En la pista, El Musical había superado al potrillo de Las Monjitas por media cabeza; molestó, se lo bajó al segundo lugar y se desató la locura absoluta

Por Diego H. Mitagstein

La historia, tristísima por cierto, de la versión 2022 del Gran Premio Jockey Club (G1-2000 m, césped pesado) no la escribirán ni la victoria de Natan (Señor Candy), ni el distanciamiento de El Musical (Il Campione), sino que quedará marcado a fuego por imágenes inauditas para un deporte como el turf, por un escándalo mayúsculo desatado por los allegados al potrillo que había vencido en la pista y que, tristemente, recorrerán las redes, los canales locales y del mundo. 

Se podrá discutir si la carrera estuvo bien o mal sacada, en lo que ya se entrará en detalle, pero jamás justificar una reacción semejante, que terminó con gente colgada del comisariato, rompiendo todo y queriendo pegarle trompadas a los miembros del comisariato, entre los cuales está un tal Jorge Valdivieso… Y a la policía, que hizo lo que nunca tiene que hacer interceder.

Lo que se vio este sábado en el Hipódromo de San Isidro fue uno de los papelones más grandes en la historia del turf argentino y mundial, una muestra de la decadencia de una sociedad lastimada desde las bases, intolerante, que justifica la barbarie y la tierra de nadie apoyándose en que fue “un robo”. Un delirio.

Y ahora sí, habrá que decir que el distanciamiento de El Musical fue una decisión correcta, porque para eso hay un reglamento y una recomendación internacional. La misma dice que si el caballo al que se le produce el estorbo podría haber ganado sin él, debe procederse a la modificación del marcador; la misma regla advierte que si ese punto no se cumple, ya habrá que evaluar otro tipo de cuestiones, como la gravedad de la molestia.

El final del Jockey Club fue de media cabeza, entonces, vaya si Natan podría haber ganado. La imagen de frente quizás no sea tan clara, aunque muestra como El Musical abre su línea varios carriles llevándose a su rival hasta la mitad de la cancha. Pero la toma de atrás sí es determinante.

Y aquí llegamos a otro punto interesante para el análisis, y es la falta de criterios de los hipódromos, que a veces bajan y otras no. Allí es donde muchos de quienes no admiten que se haya procedido correctamente, apoyan sus quejas. En ese sentido, habrá que darles la derecha. Pero de ahí a llegar a lo que se vió este sábado…

Más allá de este último punto, que después de que se corra un Jockey Club la carrera en sí haya quedado de lado; es un golpe al corazón de los hípicos de alma, que ven cómo su querida actividad (vapuleada históricamente desde afuera, y desde adentro…) sufría uno de los hechos más lamentables de todos los tiempos.

Hubo quienes hasta sintieron miedo de lo que podía pasar. Que fueron insultados, amenazados, escupidos. Los responsables de Natan ni querían levantar sus copas. Es un grado de locura irrecuperable. Según se supo, habrá una investigación, hay muchísimas filmaciones y el tema podría escalar más allá de las paredes del hipódromo…

En esta nota se tendría que estar hablando del corazón de El Musical, de la garra de Natan y de una recta final que, molestia aparte, fue realmente formidable. De que el ganador cortó una serie de 3 triunfos de G1 con un triunfo de G1 y que ya habría que ir sacando entradas para un próximo y probable enfrentamiento en el Gran Premio Nacional (G1), que se viene armando potente.

Pero no, se habló de trompadas, de peleas, de intolerancia y de un papelón histórico y que nos inunda a todos de tristeza.. Ojalá no veamos algo así nunca más.