En una temporada complicada por una lesión de rodilla, el jockey cerró con un triunfo inolvidable en las riendas de El Encinal

Por Diego H. Mitagstein

Quizás 2023 no haya sido el mejor año en la trayectoria del jockey Eduardo Ortega Pavón, pero la victoria que alcanzó el sábado último con El Encinal en el Gran Premio Carlos Pellegrini (G1) le hizo olvidar al paraguayo todos los pesares que vivió y que no le permitieron lucirse como en otros momentos.

Su actuación en las riendas del hijo de Il Campione resultó determinante, incluso debajo de su montura pues ya dar los 53 1/2 kilos de programa que cargó el alazán fue un dato importantísimo, al fin, fue una de las razones por las que Guillermo Frenkel Santillán, el entrenador del gran ganador norteño, lo buscó para reemplazar a Juan C. Villagra, algo más pesado, con la idea de no dar ventajas de ningún tipo.

Después, ya en carrera, se vio lo que todos esperan de él. La garra, la decisión única de no darse por vencido, haciéndose el espacio cuando la suerte parecía sellada y empujando con alma y vida hasta alcanzar y superar en la misma meta a la potranca No Fear (Agnes Gold) y a Francisco Leandro.

Cuenta Eduardo, aún con la adrenalina del triunfo a cuestas, y tras recibir el enésimo saludo con su sonrisa a pleno: “Estuve mucho tiempo golpeado. En enero me lastimé la rodilla, y eso me condicionó bastante durante todo el año. Encima, el día del Nacional me volví a golpear y ese ligamento no me afloja. Pero por suerte llegó este triunfo para acomodar un poco las cosas y cerrar bien, para pensar ahora en lo que vendrá”.

Tras aquellos momentos de cifras elevadísimas en su récord entre 2015 y 2019, cuando casi siempre superó los 200 éxitos, Eduardo consiguió 109 triunfos en 2022 y lleva apenas 91 en el calendario actual, aunque con 13 clásicos de por medio y 3 grupos uno, ya que también se alzó con Gran Premio Estrellas Juvenile (G1) y con el Gran Premio Jorge de Atucha (G1), guiando a Dark Love (In the Dark) y a Joy Rosy (Fortify), respectivamente.

Sobre el desarrollo del Gran Premio Carlos Pellegrini, el profesional contó: “La verdad que la carrera se me hizo muy dura, porque el potrillo no podía encontrar el lugar. La potranca se venía abriendo, seguramente de cansancio, y Calvente me tenía amurado por afuera, situaciones lógicas de cualquier final porque todos los jockeys damos todo y buscamos defender a nuestros patrones, la gente que confía sus boletos, a todos. No me dejaban pasar, pero faltando porquito se liberó y El Encinal puso el corazón”.

Para muchos resultó un tanto inesperada la victoria de El Encinal, pero Ortega Pavón veía todo con muchas expectativas en la previa: “Había terminado cerca en el Jockey Club, en un carrerón, y había ganado el Ensayo, por eso me tenía confianza. El entrenador lo esperó, lo descansó y lo preparó para esta carrera, y los resultados están a la vista”.

Se lo consulta sobre lo que significa el peso por edad en este tipo de pruebas, y cuenta: “Los kilos valen mucho en las carreras de distancia, más con los 3 años, que vienen creciendo y desarrollándose, y deben enfrentar a rivales con mucha más experiencia. Lo montó el martes, me encantó y de ahí para acá me cuidé mucho para hacer el peso”.

Fue el segundo triunfo en el Pellegrini para Eduardo Ortega Pavón, que se había quedado con la edición de 2020 y sobre la que recuerda: “La carrera con Cool Day (John F Kennedy) fue parecida, porque también venía encerrado, aunque este creo que fue más duro”.

Ahora es tiempo de descansar un poco, de festejar, de visitar a su familia en Paraguay -“Hace mucho tiempo que no los veo”, cuenta- para las fiestas y de intentar aprovechar el envión anímico de un triunfo de tanta envergadura, que lo devuelve a los primeros planos, allí donde hace muchos años transita. Sin dudas, donde pertenece.