El tordillo criado en San Benito servía desde hacía varias temporadas en el Haras Vadarkblar

“Recuerdo el día que nació; era un potrillo más bien chico, negrito, con una lista blanca; ya se veía que con el tiempo se iba a poner tordillo. Su madre, Inspiration, por Equalize, en la gran familia de la “I” del excelente Haras Abolengo”, comienza el sentido recuerdo que Andrés Basombrío le brindó al inolvidable Don Incauto en su página de Facebook, una vez conocida la noticia de su muerte en el Haras Vadarkblar, donde prestó servicio durante muchos años, a su regreso de los Estados Unidos, hacia donde había sido importado.

El hijo de Roy corrió para el Stud San Benito en la Argentina, y justo es considerarlo uno de los mejores ejemplares que la hípica nacional haya producido en los 2000. De nacimiento tardío, en noviembre, empezó a brillar temprano, pero alcanzaría su máximo esplendor bien entrado sus 3 años.

Fue tercero en las 2000 Guineas (G1) y luego se llevó el Ensayo (G2), cerrando su campaña de 2004 con sendos terceros en los grandes premios Jockey Club (G1) y Carlos Pellegrini (G1). Pero en 2005 ya no sabría de derrotas, imponiéndose primero en el Gran Premio Miguel A. Martínez de Hoz (G1) por sobre el crack Latency (Slew Gin Fizz) y luego dándole al país una victoria muy esperada en el Gran Premio Asociación Latinoamericana de Jockey Clubes e Hipódromos (G1), impidiendo el capote chileno, siempre en el césped de  San Isidro.

Gary Tanaka lo compró para defender sus colores en los Estados Unidos, pero la travesía empezó mal: una neumonía en el viaje lo complicaría para el resto de su campaña.Correría sólo 6 carreras allí, destacándose el tercer puesto que alcanzó en el Bay Meadows Breeders’ Cup Handicap (G3), en Bay Meadows.

Volvió al país para servir en Vadarkblar, y desde allí produjo a la ganadora de G3 Señora Ensalzada y a los placé clásicos Señor Emperador y Señor de Fecha, además de innumerables ganadores.

“Para nosotros ha sido, sin dudas, el mejor caballo que hemos criado. Me queda grabada en la memoria toda su campaña, pero también esas imágenes en el campo, cuando se criaba. Lo hemos disfrutado enormemente y sólo me queda agradecerle lo que nos brindó. increíblemente sufrió la misma enfermedad de la madre (melanoma), a ella la perdimos cuando sólo tenía once años. Ya deben estar juntos galopando en el cielo, ¡salud Campeón!, cierra Basombrío su carta cargada de ternura y reconocimiento hacia ese tordillo que no fue uno más en sus vidas.