El crack respondió y superó por 4 cuerpos a la estupenda potranca Liberty Street, ratificando su status de crack mundial

Las lágrimas de Christophe Lemaire cuando todavía estaba en la cruz de Equinox fueron el más fiel reflejo del momento maravilloso que se vivió este domingo en el hipódromo de Tokyo con la consagración del crack local en la edición número 43 de la Japan Cup (G1-2400 m, césped).

Hombre de experiencia, sabedor de discos y jornadas memorables, el francés no pudo contener su emoción después de concretar lo que todos fueron a ver con el hijo de Kitasan Black, desparramando una vez más su talento para afirmarse en su condición de -para muchos- mejor caballo del mundo.

Una expectativa pocas veces vista, tribunas en las que no entraba un alfiler y con el planeta turf siguiendo las alternativas de la carrera por canales, streaming o donde pudiera conseguirse la señal se toparon con la respuesta ideal del campeón, destruyendo a un grupo de oponentes de alto vuelo y llegando sólo a la foto, como los buenos.

La excelente potranca Liberty Island (Duramente), titular de la Triple Tiara nipona en 2023, pareció “mortal” ante la estatura de Equinox, que en la recta se floreó superior para vencerla por 4 cuerpos en una marca sencillamente impresionante: 2m21s8/10. A un largo más, William Buick colocaba tercero a Stars on Earth (Duramente), con Do Deuce (Heart’s Cry) y Titleholder (Duramente) completando un marcador esperado.

El jockey brasileño con Danon Beluga (Heart’s Cry) fue sexto, con Vela Azul (Eishin Flash) y Hollie Doyle terminando en séptimo, sin poder la corona que sorpresivamente alzó hace 12 meses, pero mejorando su imagen respecto de lo que venía haciendo. 

Equinox ya venía haciendo méritos para ubicarlo en los peldaños más altos en la historia del siempre ascendente turf japonés, pero su victoria de este domingo definitivamente lo elevó hasta el cielo. Como si los demás participantes fueran perdedores -definitivamente están en otro nivel-, Lemaire jamás se desesperó con el favorito cuando Panthalassa (Lord Kanaloa), el ganador que en febrero tuvo la Saudi Cup (G1) en Arabia Saudita, sacó “200 metros de ventaja”. 

Venía volando el puntero -57s6/10 para los 1000 metros iniciales-, y Lemaire sabía que, entre el ritmo y la reprise -no corría desde hacía varios meses- iba a sentir el esfuerzo en la recta. Y así fue, cuando a Panthalassa lo agarraron de la cola Equinox descontó en un abrir y cerrar de ojos esa diferencia, dominó y el resto fue historia. Poesía en movimiento fueron esos metros finales para el imponente zaino, que repitió la hazaña de su padre, vencedor en la Japan Cup de 2016.

“Estoy contento y más tranquilo. Muchas emociones me vinieron a la cabeza después de tan increíble carrera. Los fanáticos querían ver algo especial, por eso cuando volvimos ante la emoción de todos ellos no pude contener las lágrimas. Soy jockey profesional hace muchos años, trabajé mucho para correr con perfección, por eso hoy fue un día muy especial. Equinox es fácil de montar, conoce su trabajo y no necesita usar demasiada energía. Es un privilegio poder montar semejante caballo”, contó Lemaire, aún sentido.

Por su parte, Tetsuya Kimura, preparador del crack, agregó: “Estaba muy bien y fue agresivo desde el comienzo, relajándose en el desarrollo a pesar del ritmo fuerte que impuso el líder. El caballo no pierde hace casi un año, y eso agregó una presión especial antes de la Japan Cup, fue importante haber ganado”.

Equinox lleva 8 triunfos en 10 salidas, y antes de su gran victoria en Tokyo había vencido en el Tenno Sho Autumn -2 veces-, en el Arima Kinen (G1), en el Dubai Sheema Classic (G1) y en el Takarazuka Kinen (G1), llegando segundo en sus dos restantes salidas, primero en el Satsuki Sho (G1) y luego en el Tokyo Yushun (G1), las Guineas y el Derby japoneses.

Equinox mostró su pasta de campeón y deslumbró a todos en la Japan Cup y ahora el mundo espera saber qué será de su vida, si podrá volverlo a ver en acción o su increíble raid habrá terminado en lo más alto. Por delante está el Arima Kinen, a fines de diciembre, y un 2024 que puede devolverlo a Meydan y hasta hacer soñar a su equipo con el Prix de l’Arc de Triomphe (G1). Imposible no ilusionarse con seguir disfrutándolo…