La campeona uruguaya batió a Labrado por la cabeza y se quedó con el Gran Premio Ciudad de Buenos Aires (G1)

El sueño se hizo realidad. Girona Fever, la fenomenal Girona Fever, cruzó el charco desde su Montevideo y copó la arena del Hipódromo Argentino de Palermo, batiendo al mismísimo Labrado (Le Blues) para llevarse el Gran Premio Ciudad de Buenos Aires (G1-1000 m, arena), la carrera que cerró el maravilloso festival hípico que se desarrolló el lunes 1 de mayo.

Con imágenes conmovedoras de fondo, la hazaña de la hija de Texas Fever quedará en la historia como una de las más grandes de todos los tiempos para el turf hermano, como aquellos éxitos de Romántico (Caboclo) en los Pellegrini, la de Adyacente (Adriatic) en el Dardo Rocha (G1), la de Mount Royal (Admiral’s Launch) en el Anchorena (G1), los triunfos de Parfait Amour (Link) o el República Argenitna (G1) que conquistó Potri Flash (Potridoon), sólo por dar algunos ejemplos de patriadas charrúas en nuestro país que terminaron igual de felices.

“Ganando perdemos plata, pero venimos por el prestigio”, había dicho en las horas previas a la carrera Luis Herrera, propietario de Girona Fever, a Turf Diario, y vaya si se lo llevan. La yegua que fue prácticamente imbatible del otro lado del Río ahora lo fue en la Argentina, demostrando que su calidad y velocidad trasciende fronteras, avisando que no tiene límites.

Y si había una mejor forma de demostrarlo era venciendo al Campeón Velocista local, Labrado, en una carrera que Federico Fabián Píriz resolvió con precisión, tomando la decisión de ir por el centro de la pista temprano cuando advirtió que por fuera sería más difícil.

Se golpearon un par de veces con Labrado en el comienzo y se juntaron en ese final inolvidable y que la yegua dio vuelta por una cabeza que valió oro, con el resto de los participantes en otra historia, y en una marca de 53s80/100, espectacular por donde se la mire.

Hubo reclamo de Wilson Moreyra contra la ganadora, injustificado por donde se lo mire, y que no sólo no fue tenido en cuenta por los comisarios, sino que le valió una inmediata reprimenda por parte de las autoridades y que lo hizo advertir su error de inmediato y pedir disculpas. La bronca del momento lo superó al jockey, que con grandeza se arrepintió y se marchó hacia el cuarto de jockeys con los ojos llenos de lágrimas.

Girona Fever vino, venció y ganó, dándole al turf uruguayo una victoria de la cual enorgullecerse por mucho tiempo y que el público local acompañó con aplausos y caras de satisfacción. La fiesta celeste en Palermo fue hermosa, inolvidable. Y Girona Fever fue la gran responsable.