El preparador atraviesa un gran momento profesional, pero hace poco tiempo pensó en retirarse; un amigo, el destino y los caballos

Por Simón Mitagstein

Las palabras de Edgardo Martucci suenan tan crudas como se leen: “Tuve un bache grande, que me hizo pensar en no seguir. Lo digo claramente: pensé en dejar de cuidar, en abandonar la profesión de mi vida, a la que amo”. Desde hace varias décadas parte de la historia en Palermo, agrega: “No tenía caballos competitivos y la cosa se había puesto muy brava económicamente y esta es una actividad donde la ecuación es muy sencilla: si no tenés caballos buenos, no podés ganar, por más que seas el mejor entrenador”.

Pero la vida le tenía por delante un guiño de esos que son impensados hasta si se sueñan, mucho más en un momento donde una persona está virtualmente “entregada” a las circunstancias. “De pronto apareció Rodolfo Pedro Bor, con el que nos criamos juntos en Martínez, donde mi papá le alquilaba el stud a su abuela. Jugábamos al fútbol con los chicos del barrio y después pasó un largo tiempo hasta que volvimos a vernos. Un día, por medio de un amigo en común al que yo le cuidaba un caballo, me volví a poner en contacto con Rodolfo, que me comentó que con los caballos tenía poco que ver y sólo para acompañar tenía una parte en uno. Entró en una parte de un hijo de Equal Stripes y tiempo después compró una hija de Remote en Firmamento, pero nada más; él, efectivamente, acompañaba. Ese año, el 1 de mayo me quedaron dos lugares libres en el tercer piso; corría el República Argentina (G1) con un caballo de una caballeriza panameña y los propietarios no pudieron viajar, entonces lo invité a Rodolfo a que venga a la carrera con su señora y aceptó. En un momento me pregunta: ¿cómo tenés que hacer para ganar una carrera de este nivel? Le contesté: primero tenés que comprar caballos buenos, esto no es fácil, a veces ganás con uno de medio pelo, pero son los menos. Durante el trascurso del día me comentó que quería comprar caballos y así fue que me apareció esta gran oportunidad”.

Cada palabra de Martucci es jugosa, pues a sus 67 años volvió a disfrutar al máximo del turf, su vida. Se le nota en la voz, en el semblante, en el buen humor y en la sonrisa. Para colmo, no sólo en el hipódromo todo anda bien para el popular Gardi, en lo personal también su momento es mágico: ” Por suerte las cosas se acomodaron. Tengo a todos mis hijos conmigo, porque Federico, que estaba viviendo afuera, volvió, y como padre te digo que, cuando los chicos se van, duele. Además tengo a mis nietos, son 5 y viene otro en camino, así que estoy feliz”.

Por las manos de Martucci pasaron muchísimos caballos buenos, con mojón inolvidable en Different (Candy Stripes) o el mismísimo Equal Stripes (Candy Stripes), y ahora tiene otra joya en Nievre (Catcher In the Rye), el reciente ganador del Gran Premio República Argentina (G1) y que, no por casualidad, pertenece al stud de Rodolfo Bor, el Rodolfo Pedro.

La historia de su reencuentro y de este Martucci recargado, sigue: ” Era el año 2018 y tenía dos studs, uno de 19 boxes y otro de 16, y había entregado el más grande porque era una locura seguir pagando con pocos caballos que, encima, eran más o menos.  Soy de los tipos que siempre va para adelante pero pensé en hacer otra cosa vista la situación, no sabía qué, pero estaba muy desalentado con el turf. La aparición de Rodolfo hizo un click en mi estado de ánimo y todo empezó a acomodarse. Ese año no compró uno, compro 20 caballos y tuve que salir a buscar boxes. Pero llegó la pandemia que paralizó todo a principios de 2020 y Rodolfo se dedica al turismo, que fue una de las actividades más golpeadas. Mandé la mitad de los caballos al campo porque no había personal y los costos son muy altos. Entonces hablé con él y me dijo: ‘Vos quédate tranquilo que vamos a seguir’. Se reabre el hipódromo y nos toca ganar el Selección (G1) y mi amigo ya estaba muy entusiasmado; es de los que las cosas las hace bien a fondo, se mete, y yo lo dejo encantado porque me ayuda mucho. Es una persona que estudia los pedigrees y durante este corto tiempo aprendió un montón, pero que me respeta totalmente la opinión: si a mí no me gusta un caballo, no lo compra. Trabajamos como un equipo, él me comenta qué tiro cree que le conviene a determinado caballo y lo discutimos. El que no sirve se va, se vende y así fue armando su caballeriza comprando 20 por año. Arrancamos de cero y es muy difícil, así que el primer año no nos fue bien en general, pero le metimos un Selección que es muy importante. A fines de 2021 advertimos que pintaba bien, porque teníamos buenos potrillos de 2, 3 y 4 años y entre ellos estaba Nievre”.

Es el momento de hablar sobre la gran figura del momento en su caballeriza, y, como siempre, locuaz, Edgardo no ahorra detalle: “Nievre siempre pintó para ser un gran caballo. Cuando empezó  a trabajar no había ninguno en el stud que lo pudiera seguir. Te confirmo que vamos a correr el Classic (G1) de las Estrellas, donde va a tener una prueba de fuego porque ahora deberá demostrar que no ganó el República de casualidad. Estoy seguro que está en condiciones de confirmar que es un muy buen caballo, sano y muy lindo, que no fue ocasional su triunfo”.

El cuidador sigue “desbocado”, con ganas de contar y hablar, pero, sobre todo, de disfrutar: “También tuvimos a Mumi Beach (Treasure Beach), la que ganó el Selección, que después se vendió a Japón.La verdad es que nos está yendo bien, tenemos buenos prospectos de potrillos y ahora la cosa cambió porque por lo menos comenzamos a divertirnos; antes era poner y poner, y esa es una situación que aburre a cualquiera. Es lo único que no quiero que le pase a ningino de mis propietarios”.

Cuenta el entrenador que su otro cliente es un amigo como Pablo Vidal Taquini y su Stud-Haras La Sortija, y que recibió los caballos del Stud-Haras La Generación. Allí es donde recalca: ” Lo importante para mí es que me volvió la alegría, el ser humano tiene que estar feliz con lo que hace y esto es lo mío”.

Martucci tira en yunta con el jockey Esteban Torres, que montó a Nievre el 1 de mayo, sobre el que opina: “Para mí entre los diez que puedas elegir está Chuchu. Es un gran colaborador a la mañana, y arriba del caballo es uno de los pilares que tengo para saber si anda bien o no. Por fortuna pude armar un lindo equipo, los capataces, peones y galopadores son parte importante en el trabajo diario y no me canso de decir que la mejor inversión es tener gente buena y trabajadora. El día del República me alegré mucho por Esteban”.

Esa victoria le reportó muchísimo, pero nada como en el plano interior. Con la emoción evidente, confiesa: “Al otro día, cuando entré en la Oficial, la verdad es que me emocioné casi hasta las lágrimas. Me aplaudieron de una punta a la otra. Gente que tiene muchos años en esto me comentó que nunca habían visto nada igual. Uno piensa que es querido, pero lo del otro día para mí fue único”.

La charla, prolongada y super disfrutable, va llegando a su fin y el cierre que le da Edgardo Martucci no podía ser más perfecto: “Las carreras son mi mundo, me gusta hacer un triplo, una cadenita, o ir un rato a las maquinitas porque me entretienen. Amo a Palermo, el apellido Martucci siempre va a estar ligado a este hipódromo. Fue, es y será mi casa. A veces, cuando vuelvo del campo y llegó a Libertador y Dorrego, me corre algo hermoso por el cuerpo. Es mi vida…”.