En la despedida al más grande futbolista de todos los tiempos, vivencias en una entrevista «maradoniana»…

Aquél año, en Dubai, cuando bajé del avión tenía todo planeado, aunque no sabía cómo iba a concretarlo. Se corría la World Cup y Frankie Dettori estaba allí para correr los caballos del Sheikh Mohammed, como siempre; en Al Wasl, Diego Maradona era el director técnico, con su estadio cerquita del hotel donde nos hospedábamos.

Quería juntarlos a ambos para una nota, a los dos cracks, el tema era ¿cómo? Por ese entonces, Iván Pavlovsky trabajaba allí en una de las caballerizas reales y en nuestra primera mañana de trabajo nos pasó a buscar por el hotel para arrimarnos hasta Meydan. 

Palabra va, palabra viene, le cuento de mi idea y, para mí sorpresa, dice: “Hoy justo tengo que llamar al Negro Enrique porque quería ir a las carreras y un amigo en común le dijo que hable conmigo. Yo te lo organizo”. Fue un regalo del cielo (nada raro estando D10S de por medio…), el lazo para concretar aquello que por un par de meses y durante el siempre largo viaje había sido una ilusión profesional a concretar.

Iván habló con Enrique, me llamó y llegó la frase esperada: “Mañana a las 17 nos esperan para el entrenamiento”. Increíble.

Esa mañana en Meydan lo fui a buscar casi corriendo a Frankie, con quien me une una muy linda relación desde que estuvo en Argentina para correr el Nacional, gestión Turf Diario mediante, y le conté. El “Tano” me contesta: “¡Tengo dentista! Dame 10 minutos”. Confieso: se me paró el corazón, pero a los pocos segundos sonó el teléfono y del otro lado su voz dijo: “Listo, a las 17 nos vemos allá”.

Llegamos y Frankie, obvio, ya hacía un rato largo estaba en la pequeña tribunita contigua a la cancha de entrenamiento. Fanático del fútbol, como buen italiano, estaba tan entusiasmado como nosotros (la visita la concretamos con Pablo Núñez, Fernanda Perrone y mi hermano Hernán… e Iván, claro).

Se arrimó Enrique, nos dijo que cuando terminaba el entrenamiento estaba todo listo. Y así fue. La práctica finalizó y nos vino a buscar, nos puso frente a frente a todos y Diego y Frankie se miraron, sonrieron, se abrazaron y empezaron a charlar. Sueño cumplido.

Pero… (siempre tiene que aparecer un pero), para variar, en la cancha de Al Wasl había varios curiosos más  y uno de ellos hizo lo que todos sabían que enfurecía al diez: le tocó el hombro.

Diego empezó a putear, se enojó, saludó y se fue. “¿Venís el sábado a la carrera”?, le preguntó Frankie después de invitarlo. “Creo que jugamos, pero capaz eh…”, respondió el ídolo, y se fue, “breca”.

Llegó el sábado, la Dubai World Cup y, de golpe, una marea blanca bajó desde el palco oficial. En el medio su pelo enrulado, su barba y su paso típico: ¡Diego había ido a ver la carrera! Frankie, montado, grita desde lejos: “¡Diego! Vino ¡Diego!”.. Sonrió cómplice, guiñó el ojo y salió a correr. Sueño cumplido.