La industria del turf está sumergida en un pozo económico ante la cuarentena por el Covid-19; pero si hay algún tipo de reactivación, pues ser fundamental en traccionar empleo y generar divisas, aunque, necesariamente dependerá de las apuestas remotas

El panorama es sombrío; casi tenebroso. El brote de Covid-19 mundial, la pandemia, se acecha sobre el cielo de los argentinos con el misterio de lo desconocido y la experiencia de ser quienes somos. Cuarentena de por medio, con una inminente profundización de la crisis económica ante la “máquina parada”, cada casa es un mundo, y en la “casa del turf” la historia genera dudas, preguntas, inquietudes y, sobre todo, muchos interrogantes sobre cómo la industria será capaz de superar semejante tsunami de malas noticias, con la actividad detenida hace ya casi un par de semanas, generando gastos inmensos al por mayor y cero ingresos.

Que nadie vaya a pensar que en el corto plazo algo puede mejorar, por el contrario, habrá que esperar a ver cómo funciona el confinamiento general y plantear dos escenarios: ir más a fondo para detener el “virus chino” a costa de mayor recesión y conflictos sociales, o empezar a “liberar” el cinturón de a poco para que la rueda empiece a girar y el daño colateral sea algo menor, aunque jamás pequeño.

Hagamos futurología, soñemos con que el destino nos hace un guiño -algo a lo que, por cierto, no está acostumbrado…- y el turf puede soñar con volver a escuchar el ruido de las gateras para mayo. De ninguna manera existe la posibilidad de que las actividades deportivas se renueven con público, incluso, será abortada toda posibilidad de “reunión masiva” de espectadores, con lo que “rodarán” las agencias.

Entonces, sí se autoriza correr sin público, pero no hay donde apostar, ¿los hipódromos harán el esfuerzo de abrir a pérdida? Jamás, como no lo haría ninguna “empresa”. Pues bien, apoyándonos en ese panorama, y pensando en la cantidad de gente necesitada que mueve la actividad hípica, la única alternativa que puede contemplar aquella ilusión es que se habilite el juego on-line, para así acompañar la reapertura y que el mundo del turf colabore con la economía de su gente y generando divisas al Estado, proporcionando impuestos en calidad de “invalorables”.

Los políticos están con temas complicados, es cierto, lo sabemos, lo respetamos, pero, explicación de por medio sobre este posible paso, ¿no entenderán que en tren de volver a la vida normal puede ser algo fundamental, sacando de la crisis a la gran mayoría de las 80.000 personas que se emplean hoy por hoy?

“Palermo y San Isidro tienen sus sistemas bastante avanzados como para, de, contar con esa posibilidad, casi que inmediatamente retomar la “normalidad” en sus competencias y de empezar a generar el preciado dinero”, cuenta alguien muy al tanto de la situación, el mismo que luego suma: “No hace falta una ley, nada, quizás con una resolución o un decreto la posibilidad se haga realidad, aunque no es poco el lobby en contra de otros integrantes de la industria del juego. Al menos en un principio como una excepción”.

Países como Singapur, Hong Kong o los mismos Estados Unidos han podido de alguna forma continuar con su actividad gracias a la posibilidad de las apuestas remotas vía computadoras, teléfonos celulares o tablets. Mismo Chile y Uruguay podrían reactivarse al toque de campana por disponer de canales mucho más modernos que las agencias.

Sin ir más lejos, hace muy poco se autorizaron en la Argentina las apuestas deportivas online, aunque en desmedro del turf, el único en el “rubro” capaz de dar trabajo en cantidades, de llegar con valor agregado.

 Hay un riesgo contundente: lucir oportunistas. Pero aún mayor es el peligro de que la industria hípica, que involucra tanta gente necesitada, caiga en un pozo del que se le haga virtualmente imposible salir. Es el momento de pensar en el conjunto, no en salvarse de forma particular. De nada le serviría a los hipódromos conseguir el juego online sin carreras ni protagonistas que le den forma.