La ola de calor jugó su partido y la recaudación del miércoles en San Isidro fue de las más bajas de las últimas semanas; ¿no debieron modificarse los horarios?

Notable baja en las apuestas la que se dio este miércoles en el Hipódromo de San Isidro, donde el calor insoportable hizo su trabajo y quitó afluencia de público en las instalaciones y también en las agencias. Apenas 150.712.365 pesos se jugaron al cabo de las 14 carreras disputadas, con un promedio de $ 10.765.168. Para tener una comparación, una semana antes habían pasado por ventanillas $ 214.971.198, promediando $ 14.331.413, con 15 competencias de por medio. Es cierto de que fin de mes y la crisis, también pueden haber jugado su papel, pero en diciembre no pasó y la situación era bastante similar…

Con el clima imposible anunciado desde hace ya varios días, no se entiende la decisión de empezar a correr a las 14:30, principalmente, por el riesgo que implica para todos, pero, sobre todo, para jockeys y caballos, expuestos en la pista a temperaturas mucho mayores, sin contar el esfuerzo de la competencia. 

Si cualquier médico recomienda no hacer actividad física ante semejantes circunstancias, ¿cómo puede ser que los hipódromos argentinos -les cabe a todos- sigan con una tesitura que ya lleva años exponiendo a sus protagonistas? 

En cualquier país del mundo razonable, con 40 grados de calor se anula la jornada, pero aquí todo transcurre con normalidad, sin medir riesgos y menos consecuencia. No se sabe qué rol cumple aquí la Gremial de Profesionales, que debería mediar por el bien de sus afiliados.

Por suerte, al menos que haya trascendido, todo se dio con bastante normalidad, pero bastará con que ocurra un problema para que varios, sobre todos los responsables, se agarren la cabeza. Cabe preguntarse si cuesta mucho atrasar los horarios ante las circunstancias, más allá de que lo ideal es ya programar originalmente para más tarde (sobre todo en casos como este, con la ola de calor ya pronosticada).

Las consecuencias económicas, secundarias claramente, se sintieron también y esa diferencia en los apostado respecto a la semana anterior -o una suma similar- deja de percibirse y tampoco llega a los premios, ya bajos hace tiempo, en un dato para nada menor en un momento donde los hipódromos sólo modificaron sus escalas en monedas al cabo de los últimos 4 meses.

Quizás, en algún momento, se entienda que correr bajo las circunstancias en que se corrió ayer, no es precisamente una decisión acertada. Todo lo contrario.