Puro corazón, superó dos lesiones difíciles para hacerse clásico; todo el sentimiento, en la foto

Gustavo Scarpello siempre lo dice: “Si Frío Island no hubiera tenido los problemas que tuvo…”. El entrenador, conocedor del oficio, le tiene un aprecio especial al hijo de Lizard Island que en la tarde de lunes de Palermo alcanzó el éxito más importante de su campaña quedándose con el Clásico Mineral (L-2500 m), de punta a punta y guapeando cada segundo.

Superó dos lesiones de tendón el zaino, con el mismo corazón que exhibió ante todos ahora. Luchador, aguerrido, repleto de calidad, Frío Island emocionó grande a Alberto Poey Marle, su criador y propietario junto a su gran amigo Héctor Wake, ese grandote bonachón del que la vida lo separó hace sólo unas semanas; Alberto estaba emocionado y Héctor empujó desde la “agencia celestial” tanto como Iván Monasterolo desde las riendas a Frío Island.

Hermano materno del también titular clásico Frío Wells (Poliglote), que también corrió para el Stud El Vulcán y revistó a las órdenes de Scarpello, Frío Island enfrentaba un panorama favorable, con la evidente posibilidad desde la previa de poder manejar los hilos del Mineral a placer.

Todo pareció complicarse por su mala partida, pero Monasterolo movió y asumió el liderazgo, estableciendo un par de cuerpos de ventaja sobre el mismo Estereotipo (Lizard Island) que lo exigiría hasta el disco. La recta final fue apasionante entre ambos. Frío Island resistía por dentro y Estereotipo atacaba por fuera, amagando con hacerse dueño de la situación. Pero de los 200 metros al disco apareció la garra, el corazón y la clase del ganador, que estiró ese medio cuerpo de ventaja que en el disco terminaría valiendo una victoria clásica especial. A 5 cuerpos, el gran favorito Expresso (Sigfrid) esta vez pasó desapercibido.

Ganó Frío Island. Ganó su primer clásico, tras sobreponerse a todo. Alberto se sacó la foto; Héctor sonrío en el cielo.

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