El hijo de Archipenko dio el paso más importante de su ascendente competencia en el sábado de San Isidro

El cielo sigue siendo el límite para Ajool, que en el sábado de San Isidro dio otro paso en su ascendente carrera quedándose con el Clásico Horacio Bustillo (G2-1600 m, césped), derrotando a uno de las figuras de la media distancia como El Consorte (Grand Reward).

El potrillo pudo más que el favorito al cabo de una recta final apasionante, dominando a partir de la cuadra final y estirando un cuerpo de ventaja a su favor, poniéndole la frutilla a la torta empleando un tiempo estupendo de 1m32s91/100, corriendo muy pero muy fuerte durante la última media milla.

Juan Carlos Noriega, jockey del hijo de Archipenko y Emotif (Giant’s Causeway), sabía a la perfección cuál era su única preocupación. Y por eso decidió que el alazán marcara de cerca a El Consorte, que salió como siempre a marcar el camino, aunque con muchísima más suavidad a lo acostumbrado.

Quizás ese cambio de panorama no haya jugado a favor del líder, y sí ayudado a que Ajool lo pudiera tener controlado sin un esfuerzzo supremo. Ya una vez frente a las tribunas, mano a mano, pudo más el pupilo de Roberto Pellegatta y Juan Saldivia, con Joy Filoso (Filoso Emperor) completando una trifecta predecible. 

Defensor de la caballeriza Al Adiyaat, del Sheikh Mohammed bin Khalifa al Maktoum, y criado por Phalaris SRL., Ajool lleva 5 victorias consecutivas y en tan sólo unos meses pasó del anonimato a ocupar un lugar preponderante en una de las divisiones más importantes del turf argentino.

Su predilección por la pista de césped es evidente y da la sensación de que, incluso, tiene características como para pensar en algunos metros más. Claro, todo dependerá de los plantes que tenga su propietario, que, usualmente, utiliza la Argentina como banco de pruebas y luego se lleva sus mejores caballos al exterior, preferentemente a Dubai, en los Emiratos Arabes Unidos.

Por lo pronto, Ajool no para de ganar y se muestra cada carrera como un caballo importante, de futuro sin techo. El tiempo tendrá, como siempre pasa, la última palabra.