Sotto Voce, el tributo: y un día me crucé a “La 99″…
6 Diciembre, 2017 Share

Sotto Voce, el tributo: y un día me crucé a “La 99″…

Bella, sagaz, áspera, tenía las mismas ganas de siempre de contar… Y no nos íbamos a perder la oportunidad…

Los viejos y buenos tiempos siempre se añoran; en el turf puede decirse que es casi una constante, porque aquí sí que todo momento pasado fue mejor, al menos, por ahora… La reunión transcurría en Marotes, centro hípico por excelencia en la esquina de Marquez y Diego Carman, justito frente al Campo 2 de San Isidro. Estábamos con varios amigos tratando de arreglar el mundo y en eso por una de las ventanas pasa una señora, cincuentona ella; cinturita de avispa… Tenía anteojos oscuros, bien oscuros, pero su cara me pareció similar.

Habrán sido 10 segundos hasta que reaccioné. “La 99”, me dije, tiré la silla al piso y salí corriendo a ver si la encontraba. Por supuestos, los compañeros de plática no entendían nada, pero seguí mi camino y tomé Carman. Miré para ambos lados, para arriba y para abajo, pero no encontré nada. De golpe, vuelvo a girar la cabeza a la derecha y saliendo del local la veo a ella, una reina, como en los tiempos de Informe Turf.

En cuatro saltos igualé la línea del puntero y asesté un certero: “¡99!”. Se dio vuelta, me miró de arriba abajo y, sincera, dijo: “¿Y vos quién sos?.

Quedé en cero una milésima de segundo y respondí: “El amigo de ‘El Dire’”. Me volvió a mirar, pensó unos instantes y el rostro mutó a un llano profundo y sentido.

“Fernando Henrique, Fernando Henrique, qué épocas estupendas; qué charlas magníficas. Cómo se lo extraña…”, soltó. El sentimiento fue compartido y, palabra va, palabra viene, la invité: “No querés ir a tomar algo, conozco un bodegoncito acá a un par de cuadras bien tranquilo (no era Marotes, claro, donde mis amigos estaban meta llamar al celular para ver donde andaba, sin resultados, obvio).

“Dale”, retrucó sin pensarlo, y así caminamos, como en los viejos tiempos, hablando de caballos y de carreras, la pasión de ambos. Ya sentados pidió su cafecito con crema de siempre y yo un agua sin gas, porque a determinada edad hay que empezar a cuidarse un poco más.

“¿Qué fue de la vida de los muchachos?”, consultó.  “Bueno -dije-, José Dato Preciso sigue habitando la Especial de Palermo en busca de primicias y chimentos y de con quien compartirlas; Irineo Gorrini anda medio  retirado, se aburrió; y Placé hace un tiempito se la da de propietario, le gusta la del Figuretti, le encanta… La mala noticia es la de Juan Fuente Segura, que partió, feliz pero partió”.

-Feliz, ¿porqué feliz?, inquirió, sagaz, como en sus mejores épocas.

-Te cuento. Estaba en San Isidro y había jugado una cadena de esas con base alta con los amigos. Les había costado un fangote y venían con 5 puntos y un par de lancerottis en el cierre; ya venía con problemitas Juan, y cuando vio que dominaba el de 22 pesos se descompensó, soltó un “Vamos ese 8” final y partió, feliz.

-¡Hay qué bruto! -largó, con ese tonito femenino capaz de evaporar corazones…

-Bueno, contame, contame, ¿seguís en el metier tan “intrusa” como siempre? ¿O ya te apartaste un poquito de esas charlitas por lo bajo tan jugosas que siempre aportabas para Fernando?, le pregunté.

-Nooooooo (la o se estiró por varios segundos…). Es lo que más me gusta, tampoco hace tanto que no nos juntamos con los muchachos para hacer el Sotto Voce…

-Ya ni me acuerdo cuando El Dire nos dejó… No se si no me quiero acordar…

-Creo que en enero de 2013 nos reunimos por última vez, y mucho la cosa no ha cambiado…-, se sinceró.

La charla duró como una hora hasta que le fue incontenible. Yo había ido al bombo toda la vuelta esperando que ella arrancara, porque sabía que iba arrancar, aunque, como toda chica linda (y que sabe que es linda) se iba a hacer desear hasta el final.

-¿Y si nos reunimos?, consultó, pero casi aseverando..

-Gran idea -le dije-, majestuosa, genial, al turf le está faltando algo de eso que tenía Sotto Voce, le está faltando un Sotto Voce -sumé, entusiasmado. El tema es la “merca”, porque hoy todo el mundo está sensible y se ofende por cualquier cosa, inqurí…

-¿Y qué? -gritó agrandada.

-¿Cómo y qué? -volví a preguntar.

-Claro, ¿y qué? Tantos Sotto Voce atrás y nadie se ofendió. Mirá, te tiro una: viste que San Isidro prometió 11.000.000 de pesos de premio para el Pellegrini, el Pellegrini de la inscripción carísima?

-Sí, claro, 11 palos, una fortuna.

-Bueno, se anotaron catorce y los 11 millones contemplaban premio hasta el décimo quinto clasificado con lo que, de ratificarse todos, habrá 200.000 pesos que no se sabe hasta ahora dónde irán a parar…, soltó deshinibida.

-Veo que no cambió nada -le repliqué entre risas. Estás tan mala y profunda como desde 1998…

-Y… Los años pasan, pero las mañas no se pierden ni se olvidan. Siempre tengo “merca”, ¿querés más? Dicen que el propietario y el cuidador de uno de los buenos caballos del año estaban enojadísimos. Querían correr el Latinoamericano de Maroñas, y que los nominaran, pero charlando con los dirigentes les dijeron que había un pedido de nominación y que no era para ellos…

-A la pelotita, pero eso puede traer cola-, me hice el sota buscando algo más de “info”.

-Hay que ver, hay que ver, porque no se si se llegará a concretar o será un amague o se lo habrán dicho para sacárselos de encima por el momento. Pero, que pasó, pasó, finalizó.

-Hagamos una cosa, me voy hasta Palermo y lo busco a José, trato de traerlo del campo a Irineo y lo bajo del pedestal a Placé y nos juntamos todos de nuevo. Las buenas ideas hay que reciclarlas, ataqué como un buen 9 dentro del área, esperando respuesta positiva.

-Dale, hablemos, en estos días. Me encantaría reencontrarme con los muchachos después de tantos años, y ya me picó el bichito de los trascendendidos, es más fuerte que yo, dijo, sonriendo de costado, provocativa, “femme-fatale”.

Nos saludamos, nos cambiamos los whatsapp y prometimos hacer lo imposible para juntarnos. Porque Sotto Voce hizo historia. Y quizás la haga de nuevo…

Felipe Disco

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