La Plata inhabilitó por un año al preparador por un altercado verbal, mientras el hipódromo naufraga en la mediocridad casi eterna y en ser receptor de puestos políticos

Por Diego H. Mitagstein

Hace unos días se daba a conocer la pena de un año de suspensión que el Hipódromo de La Plata aplicó al preparador Nahuel Orlandi (h.) tras un altercado verbal con Javier Denis, Sub Administrador del Bosque. Es cierto que el profesional se pasó en sus formas, tanto como que su reclamo era absolutamente lógico -no sólo la cancha, el estado general del sur es deplorable…- y que luego en su descargo admitió haberse sobrepasado y pidió las «disculpas» del caso. En el sur optaron por una inhabilitación durísima y que pareció más tener que ver con un tema «personal» que con algo que se ajustara a la lógica. 

Podría trazarse claramente una analogía con el fútbol, donde ese 10 habilidoso y desbordante en un momento se aburre de que le den una patada atrás de la otra hasta que explota y le recrimina al árbitro con ademanes. El juez, que nunca amonestó a ninguno de los brutos volantes o defensores rivales, sí le saca tarjeta amarilla a «nuestro héroe», porque le molesta más que le hablen fuerte a él que los golpes recibidos o la deslealtad para con el crack.

No parece tratarse de una casualidad la relación entre la pena que recibió Orlandi (h.) con su condición de «denunciante» permanente en sus redes sociales sobre todo lo que viene ocurriendo en el Hipódromo de La Plata desde que las actuales autoridades se hicieron cargo, en la mayoría de los casos, con un silencio grande por parte de muchos de sus colegas. Desde un sobradamente justificado reclamo por el atraso inconcebible en el pago de los premios, pasando por lo bajo de los mismos y por las condiciones en que los profesionales deben trabajar allí. Orlandi (h.) lo ha pedido todo.

Ya sabemos que La Plata se convirtió hace muchos años en una caja del Estado -lo que pasa con el Fondo de Reparación y su no llegada al hipódromo es una real vergüenza, recordando que se trata de una Ley…-, siendo destino de muchos «empleados» acomodados y encomendando permanentemente su dirección a gente que no tiene conocimientos hípicos.

La sanción a Orlandi por una discusión fue muchísimo mayor a la gran mayoría que se aplican por tratamientos prohibidos o dópings, y no hace falta aclarar que esto le hace mucho peor a la hípica y su credibilidad que un tono de voz elevado y hasta que algún insulto. Sin embargo, allí nadie acelera y va a fondo; los hipódromos -todos- son como el árbitro que no cobra los fouls pero se enoja cuando le recriminan.

Orlandi estuvo mal, está claro y fuera de discusión, pero en La Plata deberían empezar a bajarse un poquito del caballo, aceptar que vienen haciendo un trabajo de malísimo para abajo y que el turf merece mucho más respeto del que le han dispensado hasta el momento (sino recordar algunos audios patéticos que circularon hace un tiempito…). Pongámosle que no haya problemas en que se acepte un cargo sin saber de qué se va a tener que trabajar, pero, una vez en ese lugar, lo mejor y la recomendación es darle bolilla a los entendidos, caigan bien o caigan mal.

Dejar de lado la «percepción» propia con desconocimiento incluído para trabajar por el bien común de una actividad que dignifica y abraza a muchísima gente que el propio Estado con su ineficiencia manifiesta y eterna saca del sistema.