El caballo argentino sumó su cuarto triunfo al cabo de sus últimas cinco salidas, ahora en Rosehill Gardens y cargando 60 kilos

Tanto extrañaba ganar He Runs Away que ahora que logró volver a subirse al “trencito de la alegría”, parece no querer bajarse por ningún motivo. El campeón argentino volvió a terminar primero en Australia, fue esta madrugada en Rosehill Gardens, en el que significó su cuarto triunfo al cabo de sus últimas cinco actuaciones y en un lapso de apenas 57 días.

Al cuidado de Chris Waller, el hijo de Heliostatic y Heaven to Sally (Bernstein) parece haberle tomado el ritmo a los desarrollos allí, después de haber sumado varios arrimes corriendo lejos. El cambio de postura y dejarlo venir más encima de los punteros y acelerando en los últimos tramos de la curva o al pisar la recta final resultó fundamental, en una táctica que el aprendiz Thomas Stockdale volvió a aplicar esta vez.

Ahora en una prueba de hasta 78 puntos de rating y cargando pesados 60 kilso (recibió de 2 descargo), el zaino que ganó el Nacional (G1) de Palermo y el Jockey Club (G1) de San Isidro en 2016, entró en acción con 400 metros por recorrer, dominó por los 300 y arriba controló con firmeza la carga interna de Windermere (All Too Hard); que lo escoltó desde el pescuezo, con Stockman (Tavistock) en tercero a 3/4 de cuerpo y todo tras 2m31s48/100 para los 2400 metros sobre pista buena.

La carrera era la más dura de las más recientes que enfrentó He Runs Away, por los rivales y por el elevado lastre que llevó, por algo estuvo cotizado cuarto entre apenas 7 participantes… Almania (Australia), el favorito, el que hace un par de meses compartió pista con la mismísima Enable (Nathaniel), fue sólo quinto…

He Runs Away sigue sumando victorias en Australia y alimentando expectativas de que aún a sus veteranos siete años el destino vuelva a ponerle por delante desafíos graduales, como aquellos en los que solía lucirse en sus tiempos de potrillos. ¿Será verdad que los campeones siempre tienen una última gran pelea?