Juntos se quedaron en el sábado de Monterrico con el Clásico Asociación de Periodistas Hípicos del Perú

LIMA, Perú (Especial para Turf Diario).- A Edwin lo que es de Edwin. Sin discusión alguna. Su experiencia y su capacidad para el negocio de montar caballos de carrera son indiscutibles. El “Chico Maravilla” volvió a construir otro monumento al turf y lo hizo frente a los ojos de los mortales aficionados hípicos, a quienes solo les queda admirar y aplaudir.

Sucedió este sábado, con el Clásico Asociación de Periodistas Hípicos del Perú (1800 m), la prueba central de la semana en Monterrico. Se subía por primera vez a la silla del argentino Pichonaister (Stay Thristy), un potrillo comprado en sociedad entre varios amigos muy hípicos, al que creían muy corredor desde el inicio y que solo recién en los últimos seis meses había comenzado a mostrar sus condiciones. Pero Talaverano pudo pulir ese diamante y permitirle ese primer triunfo clásico que se le veía escapando de las patas. Aprovechando que Fasano (Fletcher) -llamado a ser puntero de la prueba- nuevamente hocicó en la partida y quedó relegado, Edwin sacó a su conducido a tomar la delantera.

Tan decidido estaba que ni siquiera le permitió a El Enemigo (Yazamaan), el favorito, intentar ponerle presión. Edwin sabía que corría con la ventaja de que su caballo estaba en training y recibía tres kilos de ventaja frente al caballo que reaparecía. Esa maniobra fue fundamental para el resultado.

Porque con Pichonaister manejando el tren (y Edwin manejando a Pichonaister), todo sería menos complicado. Fue graduando las velocidades de su conducido con la precisión de un cirujano. Le guardó aire y fuerzas para el final y hasta se dio el lujo de ilusionar a los parciales de El Enemigo, cuando permitió que éste le igualara la línea en la curva final e hiciera pensar que lo podía superar. Sin embargo Talaverano tenía todo calculado. Una vez que entraron a la recta, desengañó a su oponente y empezó a distanciarse a tiempo, para asegurar la prueba ante la eventualidad de que saliera algún atropellador desde el fondo.

Ese caballo que apareció en el final fue Yarek (USA-Drosselmeyer), el invicto. Martín Chuan venía buscando el espacio desde los 800 m, y no se le daba. Pero el claro se le hizo recién en las dos últimas cuadras. Su jinete lo lanzó y avanzó endiablado para ubicarse segundo, pero ya lejos del ganador. El Enemigo, salvando la reaparición, quedó tercero. Habíamos dicho que nos hubiera gustado verlo con un par de ejercicios más de los que tenía. Pero con la carrera de hoy se puso a punto y es probable que en una próxima actuación, más puesto, sea mucho más rival de lo que se vio esta tarde.

En contraparte, apareció en escena un nuevo caballo para los clásicos que se avecinan. Aunque en su tienda creen que puede consolidarse en la milla, Talaverano ha sostenido que aguantaría el ritmo hasta los dos kilómetros. Palabra de Edwin.

Néstor Obregón Rossi