El jockey uruguayo logró su cuarto festejo en el Jockey Club y fue fundamental, como siempre…

Pablo Falero no es grande por un capricho de la gente. Suma un conjunto de cualidades que con el tiempo lo han transformado en leyenda. El hombre ya anda preparando su largo retiro previsto para 2019, pero continúa deleitando al público que lo ama con faenas como la que se le vio este sábado en la silla de Imagen de Roma y que le permitió al potrillo del Stud Santa Elena ganar en el Hipódromo de San isidro el Gran Premio Jockey Club (G1-2000 m, césped), segunda escala de una Triple Corona y que, una vez más, quedó vacante.

Para apoyar aquello de su grandeza, vale la pena traer una anécdota cercana entre el jockey y el cronista, en el viaje que hace dos semanas compartieron a Montevideo para disfrutar del dulce homenaje que en Maroñas se le rindió al uruguayo y al brasileño Jorge Ricardo.

En plena organización del evento, Pablo aceptó con gusto ser parte de la fiesta, pero solicitó volver de inmediato, la misma noche de domingo en que corría allí de ser posible. Si no había vuelo ni barco, se llevaba el auto y volvía por ruta. El cronista le preguntó porqué no se relajaba y se tomaba libre la mañana del lunes. La respuesta del jinete fue tajante: “No, tengo que estar bien temprano en el Campo 2 porque le tengo que dar pasada al potrillo que voy a correr en el Jockey Club y que me gusta mucho”. Era Imagen de Roma.

Esa confianza de Falero encontró la respuesta buscada en el hijo de Roman Ruler, que fortaleció la línea dejada por American Tattoo (Not for Sale), ya que venía de escoltarlo en el Gran Premio Polla de Potrillos (G1), anticipando que lo mejor de su parte estaba por venir.

El trabajo en la mañana del equipo comandado por Alfredo Gaitán Dassié (junto con sus hijos Nicolás y Lucas), la conducción magnífica de Falero y el propio talento del zaino criado en el Haras Vacación “maridaron” de forma perfecta para construir un triunfo inolvidable, el cuarto en la carrera del jockey y el quinto para el cuidador.

El Jockey Club fue emocionante, con Endormoon (Endorsement) destilando generosidad en la vanguardia desde la partida, con paso sólido e intenciones de quedarse con todo. Mientras el alazán aparecía al frente, Falero dejaba entre el cuarto y quinto puesto a Imagen de Roma, por dentro, como el quería. Más atrás, bastante más atrás, Global Kid (Global Hunter) esperaba la recta para entrar en acción.

Esos tres nombres terminarían siendo protagonistas de un cierre magnífico. Frente a las tribunas, Endormoon no sólo se afirmó, sino que sacó ventajas que en un momento parecieron definitorias. “No pierde más”, dijo alguien por allí cuando quedaban 200 metros para el disco, pero de allí en adelante el crédito de Las Raíces sintió el esfuerzo, el cambio de pista y de distancia y aminoró un poquito la velocidad.

Falero entró en acción con Imagen de Roma, inclinando su cuerpo, haciendo acrobacias para que no se recostara hacia los palos y molestara, y exigiéndolo al mismo tiempo; propio de los cracks. Lo consiguió, lo enderezó y la estocada final le permitió la doble acción de doblegar al bravo Endormoon y de contener a Global Kid, que con fiereza descontó desde el fondo.

El puño en alto del uruguayo fue la señal de que lo había conseguido; el triunfo soñado era suyo y de todo el equipo de Imagen de Roma. Fue de sólo media cabeza el margen sobre Global Kid, con Endormoon en tercero al pescuezo tras 2m28/100. ¿Qué más se podía pedir para una carrera como el Jockey Club?

Festejó Falero con Imagen de Roma; festejó Mónica López con su hijo Roberto; festejó Alfredo Gaitán Dassié por la tele y con todo su equipo; y festejaron Pablo Zavaleta y Damasia Lottero con su Haras Vacación, pues criaron al nuevo líder de la generación y hasta conservaron un poquito de su propiedad soñando con algo como lo que finalmente pasó. No fue magia, aunque estuviera Aladino de por medio.

Diego H. Mitagstein

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