El caballo de las mil conjeturas tras su triunfo en el San Jerónimo de 2017, brilló en San Isidro

Toda una paradoja de la genética “burrera” fue el triunfo de Mi Chispaso en los 2400 metros del Clásico Calidoscopio, la otra carrera importante con que contó la reunión de este miércoles en el Hipódromo de San Isidro. Ganó Mi Chispaso, un hijo del ganador de grupo en la corta Scooby, cuyo “documento” muestra como padres a Mutakddim y la inolvidable Spiny (Ringaro), la sprinter de La Quebrada que marcó época entre fines de los ‘80 y principios de los ‘90.

El alazán apeló a la velocidad que lleva en sus venas para hacerla pesar en la distancia, haciéndose rápidamente de la delantera, corriendo en todos lados y bancando todos los ataques en la recta final. Alcides Coronel Espínola se “desvistió” en la última parte de la competencia para contener a la yegua uruguaya Little Vicky (T.H. Approval), que descontó hasta terminar a sólo medio pescuezo.

Lejos, a 6 cuerpos, Hooker (Perfectperformance) mostró poquito, aunque algo más que un flojísimo Thunder Blue (Honour and Glory), que trituró los boletos de la mayoría llegando cuarto a 12 largos del vencedor, todo al cabo de 2m29s52/100.

Mi Chispaso es un nombre conocido tierra adentro. Entrenado en Córdoba y a cargo de Raúl Lanfranco, fue nada más ni nada menos que el ganador del San Jerónimo el año último, aunque luego sería distanciado por tratamiento prohibido debiendo permanecer varios meses fuera de acción ante la suspensión.

Volvió y, ya en los máximos, empezó una carrera ascendente que ahora en el Calidoscopio encontró su paso más importante hasta el momento. Criado por José Luis Pedernera y defensor de la caballeriza Los Cinco, de Río Cuarto, Mi Chispaso es la única cría a la fecha Miss Chispa (Missionary), en una familia materna que baja hasta el nombre de Doria (Advocate), uno de los más fabulosos de la historia del turf nacional.