Gran Mirella y Papusa Pass fueron protagonistas de un cierre que provocó una interpretación equivocada del reglamento

Por Diego H. Mitagstein

Difícil de olvidar será la versión 2024 del Clásico Saturnino J. Unzué (G2-1200 m, arena), continuidad del proceso selectivo para las potrancas en el centro, llegando a las carreras de codo. Fue una situación inusual la que derivó en el distanciamiento de Gran Mirella (Dabster), que había cruzado el disco adelante, en favor de Papusa Pass (Distinctiv Passion), en un fallo equivocado técnicamente por parte de los comisarios del Hipódromo Argentino de Palermo y que dejó varias aristas para el análisis.

¿Qué ocurrió? Papusa Pass corrió adelante desde la partida, pero en los 150 metros se cansó notoriamente. Gran Mirella atropelló por dentro y pasó de largo, pero en el mismo disco abrió un tanto su línea y molestó a su rival, que terminó en el piso, sin poder resistir el toque al quedar desequilibrada por el propio agotamiento. Para colmo, su compañera Plumorosa Pass (Distinctiv Passion), que venía detrás, se la llevó por delante y también cayó, haciendo todo mucho más espectacular.

Tras decir que, por suerte, tanto jockeys como potrancas accidentados no sufrieron lesiones graves, habrá que decir que, correctamente, el comisariato reclamó de oficio, pero falló a la hora de dar el veredicto, sin hacer caso a las reglamentaciones vigentes y dejándose llevar por las imágenes fuertes vividas.

Gran Mirella ya había ganado, no había forma de que Papusa Pass se recuperara, por lo tanto, esa circunstancia descarta la posibilidad de que el reclamo prosperara, pues la sugerencia de la Federación Internacional de Autoridades Hípicas (IFHA) es contudente: si el caballo molestado no tiene oportunidad de ganar, no se debe modificar el marcador.

Pero además, pareció no contemplarse que fue Papusa Pass con Francisco Leandro la que buscó hacia adentro primero en esos momentos finales intentando el milagro de que Gran Mirella no pasara, levemente, pero pasó. Allí se desacomodó la platense, fue hacia afuera y derribó a su rival, que venía muerta y perdió estabilidad; no hubo un golpe violento o adrede, pues fue claro que Miguel Sosa, jockey de la distanciada, no tuvo intención alguna de interferir. El comisariato distanció y no sólo eso, consideró la falta como grave ; por lo que directamente sacó a Gran Mirella del marcador, en otro error de concepto grave y hasta preocupante.

Que haya habido un cruce y una caída va por un carril, pero el reglamento va por otro. No se debió modificar el fallo, y sí sancionar, que son cosas distintas. Ante la foto del final, con potrancas y jockeys desparramados por el piso y los millones de opiniones que se generaron, los jueces debieron mantenerse firmes y no actuar de forma políticamente correcta.

Los reglamentos son claros, y más allá de las opiniones que se generan ante un fallo o una interferencia, existen recursos técnicos como para actuar con acierto. Aquí no hubo márgenes para la duda al respecto pues la televisión, las diferentes tomas y lo que se vio en la pista dejaban en claro que nada iba a torcer el marcador a pesar de las caídas y ese dato debió haber servido para resolver la historia.