En el último mes y medio alcanzó 9 victorias, incluído su primer clásico con la potranca Hit Time; el tiempo, la experiencia, los cambios y las sensaciones en un mano a mano imperdible

Diego H. Mitagstein/Simón Mitagstein

Pablo Falero estaba acostumbrado a aparecer en los titulares, a ganar carreras importantes, a ser noticia y quizás no uno más. Pero él sabía que cuando decidió abandonar la profesión que le dio todo y que lo llevó a lo máximo, la historia también iba a cambiar; que nada sería fácil y que el pasar a un segundo plano también «estaba en el bolillero».

Pasaron ya casi dos años de extrañarlo al uruguayo haciendo delicias desde la silla de un SPC y en su nueva etapa lo que de salida costó muchísimo, ahora se va acomoando; las cosas empiezan a salir mejor, los discos llegan seguido y las marquesinas de la hípica que tanto extrañaban a su ídolo, lo vuelven a tener como protagonista.

El turf está lleno de jockeys regulares o malos que luego se convirtieron en referentes como cuidadores, pero los casos de jinetes de primer nivel que hayan destacado desde abajo pueden contarse con los dedos de una mano. Pablo quiere ayudar a revertir la tendencia.

Sus números en 2021 son más que buenos, pues sobre 81 carreras corridas ya logró 11 triunfos, con un 13,6 por ciento de efectividad y premios acumulados por casi 7 millones de pesos, y 9 de esas victorias ocurrieron en el último mes y medio, incluyendo la de Hit Time (Hit It a Bomb) en el Clásico La Troienne y que le permitió sacarse su primera foto en una prueba jerárquica como entrenador.

Semejante actualidad casi que obligaba al mano a mano con Falero que, con su amabilidad y buena onda de siempre, abrió su corazón para contarle a todos lo que le pasó en todo este tiempo desde que dejó de correr hasta su sentimiento por el presente notable que atraviesa.

«Entrenar era una materia pendiente que tenía y siempre dije que el día en que me bajara iba a estar al costado, y lo estoy cumpliendo. Al principio fue todo muy estresante porque yo de arriba me conocía con facilidad los caballos y después, ya de abajo, ¡hasta me costaba acordarme los nombres! Pero trabajé para ir superando el cambio y ahora está todo bien. Son profesiones totalmente diferentes eso se sabe, y ahora estoy viviendo un presente muy bueno, después de casi dos años de haberme iniciado en esta nueva función. Estaba muy convencido que cuando me retiré de correr era el momento justo pero, nos cruzamos con la pandemia, que fue algo muy duro para todos, y más para alguien que cambia la profesión de un momento para el otro», relata Pablo, relajado, en la tarde soleada de Palermo.

«Me sentí apoyado al momento de empezar a entrenar. Me dediqué con toda pasión cuando era jockey y esperaba una respuesta positiva ahora en esta nueva faceta.  Cuando Firmamento me mandó sus primeras 4 potrancas me sentí muy orgulloso, porque a ellos prácticamente no les había corrido y el apoyo de una caballeriza de ese nivel fue muy importante para mí, un espaldarazo. En el análisis de mis primeros pasos en la cuida, creo que, primero y principal, me faltó suerte de entrada. Un día debuté dos potrillos que andaban bien y entraron segundos, uno a la cabeza y otro por el pescuezo. Cuando todavía entrenaba a Vacación conseguí buenos resultados; Nicole Rye (Catcher In the Rye) fue segunda y con Vitolia corrí las Estrellas y no me respondió a lo que esperaba pero, sabía que podía suceder, porque con las Roman Ruler no es fácil. Después gané debutando con una potranca… Por eso digo que faltó algo de fortuna, además de que hay que esperar que los caballos aparezcan ; eso fue lo que se dio en los últimos tiempos. Se fueron poniendo y también se notó el efecto de algunos cambios que realizamos en el equipo de trabajo, como capataces, peones y varios jockeys. Por suerte las cosas comenzaron a darse».

Está suelto Pablo, con ganas de hablar, como si hubiera extrañado un poco el día a día con los periodistas. Se lo nota locuaz, pero, por sobre todas las cosas, con una cara de satisfacción que lo rebalsa. Y no es para menos.

Acepta el ex jockey que «También la cabeza de uno tiene que ir cambiando, es fundamental, después de muchos años de pensar como jinete. Este trabajo tiene sus bemoles. A veces los caballos están 10 puntos y mañana empiezan los problemas de lesiones, son cosas que no se pueden tener bajo control. Pero los éxitos siempre ayudan, a tu confianza, a sentirte seguro de lo que estás haciendo ésta bien. El otro día le corrí a Firmamento a Super Funny (Super Saver), que entró segunda y quedé muy satisfecho. Estaba muy nervioso porque había debutado más o menos en una alternativa y anotarla para el día del Nacional y que me responda me hizo sentir feliz. Siempre hay que tener buenos resultados esta actividad es así».

De golpe, Pablo deja una declaración que un tanto sorprende, aunque al final se comprende lógica: » Con los jockeys que me trabajan tengo un problema, porque tal vez crean que no pueden decirle a Falero que un caballo no está bien, o dar su opinión y se sientan como obligados a contarme lo que creen que yo quiero escuchar, y no es así. Quiero que me digan lo que cada uno percibe arriba del caballo. Era lo que yo hacía cuando montaba y me gustaba que se me escuchara entonces, y ahora quiero que hagan lo mismo. El otro día le comenté a Martín Valle, que es el que más me está corriendo, ‘si a vos te gusta la corremos, y si no se queda en el box. Lo que pretendo es que me orientes porque vos estás arriba y tenés las sensaciones’. También se lo digo a Rodrigo Blanco o al chico Bascuñán, que trabaja conmigo, y ya me ganó una carrera. De esa forma yo puedo hacer lo mío de la mejor forma, porque ese es el trabajo en equipo que quiero».

A Pablo nunca hubo que «tirarle la lengua» en una entrevista, siempre fue generoso y frontal con sus conceptos. Muchas veces en su etapa de jockey hasta se armaban discusiones hípicas cuando se le pedían sensaciones, intercambios de opinión y en los que el cronista siempre salía aprendiendo algo. Por eso no asombra que ahora sus palabras sean todavía más generosas. 

Dice que «Hoy la hípica está teniendo un repunte muy grande y eso me hace feliz. Mejoraron muchísimo los premios y eso te trae más propietario dispuestos a comprar; ya tengo varios potrillos y potrancas de 2 años para entrar al stud. Para tener triunfos tenés que tener material y si lo conseguís el futuro se ve muy diferente», y también que «El Falero jockey ya quedó definitivamente atrás, el cuerpo lo dice (sonrisas). La estoy pasando bien, contento con el presente que tengo, apareció la potrillada de 3 años y me ganaron casi todos y eso empuja y mucho, que ganen y corran bien.  Estoy sorprendido por la cantidad de carreras que gané con los pocos caballos que tengo en las últimas semanas. Para el año que viene creo que voy a tener unos cuarenta por total, que es un número bueno para esta etapa; está muy bien. Mi hijo Pablo -Pachu- me acompaña en el trabajo, lo disfruta y es de mucha ayuda porque tiene mucha visión con los caballos y a veces advierte cosas que uno no; además, siempre es bueno trabajar con tu hijo».

El turf es un ida y vueltas, y aún durante las «buenas rachas», algún sinsabor se cuela… «El otro día gané mi primer clásico y quedé muy satisfecho porque tomé decisiones con Hit Time. Arriesgué en correr contra los machos y me salió bien; creo que tengo una potranca muy interesante. Pero me quedé medio mal con Bar De Copas (Qué Vida Buena), que no rindió y ahora la idea de correrlo en el Anchorena quedó atrás. Con la potranca me gustaría correr el Unzué, pero me voy a sentar con la gente de Firmamento para ver cómo sigue su campaña».

Pablo Falero atraviesa su mejor momento desde que decidió colgar la fusta para dedicarse a la cuida. Se le nota en la cara, la sonrisa le brilla como en los tiempos cuando vestido de jockey desparramaba su talento irrepetible en los hipódromos. Definitivamente está feliz…