haras donde la familia Phipps cría y crió a todos sus campeones, demasiados para nombrarlos: Bold Ruler, Buckpasser, Easy Goer, Personal Ensign (Private Accoutn) y My Flag (Easy Goer) alcanzan como ejemplos para una relación de ensueño.
Claiborne, asociado con William Woodward, produjo a Gallant Fox, Omaha (Gallant Fox) -triplecoronado en 1935- y Nashua (Nasrullah).
La influencia de Claiborne se refleja en los hipódromos, las cabañas y en los pedigrees de caballos a lo largo y ancho de la Tierra.
Su nombre es un ícono para la cría del caballo de carrera y a lo largo de sus 100 años de vida, sobran los ejemplos al respecto. Manteniendo sus viejas tradiciones, sin volcarse a la modernidad que otras cabañas del Norte manejan, los Hancock han sabido y sabrán de éxitos inolvidables.
El portón automático comienza a cerrarse; detrás queda la historia de un lugar salido de un cuento. El amarillo se funda con las hojas regadas en los paddocks. Será cuestión de tratar de regresar para volver a sentir cómo las piernas ceden ante la imponencia Claiborne Farm.

Diego H. Mitagstein