Hijo de Ignacio Correas (h.), se radicó el año último en Argentina y en algunas semanas tendrá su bautismo de fuego como preparador; con experiencias en los Estados Unidos y Europa, se siente como en casa y sueña con una carrera exitosa

Por Diego H. Mitagstein

Podría decirse que Benjamín Correas tenía su destino escrito; hubiera sido lo lógico. Hijo de Ignacio Correas (h.), nieto de “Nacho” Padre, bisnieto de Ignacio Correas, el turf le corrió por las venas con el verde y blanco de Las Ortigas desde que nació, hace ya 33 años. Sin embargo, su proceso de desembarco en el mundo de las carreras de caballos fue largo y hasta él mismo reconoce que de chico no tenía demasiadas conexiones con la actividad salvo las familiares.

Pero el bichito de la hípica le empezó a picar, se metió de lleno para empezar su vida laboral hasta que el turf y los sangre pura lo enamoraron, tanto, como para pensar ahora que difícilmente pueda estar lejos de un stud. Benjamín creció un poco en Argentina y otro tanto más grande en los Estados Unidos, donde en 2002 se radicó su padre. Era todavía chico, estaba en la escuela y el tema trabajo no estaba en el radar, pero llegó el momento de las primeras experiencias, de caminar caballos en los hipódromos del norte. Tanta agua corrió bajo el puente desde entonces que ahora, otra vez radicado aquí, empezó a cuidar por su cuenta en el Campo 2 del Hipódromo de San Isidro, donde espera estrenar su patente dentro de aproximadamente un mes.

“Estaba con la idea de largarme, porque por la pandemia no pude volver a irme. No le había contado nada a papá porque sabía lo que iba a pasar; pero sí se lo anticipe a Marina, mi mamá, y a Carlos Cambas, un amigo de la familia de muchos años. Pero los dos fueron y le contaron a Ignacio, que me llamó y me dijo que me mandaban una potranca de Iván Gasparotto para cuidarle; al rato me mandaron otra y así tengo los 4 productos que estoy preparando, aunque sólo dos están en el stud porque no logro encontrar boxes. Me dio una mano grande Julio Penna, que me prestó dos, y por suerte ya parece que se va encaminando la cosa”, cuenta Benjamín sobre estos primeros pasos que está dando como entrenador, empujado por amigos y la familia.

Recuerda Benjamín que: “En Estados Unidos lo ayudaba al viejo en algunos veranos, cuando no tenía colegio. Pero cuando se va de Sagamore Farm y pone su propia caballeriza, me llamó para trabajar full time. Empecé de caminador, cuidaba el pony y cuando se fue el capataz que trabajaba con nosotros en ese entonces, tomé su lugar, aprendiendo a los golpes. A los pocos meses Ignacio se fue a Oaklawn Park para la temporada y me dejó con un stud a cargo en Keeneland. ‘Aprendé  cualquier cosa me llamás’, me dijo’”, confiesa entre sonrisas.

Cuidar en los Estados Unidos y en Argentina no es lo mismo. Y a la hora de las comparaciones de estilo, explica: “Acá lo que más me costó fue la terminología. En Estados Unidos es galopar un cuarto de milla, media milla; galopar o trotar; pero acá tenés trote, largo, medio correr, liviano, alegre… Yo estaba acostumbrado a otra cosa, pero le voy agarrando la mano. Estoy utilizando todo lo que hacía allá, pero adaptándome a ciertas costumbres locales que es necesario comprender y aprender. Por ejemplo, mantuve varear con montura, y por suerte Francisco Corrales, que me está ayudando, tenía experiencia con Wesley Ward en Kentucky y me fue fácil adaptarme, me ayuda. Mi papá aprendió en Argentina y se adaptó a los Estados Unidos; a mí me pasa al revés”.

“La verdad que antes de empezar a trabajar con papá, no se me había pasado por la cabeza dedicarme full time a los caballos, pero ya a los 12 años empecé a meterme poco a poco. Al trabajar con Ignacio estaba obligado a exigirme, porque yo debía ser un ejemplo, y hoy veo que todo eso me sirvió mucho. El es de por sí exigente, pero yo era el hijo, no podía aflojar, porque eso se contagia después en el stud. Hoy veo esas ‘clases’ a la distancia como un aprendizaje fenomenal para mí”, recuerda, en un agradecimiento para su exitoso padre.

Antes de regresar a la Argentina, Benjamín estuvo en Francia trabajando con Pia Brand en Chantilly, una experiencia de la que no recogió tantas cosas positivas como de su vida en el norte. “Fue durísimo. Hice camas y estaba mucho en el entrecasa del stud, y Pia era muy exigente, muy, difícil de carácter; mujer en Francia y entre caballos, no tenía opción. No tuve tanta oportunidad de ver cuestiones del entrenamiento, aunque hice mis escapadas para ver varear la caballada de Carlos Laffon. No hablaba mucho francés, y eso me complicó, pero me ayudaron algunos amigos y fui aprendiendo para poder manejarme mejor.  También estuve en España y fui varias veces a La Zarzuela, pero allá no trabajé, aunque aproveché para ver muchas cosas en los hipódromos”.

El apellido Correas y la cría, Las Ortigas, son uno sólo. Pero para Benjamín es una faceta que casi no contempla: “Tuve oportunidad de ir a trabajar a un haras grande en Australia, pero la verdad es que no me animé. Era muy lejos y me fui para Arlington Park con papá, donde nos fue bárbaro. A mí me gusta ir al campo, pero el stud me tira más. Una vez que le agarrás el gusto es difícil dejar. Ahora vivo a un par de cuadras del Campo 2 y, si bien no me tomo días libres, cuando lo hago a las 6 estoy arriba y me quedo mirando el techo, ya es una rutina que espero la de ir al stud”.

“La verdad que cuando volví pensé que me iba a querer ir rápido de nuevo, como me pasó todas las veces que regresé. Pero ahora es diferente, me siento mucho más cómodo, con amigos, con muchos primos. Ir al Campo 2 me empujó mucho, me entusiasmó y me empecé a sentir verdaderamente como en casa. Así se dio la posibilidad de empezar a cuidar y acá estamos, tratando de dar lo mejor y de seguir aprendiendo”, explica, antes de recalcar que el campo “no le tira”. “Trabajé en algunos haras en Estados Unidos, pero siento como que necesito más la velocidad del stud, el día a día. Me encanta hacer potrillos, que lo hacía mucho con papá, por lo que, particularmente, en esta etapa la estoy pasando bárbaro”.

“Extraño un poco las carreras en los Estados Unidos, y a algunos amigos que dejé. Pero el otro día le comentaba a papá que hacía mucho no me pasaba de no querer estar allá. Es una situación distinta, que me encuentra con trabajo, empezando una carrera por mi cuenta, una ilusión”, cierra Benjamín, con la mente en desarrollarse profesionalmente, en ganar carreras y en continuar con una tradición familiar de estrecha relación con el disco…