En 1991, cuando hacía poco entrenaba, levantó la copa con Fanatic Boy; el sábado presentará a Jenofonte Stark en Palermo, y se ilusiona con repetir la historia…

Por Diego H. Mitagstein

Gustavo Scarpello tenía muchas menos canas que ahora, y hacía apenas unos meses había comenzado a desandar su pasión por entrenar caballos de carrera. El destino le puso en su camino rápido a un zaino llamado Fanatic Boy (Mat Boy) y que terminaría siendo uno de los grandes potrillos de ese ya lejano 1991, cuando le dio la posibilidad al pampeano de ganar su primer G1 dentro de la profesión en el Gran Criterium (G1) y de, luego, levantar la copa en el Gran Premio Nacional (G1).

Pasaron 3 décadas de aquella tarde de gloria, de alegría inmensa e inolvidable, y el turf y el destino vuelven a poner a Scarpello en las gateras del Derby, por tercera vez en su vida, ya que también lo corrió en 2012 con Equal Van (Van Nistelrooy), el tordillo de El Milagro que llegó cuarto del campeón Indy Point (Indygo Shiner), lesionándose en los 300…

“Me gusta anotar en estas carreras sólo cuando se corre con chance, y creo que a Jenofonte Stark esa chance se la da la forma en que ganó en su última carrera, echando el mismo tiempo que se dio en el Casey, aunque él suyo haya sido en la categoría, pero la forma y el remate que tuvo nos entusiasmo. Llegá con los 10 puntos ahora y adelantó mucho cuando lo empezamos a tender, agarró la distancia bárbaro y lo tranquilizó un poco; creemos que es su fuerte. Es una lástima que no haya podido correr alguna carrera antes, porque se le anularon dos condicionales. Con este tema los hipodromos deberían hacer un esfuerzo para darle a los potrillos la posibilidad de llegar con mejor y más fogueo a los clásicos”.

Se le pide un concepto sobre cómo ve el Derby que se viene, y no se anda con rodeos: “Creo que es uno de los mejores nacionales que se pudieron ver en los últimos años, por la calidad de los potrillos que van a correr. Con Irwin (Seek Again), el ganador de la Polla (G1); Zodiacal (Cityscape), el ganador del Jockey Club (G1); Shy Friend (Equal Stripes, el ganador del Casey (G2), un perdedor de lujo como Storefront (Fortify), que arrimó en todas; Beatle Francés (Super Saver), el ganador del Martínez (G2) y Kodiak Boy (Treasure Beach), que se llevó Ensayo (G2)… Es una carrera muy pareja y muy linda y en la que seguramente el desarrollo tendrá mucha influencia”.

Gustavo está teniendo un gran año, mezclado entre los entrenadores top por carreras ganadas en Palermo y bien arriba en las estadísticas, después de ese 2020 con pandemia. Casi que la frutilla de la torta es poder correr el Nacional: “Es hermoso volver a correr una carrera de estas y con chance. La gané hace 30 años y la volvió a correr sólo una, con Equal Van (Van Nistelrooy) en  2012. En ese entonces uno no dimensionaba lo que era ganar un Nacional porque hacía poquito que estaba entrenando y todo parecía fácil. Después te terminás de dar cuenta lo que fue y significó, y lo difícil que es estar en estas carreras con oportunidad, porque correr se puede correr todos los años, pero con opción, muy pocas veces. Así me pasó con ‘Fanatic’ y con Equal Van, que llegó cuarto pero se lesionó faltando 300 metros, sino creo que lo definía con Indy Point (Indygo Shiner)”.

En un ida y vuelta veloz, dice recuerda Gustavo: “De los 300 a la raya con Fanatic Boy gritamos como locos y nos abrazamos con todos los que teníamos cerca. Lo festejé con mi familia, con mi viejo (el adorable Toto), que me trajo al mundo del turf. Ahora el destino me da la posibilidad de compartirlo con Franco, mi hijo, que es el capataz de este caballo, con José Couto, mi mano derecha desde siempre y con todos los chicos del stud. Y con Norberto Ognibene, Beto, el propietario, que es un amigo. Hace un mes que venimos soñando con la carrera, desde que ganó…”.

La barra de Gustavo tendrá algunos ausentes, como Toto o Roberto, que ya estarán con los prismáticos sentados en primera fila de una agencia estelar esperando el momento, pero no serán pocos los que hagan fuerza por el cuidador y su Jenofonte Stark (criado en el Haras Alborada, en La Pampa…), el potrillo del nombre raro con el que quiere volver a ganar el Nacional, 30 años después…