El potrillo del Stud Doña Pancha cortó justo sobre el cierre el vuelo de la potranca No Fear, de actuación fantástica

Por Diego H. Mitagstein

Parecía de No Fear, la potranca que se jugó un pleno enorme ante los machos, pero fue de El Encinal, que cargó con alma y vida en la cuadra final para llevarse la versión 2023 del Gran Premio Carlos Pellegrini (G1), punto central de la agobiante tarde del sábado en el Hipódromo de San Isidro, esa que antes había tenido como figuras a Arellano (Angiolo), Huapango Torero (Suggestive Boy) y Edict (Il Campione), vencedores en los grandes premios Unzué (G1), Anchorena (G1) y Copa de Plata (G1).

En un final a pura emoción, los brazos y las piernas de Eduardo Ortega Pavón alcanzaron el objetivo, en circunstancias muy parecida a la que había vivido el jockey paraguayo en la versión 2020 de la carrera más importante del continente, cuando conquistó la gloria con Cool Day (John F Kennedy) tapando en la meta a Pinball Wizard (Orpen) y Village King (Campanologist).

Por supuesto, encontró en El Encinal un potrillo con reacción y coraje, que cuando zafó de la posición incómoda que tenía por dentro al abrirse Treasure Island (Treasure Beach) en la recta, fue garra alazana para dar vuelta una historia que parecía sellada.

Aprovechando los kilos -Francisco Leandro le hizo los 51 1/2 del programa-, la hija de Agnes Gold había venido encimando y cuando llegó la recta dominó, buscando hacer pesar aquella diferencia; esperar mucho más era imposible. Tuvo la copa entre las manos por un buen rato, y vaya si la mereció, pero en el disco el potrillo le sacó esa cabeza decisiva; la diferencia entre la gloria y la desazón, más allá de todo.

A 2 cuerpos, Treasure Island corrió bárbaro, llegando otra cabeza delante de Jazz Seiver (Super Saver), el mejor clasificado dentro del equipo de Las Monjitas, con Natan (Señor Candy( cruzando apenas sexto y Happy Happy Day (Hi Happy) noveno, ambos defraudando un tanto a las expectativas que habían generado y dando a entender que la milla y media fue demasiado.

El Encinal resultó una sorpresa en el totalizador (pagó arriba de $ 14), y había razones, pues en el Jockey Club, si bien no terminó lejos, su sexto lugar pasó desapercibido. Su fama la cimentó quedándose con el Clásico Ensayo (G3), en faena parecida a la de ahora, pero ganándole a Iron Forge (Forge). El tiempo, el descanso, el trabajo de su gente en las mañanas y su capacidad para la distancia, hicieron el resto.

Criado por el Haras El Paraíso -que vivió una tarde inolvidable- y con una madre Emperor Jones, Asediada Emper, El Encinal le dio la primera victoria en el Gran Premio Carlos Pellegrini a Guillermo Frenkel Santillán, aunque el entrenador no pudo disfrutarla en vivo por estar pagando una suspensión ante un tratamiento prohibido; Miguel A. Gómez fue el que apareció en el programa representándolo.

La gran final clasifica desde hace muchos años a su ganador para correr el Breeders’ Cup Turf (G1) como parte del programa Challenge Series, y tratándose de un crédito del Stud Doña Pancha, con Juan C. Echeverz y Juan Gaona a la cabeza, no cuesta mucho imaginarse que ese será su objetivo para el fin de 2024 en la grama de Del Mar. Vale recordar que todos ellos vivieron el inolvidable momento de vencer en el Breeders’ Cup Marathon (G2) de 2012 con Calidoscopio (Luhuk), en Santa Anita Park. Claro, falta mucho tiempo para ese momento y seguramente el héroe del Pellegrini 2023 vaya a seguir compitiendo por algunos meses más en nuestro medio.

Volviendo a No Fear, su tarea fue sencillamente formidable. Si no ganó fue por esas cosas de las carreras y por un El Encinal preciso, pero a nada estuvo de igualar la hazaña de Potri Pe (Potrillazo) en aquella versión de 1992, cuando también de potranca terminó primera con un Pablo Falero magistral.  No es lo mismo el segundo que el primero, está claro, pero, cuando la eferverscencia baje, su equipo tendrá la claridad para saber que lo suyo valió como un triunfo.