Teresa García apoyó a la hípica en los momentos difíciles y el sábado ratificó su compromiso; la opción de buscar vehículos para dejar de depender del fondo de reparación

Teresa García fue una de las personas que más fuerza hizo en su momento para que María Eugenia Vidal y la Provincia de Buenos Aires no avanzaran en su momento para quitar definitivamente el fondo de reparación que sostiene a la hípica desde hace ya muchos años. Con el cambio de mando en las más altas esfera, García, ahora parte central del Gobierno, ratificó ese compromiso asistiendo el sábado último al Hipódromo de San Isidro para disfrutar de la jornada del Gran Premio Carlos Pellegrini (G1), en la que, incluso, fue parte de la entrega de premios.

Gentil, la dirigente sostuvo: “Esto no hace más que reforzar todo lo que asumí para con la actividad cuando se vivieron tiempos muy feos y durante los cuales quienes estaban en el gobierno no entendieron lo productivo del turf y que motoriza muchos puestos de trabajo”.

La hípica argentina, está más que claro, tiene por delante una nueva oportunidad de ver la luz al final del túnel, justo cuando el aire se empezaba a acabar y la economía del deporte tambaleaba (y aún tambalea) seriamente. El tema es que todo ahora debe abordarse desde un plano bien distinto a cómo se lo viene tratando desde hace mucho.

El turf no debe pensar en pedir 1, 2 ó 3 puntos más del fondo, el objetivo en el mediano plazo debe ser dejar de depender de la teta del Estado, mucho más cuando por estas horas se pide “solidaridad” a las clases medias para con los más vulnerables.

El “mangazo” permanente nos llevó al lugar en el que estamos, sumergidos, dependiendo únicamente del dinero público, y de un milagro que nunca se dio. Por supuesto que sería bienvenido que el fondo de reparación restableciera sus cifras previas a la “operación vidal”, y si eso ocurre ni un sólo peso del porcentaje debe escurrirse de los premios. Ni para mantenimiento, ni para alimentar las arcas de los gremios, que ya bastante se llevaron durante todo este tiempo vaya a saber uno en concepto de qué.

El verdadero derrame, el verdadero desarrollo llegará sólo de la mano de los premios, movilizando a los propietarios para hacer mayores inversiones, con lo que criadores, profesionales, personal de caballeriza y todos quienes están de una forma u otra vinculados con el turf encontrarán “su parte”.

La hípica argentina necesita además avanzar decididamente sobre el juego online, para poder tener la posibilidad de una captación de apuestas mucho mayor y de forma más económica que por la vía de apertura de agencias, no sólo en el país, sino fronteras afuera, lo que generaría un universo de mercado incalculable.

Por supuesto, nada es fácil y para que esto suceda tiene que existir la venia del Estado y pasar un tiempo prudente para que todo sea reglamentado e incluído en la ley de turf o en la ley que deba contemplarlo. Los dirigentes no deben caer en viejos errores y seguir el único camino de tratar de sumar más dinero del Estado. El nuevo proyecto debe divisarse a futuro, en pos del bienestar de la hípica, con grandeza y libre de egoísmos.

Diego H. Mitagstein