En 1981 se lanzó la gran carrera continental con el triunfo del brasileño Dark Brown, pero nuestro país se quedó con las otras dos versiones que se disputaron en Uruguay, gracias a Latency y a Roman Rosso (foto), en 2006 y 2018, respectivamente

El Longines Gran Premio Latinoamericano y el Hipódromo Nacional de Maroñas están unidos por la historia. Fue allí donde en 1981 la ilusión conjunta de los máximos dirigentes sudamericanos encontró su versión inaugural, la misma pista donde el domingo próximo se resolverá una nueva edición de la carrera mejor rentada del continente, el encuentro que en los años más cercanos creció en el concepto y en su peso específico, precisamente, de la mano del aporte económico que viene realizando la firma de relojes francesa.

Aquél primer Latino permanece en la memoria, con el brasileño Dark Brown (Tumble Lark) brillando para derrotar con la chaquetilla de Rosa del Sur al local Lotus (Lennox) y al argentino Mountdrago (Sheet Anchor), después de que Regidor (Pepenador) corriera adelante a destajo, “desmayándose” en la recta final.

Para nuestro país fue una tarde que terminó con una amargura grande de por medio cuando se esperaba levantar la copa. No sería otra cosa que el comienzo de esa larga racha sin poder quedarse con el bellísimo trofeo para los albicelestes, que sucumbían sin contemplaciones enviaran representaciones de primer nivel o caballos de perfil intermedio o decididamente bajo, como sucedió tantas veces.

La Argentina lleva 7 victorias ahora en el Latinoamericano, ya habiendo dejado atrás tantos malos tragos, y dos de ellas llegaron precisamente en la tierra del viejo circo del Barrio Ituzaingó, con las gestas inolvidables del querible Latency (Slew Gin Fizz), en 2006, y de Roman Rosso (Roman Ruler), en 2018.

Lo de Latency fue una verdadera epopeya, que soltó un grito ahogado tantas veces para la hípica más potente del continente, que sufría corriendo de visitante. Claro que el corazón del zaino de Las Dos Manos -el que tenía adentro y el blanco que adornaba su cabeza…- todo lo pudo y con Julio César Méndez en las riendas y la preparación de Juan Udaondo, construyó una atropellada memorable para vencer a la local Necessaire (Bright Again) y desatar la locura contenida.

Era la cuarta victoria argentina en el Latinoamericano, sumándose así a las de Savage Toss (Egg Toss) en 1989 cuando se corrió en La Plata, a la de Potrillón (Ahmad, 1992) en San Isidro y a la de Don Incauto (Candy Stripes), doce meses antes, también sobre el césped del Jockey Club.

En 2017 Sixties Song (Sixties Icon) se llevaba la carrera en el Sporting de Viña del Mar, en Chile, para la Argentina como preámbulo de lo que un año más tarde lograría el alazán Roman Rosso en Maroñas, afilado al máximo por Jorge Mayansky Neer en Palermo y con Wilson Moreyra como encargado de manejar sus riendas. Ese dia fue el brasileño Leao de Prata (Crismon Tide) el que escoltó al crédito del Stud La Primavera, que luego se despediría para continuar con su campaña en los Estados Unidos, primero, y en Emiratos Arabes Unidos después, sin demasiada suerte, por cierto.

El Longines Gran Premio Latinoamericano regresará este domingo a Maroñas, a la pista donde todo comenzó, donde la historia empezó a escribirse, y para la Argentina las esperanzas de acentuar el dominio que viene marcando de un tiempo a esta parte son enormes. 

Por un lado, por esos dos resultados cercanos positvios y que entusiasman mucho, pero también porque portando la bandera albiceleste estarán tres caballos super competitivos como el campeón Miriñaque (Hurricane Cat), el enorme Village King (Campanologist) y el casi invencible Sandino Ruler (Roman Ruler). Ahora hay que correr.

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