Dueño de una generosidad admirable, como que ya produjo 7 ganadores de G1 y en 2020 volvió a tener una temporada destacada

La Breeders’ Cup de Woodbine, en Toronto, estaba predestinada a ser un error, sumida en la desconfianza del turf estadounidense más tradicional, que había creado ese festival de carreras espectacular doce años antes y temporada a temporada había ido edificando un prestigio cierto, sólido. El clima frío de Canadá, poco hospitalario, que favorecería a los europeos, y un hipódromo no nacional aunque inserto en el circuito norteamericano, iban a desalentar los traslados de los mejores caballos, especulaban los pesimistas. Ni la perenne vigencia de Northern Dancer (Nearctic), nacido en Windfields, Ontario, la cabaña de E. P. Taylor, parecía entonces suficiente para atraer con su prestigio a los propietarios y profesionales de los Estados Unidos.

Pero los temores se fueron alejando en aquel octubre de 1996 y hubo una anotación en la que no faltaron estrellas como Cigar (Palace Music), ícono del turf de ese medio con su serie de 16 triunfos en 16 actuaciones, que acababa de cortarse, y la increíble Serena’s Song (Rahy), Eclipse a la mejor 3 años en 1995 e incansable animadora clásica de la mano de D. Wayne Lukas. Y no sólo eso, la semana gélida previa se fue aflojando y el sábado del festival de carreras ilustre se registraron ¡25° centígrados! Una fiesta. Cigar no pudo en el Classic, quedó 3° de Alphabet Soup (Cozzene) y Louis Quatorze (Sovereign Dancer), en uno de los desenlaces más espectaculares, con fallo de hocico y cabeza y Mt. Sassafras cuarto a medio cuerpo.

Y en otro clásico de la jornada, el público también mezcló cierta decepción con el agradecimiento: Serena’s Song, una de las yeguas que traccionaba gente a los hipódromos en esos tiempos, quedó segunda de la sorprendente Hollywood Wildcat en el Distaff (G 1). Ganadora al final de su campaña de 18 carreras, 11 de Grupo 1, en el haras dio 13 crías, de las cuales compitieron 12, entre ellas Grand Reward (Storm Cat), ganador del Oaklawn Handicap (G 2-1800 m), en una campaña donde los otros resultados destacados fueron en pruebas de velocidad. Fue retirada en 2014, a los 22 años, luego de expresar su gran generosidad en el Denali Stud, adonde la llevaron sus propietarios, Beverly y Robert Lewis, los más afables dueños de caballos de carrera que uno haya podido conocer en los Estados Unidos. Serena’s Song, que había sido el primer yearling que D. Wayne Lukas compró para los Lewis (por 150.000 dólares), produjo en total seis ganadores clásicos.

“Mostrame cualquier cosa, menos Grand Reward”

“Grand Reward le gustaba a Hernán Ceriani Cernadas padre por Storm Cat y se lo alquiló a John Sikura -propietario de Hill ‘n’ Dale-, con el que ya hacía negocios con Mutakddim y Luhuk”, cuenta Horacio Berrotarán, hoy veterinario jefe del haras La Quebrada, donde el padrillo sigue sirviendo y donde cumplirá 22 años el 1 de enero próximo. “La primera generación fue malísima. ‘Mostrame cualquier cosa menos Grand Reward’, decían los clientes cuando venían a Pilar a ver potrillos en esos días. Un caso parecido al de Fitzcarraldo, que luego fue un campeón. Pasa mucho esto. La segunda generación, en cambio, fue buenísima con Chuck Berry, Angiolo… pero al principio le costó”.

En 2017, ya fallecido su padre, Hernán Ceriani Cernadas III (Nancho para los amigos) fue con el propio Berrotarán y Mariano Houssay -hijo de Horacio, veterinario fundador de La Quebrada-a Kentucky a consolidar su acuerdo por Mutakddim. “Cuando Sikura dijo que no quería alquilar a Mutakddim por la edad (18) pareció una jugada estratégica de ellos, porque acá dio mucho mejor. Entonces, Hernán le dice ‘vendémelo y ya que estás meteme a Grand Reward’; y compramos los dos”.

Lo cierto es que el trato se hizo. “Fue similar a lo que pasó con Southern Halo, que tenía 20 años y Hernán II entró a buscar socios, entonces se acercaron entre otros Firmamento, Vacación, Santa Inés, San Benito, La Biznaga…”.

Después de aquella primera generación que a casi nadie le gustó (“la gente tenía razón”, admite Berrotarán) se perfiló lo que serían sus crías. “Físicamente no es voluminoso como los Storm Cat, su padre. Grand Reward es más clasudo, más manso, muy distinto, por ejemplo, a Easing Along y Pure Prize. Tuvo los problemas de rodillas de los Storm Cat, pero escasos la verdad, y no sé por qué pero cada vez da más correcto, porque es todo lo mismo, los genes, la crianza…” continúa Horacio.

En La Quebrada todos saben lo “certero” que es Grand Reward, pues generalmente no necesita más de un salto, incluso en su madurez. “Tiene una fertilidad fantástica, falla poco, en cambio Luhuk, por ejemplo, tenía fertilidad baja. La supervivencia de los espermatozoides de Grand Reward es alta, de 5 o 6 días. Le debe venir de la madre: Serena’s Song, dio muchísimo, hay pocas yeguas tan generosas como ella. Recién hace cinco o seis años la retiraron”, enfatiza.

La aceptación de Grand Reward en el mercado se ve en los programas de cada reunión en los hipódromos centrales, donde es inevitable encontrar cinco o seis hijos suyos. “Tiene muchos accionistas. A sus 19 años, en esta temporada, le dimos entre 80 y 90 yeguas”, señala Berrotarán. Varios ejemplos de su vigencia: Bellagamba, fue una de las candidatas de la Copa de Plata (G1-2000 m-yeguas), El Consorte y City Wonder también, en el Joaquín de Anchorena (G1-1600 m), y Unity, en el Félix de Álzaga Unzué (G1-1000 m); todos estuvieron estuvieron el sábado en San Isidro, mientras que Grys compitió en el Gran Premio Provincia de Buenos Aires (G1-2200 m), al día siguiente, en La Plata.

Está bien, el turf argentino no se caracteriza por rendir tributo a sus héroes, una tendencia que los hipódromos comienzan a revertir con los nombres de algunos clásicos. Y para muchos, seguramente Grand Reward no sea una estrella inmensa de la reproducción, pero como mínimo ya nadie pone cara de disgusto cuando le hablan de un servicio suyo, ni saltean boxes de sus hijos en las inspecciones para los remates. Hay un puñado de caballos antes que él en la lista de los que merecen el bronce, pero un lugar ya se ganó, con justicia. El que quiera podrá encargar una escultura, que nadie lo va a tildar de exagerado.

Gustavo S. González

Grand Reward: una producción como para hacerle un marco

Con 14 generaciones al 2019 y 889 nacimientos, Grand Reward dio 424 hijos machos y 427 hembras, de los cuales corrieron 260 machos y 227 hembras (487 competidores en total). De ellos, 37 son ganadores clásicos (incluyendo la temporada  2020), entre los que se destacan:

Chuck Berry: GP Polla de Potrillos (G1), clásicos América (G2), Old Man (G3).

City Wonder: GP Joaquín V. González (G1, dos veces).

Legión de Honor: GP Maipú (G 1).

Angiolo: GP Santiago Luro (G1), clásicos Guillermo Kemmis (G2), Paraguay (G3), Pringles (G3).

El Consorte: GP San Isidro (G1-1600 m), clásicos Ecuador (G2), Buenos Aires (G3, dos veces), Pedro Chapar (G3).

 Sassagoula Springs: GP Maipú (G1), GP Suipacha (G1), clásicos Condesa (G 3, dos veces), Velocidad (G3), Estrellas Junior Sprint (L).

Bellagamba: GP Enrique Acébal (G1), clásico Federico de Alvear (G2).

City Glam: clásicos Cyllene (G2), Venezuela (G2), Estados Unidos de América (G3), Ocurrencia (G 3), Arenales (G3).

Che Micky: clásicos Isidoro Aramburu (G 2), 25 de mayo de 1810 (G2), General José de San Martín (G3).

Además: Manipuler, Gran Faro, Sweet Beauty, Win the Match, Grand Rapport, Grand Splendid, La Comulganta, La Hilary, Our Donna, Ciao Amore, Chocoloca, Bad Debt, Grand Kisses, Jackman, Benefactor, etc.