Cuarta generación de cabañeros, sigue el camino que comenzó con La Irenita y apunta a la calidad por sobre cantidad

Por Diego H. Mitagstein

No es fácil criar caballos de carrera en la Argentina. La economía muchas veces manda, y la pasión es lo que tantas veces moviliza para encarar uno de los trabajos más complicados, a pesar de todo… Muchas cabañas importantes fueron desapareciendo en los últimos años, incluso algunas que podía pensarse siempre estarían entre nosotros; a la par fueron surgiendo nombres nuevos, la renovación.

Otras, como Rodeo Chico, optaron por una restructuración del negocio, achicar la operación y apuntar a transformarse en un “haras boutique”, que críe poco, pero de calidad. Por ese camino transita a sus 34 años Agustín Villamil, cuarta generación de cabañeros y que el martes próximo disfrutará por primera vez de un remate exclusivo desde que se hizo cargo de un nombre fuerte en la historia del turf nacional, el que siguió la ruta trazada antes por La Irenita, sinónimo de Atlas (Aristophanes) y Cipayo (Lacydon), entre otros…

Hace unos pocos años que Rodeo Chico viró su formato buscando calidad por sobre cantidad, y los resultados ya empezaron a verse. Sonny Bill (Portal del Alto), Escabiar (Portal del Alto), Entropía (Mount Nelson), Cumbuco (Hurricane Cat) y Moana Aymar (Equal Stripes) en Chile ya han aportado victorias de las importantes en esta nueva etapa, que en 2022 ya tiene también un protagonista que entusiasma como Monteviejo (Portal del Alto). que tiene “una velocidad anormal”, como se encarga de describir Agustín.

“Durante los últimos años tuvimos resultados impresionantes en las pistas, con solo 20 nacimientos promedio por año. En la actualidad hay una camada de 2 años con muchas ilusiones y tuvimos varios ganadores clásicos y grandes caballos”, suma el criador. ¿Cómo se logra? Lo cuenta: “Tener un buen equipo de trabajo y una estructura hecha a medida nos ayuda a criar potrillos de la mejor forma posible. Somos pocos, pero muy bien organizado, donde se genera una linda sinergia. En el Haras, que tiene 100 hectáreas ubicadas en San Antonio de Areco, tenemos 30 yeguas y siempre estamos intentando mejorar el nivel permanentemente. Sin dudas, ellas son la verdadera fábrica de nuestra organización”.

Se acerca un reto para el criador con la venta que organiza con la firma de Martín Zubeldía, y lo aguarda con entusiasmo: “Con la producción nacida en 2020 se alinean muchos factores que la hacen ser lo mejor que tenemos en los últimos años. La mitad de los potrillos criados son hermanos de caballos clásicos, los físicos son imponentes y hay una variedad de padrillos lideres espectacular. Hay hijos de Fortify, Portal del Alto, Hurricane Cat, Senor Candy, Seahenge y Suggestive Boy. Es por eso que decidimos organizar un remate propio y en el cual ofrecer la totalidad de la producción. Por suerte mucha gente se interesó por los productos, y lo que es inusual, varios criadores estuvieron mirando algunas de las potrancas que están en el catálogo. Ahora esperamos que ojalá los propietarios nos acompañe el martes durante el remate, nos den su confianza y que Rodeo Chico siga creciendo. En lo personal estoy muy contento con la organización que llevamos adelante, con todo el equipo de trabajo y con los buenos resultados de los últimos anos. Realmente disfrutamos lo que hacemos”.

En el repaso del catálogo de la venta, integrado por 19 piezas, destacan: Sex Toy (Suggestive Boy), hermano materno del G2 Pure Nelson (Mount Nelson); Candy Fy (Fortify), hermana materna de la clásica Carameliza (Le Blues); Eigualame (Seahenge), hermana materna de la G1 Entropía; Quintero (Seahenge), hermano materno de Aicega (Slew Gin Fizz) y Mascherano (Slew Gin Fizz); y La Chovette (Seahenge), hermana materna del prometedor Monteviejo.

Cuarta generación de criadores, jóven, Agustín Villamil se animó a un cambio de modelo, adaptó Rodeo Chico a las exigencias actuales y apunta a criar pocos potrillos, pero buenos. Los números le dan la razón…