A tres semanas del hipotético regreso, nada hace pensar que vaya a cristalizarse; por este camino, la crisis absoluta de la industria parece ineludible

Para el turf se empiezan a transitarse horas cruciales; momentos que pueden decidir definitivamente los destinos de una actividad que, como tantas en medio de este momento único y particular, están en crisis y en vía de encarar la faceta terminal. Es inadmisible a esta altura la nula sensibilidad de los gobiernos de la provincia de Buenos Aires y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para con una industria que genera tanta cantidad de empleo, de las pocas que en este bendito país pueden considerarse líderes mundiales. Y que, principalmente, aporta una fuente de ingreso y dignidad para muchas personas que el propio sistema deja de lado, que ignora, que aprieta contra el piso para hacerles sentir su falta de preparación y de condiciones que la propia política fomentó en tantos años de triste decadencia; no sólo los elimina, también los remata.

La paciencia está en su punto límite y el bolsillo al borde de la explosión. Más allá de que los remates exhiban “esperanza”, da la sensación de que esa ilusión se está empezando a tranformar en angustia, con el túnel para salir de esta actualidad que está a punto de cumplir 4 meses sin carreras en los principales escenarios del país achicándose hora tras hora.

La dirigencia hípica comete el pecado de mantenerse al margen de las comunicaciones, de no ofrecer soluciones y de ni siquiera dar a conocer algún tipo de plan sobre lo qué vendrá, sea con o sin carreras. A tres semanas del hipotético regreso del turf, según lo que se anunció tras la reunión de hace ya más de un mes entre algunos representantes de la industria y el Estado provincial, no hay nada en concreto.

No se confirmó el dato y, puertas adentro, los hipódromos siguen sin informar sobre una simple carta de entradas, sin estirar el horario de las pistas para que los caballos en entrenamiento empiecen a afinar su puesta a punto (en La Plata ni siquiera se puede varear los fines de semana), ni siquiera se han puesto en condiciones las canchas, un factor de riesgo de lesión enorme hoy. 

Alguien cercano a los estamentos gubernamentales bonaerenses indicó que es muy complicado que vaya a haber movimientos antes de la mitad del mes próximo. Nadie se anima a exponerlo, pero ya todo pasa por el qué dirán si se autorizan las carreras de caballos y no otro tipo de actividades. Ahí está el punto.

Los analistas esperan que la cuarentena cerrada que se cursa estos días ayude a bajar el número de casos de Covid-19 para que así la política tome impulso de cara a la apertura, pero eso no comenzaría a sentirse, justamente, hasta la mitad del octavo mes de este año fatídico.

Con el sistema de siempre tener una zanahoria al alcance de la mano, y de llevarla más lejos cuando ya está cerca, todos en el turf han perdido muchísima plata que no se recuperará, incluso las propias operaciones de los hipódromos.

Pero también se escucha el hartazgo y frases como: “Si esto no arranca me llevo todo”. Los entrenadores pueden dar cuenta de esa situación. “Cada vez que llega el momento de pasar el costo de una pensión se me hace más difícil, y hay gran parte de razón. Se está manteniendo una estructura para nada y sin apoyo de nadie”, se escucha.

Es más, se supo de contactos varios con el Hipódromo Nacional de Maroñas para interiorizarse, solicitar condiciones y saber si hay disponibilidad de boxes. Y no precisamente fueron caballerizas chicas las que lo hicieron; hay peces gordos en el camino del cambio de rumbo.

El silencio de la dirigencia hípica es preocupante, como si no tuvieran responsabilidad. Fue una constante en estos cuatro meses, de la mano de una comunicación pésima. Han quedado expuestas muchas falencias. Muchos no asomaron la cabeza y aquellos que sí tomaron el toro por las astas ya no saben qué decir ni contestar.

Si la provincia está complicada, ni que hablar de CABA. LOTBA no contestó ninguno de los requisitos enviados por las autoridades de Palermo ni tampoco la carta que firmaron todas las instituciones hace 10 días. Ni la delicadeza de responder tuvieron.

Toda acción encarada se chocó contra la ignorancia de un Gobierno que antepone una cuesitón particular o ideológica con el bien común de la muchísima gente que afecta con esa decisión egoísta y carente de sensibilidad. Por lo menos contestar, pero la ignorancia es la peor decisión; la más humillante.

Es llamativo, pues fue justamente en CABA donde se han mostrado durante todo este tiempo más propensos a las aperturas, a defender los focos de escaso riesgo a ultranza; incluso hoy ya se habla de que ese será el camino post 17 de julio, pero el hipódromo parece un territorio ajeno.

Nadie va a sorprenderse al respecto. La relación entre CABA y HAPSA siempre fue tirante y tampoco se puede pasar por alto el daño implícito que el Gobierno anterior hizo al turf, con María Eugenia Vidal y su plan de “desforestación” a la cabeza.

El único dato alentador es que en el interior ya la cuestión arrancó y en los próximos días y semanas más hipódromos obtendrán las autorizaciones y podrán llamar para realizar carreras, afirmados sobre una plataforma de juego online que ahora apareció y que nadie sabe dónde estaba antes que no se utilizaba.

El dato es que, hasta ahora, cada hipódromo está llamando para caballos estabulados allí, con lo que de querer participar algún ejemplar con base en los máximos no podría hacerlo. Salvo por esto, bienvenido sea el movimiento.

En este mar de intereses, ideología y política sigue navegando el turf, una industria de las más antiguas, duraderas y exitosas que pueden presentar la Argentina como país, a la que desde adentro siempre le ha costado trabajar y que también “desde afuera” se la pasa encontrando puertas por abrir, pero cerradas con candado.

El límite para muchos es el 1 de agosto, allí está trazada la raya que divide lo que fue de lo que será. El momento en que muchos propietarios probablemente dirán basta a seguir gastando plata para que sus caballos troten o directamente se lesionen.

Mientras la Argentina es el único país del mundo (hípicamente hablando, claro) que todavía no puede tener sus carreras rodando, las cartas están echadas y la política no ofrece ya esperanzas, más allá de frases de ocasión y golpecitos en la espalda sin corazón.

Si los que dijeron conocer la problemática y prometieron defendernos no se hacen cargo de sus palabras (¿a quién le puede llamar la atención?), no esperemos que aquellos que jamás no dieron bolilla levanten la mano. El hilo está a punto de cortarse, y todo puede derivar en el momento menos deseado. El turf siempre se movió entre esperanzas e ilusiones, fue sus ruedas, su motor. Pero todo tiene un límite, menos la política…

Diego H. Mitagstein