A los 45 años, el jockey acaba de ganar la estadística en Laurel Park y se ilusiona para el mitín que arranca esta semana en Pimlico

Desde que Horacio Karamanos se radicó en los Estados Unidos, allá por el año 2000, si hubo algo o alguien que nunca le dio la espalda fue el éxito. Por supuesto, tuvo temporadas mejores y otras no tan destacadas, pero a esta altura puede considerárselo quizás como el jockey argentino más importante en la historia actuando en los Estados Unidos.

Su récord es impresionante, a lo que agrega una vigencia que hace sólo un puñado de días lo llevó a ganar por sexta vez una estadística allí, ahora, la correspondiente al mitín de otoño en Laurel Park, el hipódromo donde siempre es figura. Ya son 2265 las carreras que lleva ganadas, con premios acumulados por 60.300.295 dólares, según Equibase. Números tremendos, dicho sea de paso.

Karamanos posee dos cualidades que en el norte son garantía de regularidad: una devoción envidiable por el trabajo y una fuerza bárbara, producto de este estado físico que siempre se preocupó por mantener lindando la perfección. Las dos cuestiones son requerimientos claves en cualquier colonia de jinetes de los Estados Unidos, por más chico que sea el hipódromo donde compiten.

Horacio está feliz, tranquilo, disfrutando el momento. Sus 45 años lo muestran maduro y afirmado y más preocupado por tratar de correr caballos que puedan ganar y ya no tanto de estar presente en todas las carreras. Comparte todos los momentos que puede con la familia y, a pocas horas de su consagración en Laurel Park, ya se prepara para volver a Pimlico, donde esta semana comienza un breve mitín de dos 14 días, allí donde casi siempre le ha ido muy bien.

“La verdad que cuando empezás una temporada ni pensás en la estadística. Una vez que fueron corriendo las reuniones y llegan los triunfos capaz lo empezás a ver de lejos. Por la pandemia empezamos casi de nuevo y al principio corríamos dos veces a la semana. Siempre vine prendido y empezaron a salir bien las cosas, a darse los triunfos, a tener mejores montas… En un momento me empezaron a decir que iba a ganar la estadística y a mí no me gusta, porque, viste cómo es…” cuenta el jockey, con la amabilidad de toda la vida para con la prensa…

Se lo consulta sobre si hubo algo qué cambió o que se dio para este logro y para volver a un ritmo de triunfos que hacía un par de temporadas había bajado un poquito, y explica: “No creo que haya nada en especial. Por un lado, me salieron bien las cosas, y eso es siempre necesario. Por el otro sí creo que estoy corriendo muy relajado y bien”.

La regularidad en sus resultados siempre fue un dato destacado para Karamanos, más allá de algun período parado por algún accidente o en el que brevemente regresar a la Argentina. “Es una constante para mí, más allá de que la gente va rotando. Acá es muy importante la mano que te pueda dar el agente, porque si podés acceder a caballos preparados por entrenadores más fuertes es una ventaja. Hace 10 años trabajo con la misma persona y realmente no tengo ambiciones locas, estoy cómodo y Laurel es mi lugar. No monto cantidad, pero sí calidad; hoy elijo bastante qué correr. A mí acá me conocen mucho porque siempre tiro para el propietario y trato de llevar siempre un cheque. Si hay un caballo que en los papeles está muy atrás, prefiero especular un poco para atropellar y llegar a los puestos, más arriba mejor. Tenés que ser inteligente, porque a la gente le gusta llevarse algo cada vez que compite. Me dicen ‘correlo como vos sabés’, igual que me decía el Mago Yalet en mis primeros años”.

Para el jockey el tema del físico es primordial, no ahora, desde que empezó a correr. Por eso: “Me siento bien, espectacular; fuerte. Quiero estar 10 puntos todos los días del año, porque me ayuda a estar tranquilo al montar. El Turco Sahagián cuando me llama me dice que para él estoy corriendo muy bien, y yo lo hago enojar diciéndole que me voy a retirar, que estoy cansado. Salta un metro del piso de lo que se enoja”, bromea Karamanos.

Ya que es el propio jockey el que nombra la palabra retiro, es obligado preguntarle cómo se ve dentro de unos años. Horacio no esquiva la pregunta: “Por ahora no tengo pensado dejar de correr, pero siempre hay que mirar hacia adelante. Hace unos años compré un campo y ahora lo estoy organizando para empezar a criar algunos productos. Aquí hay programas para potrillos y potrancas que nazcan en Maryland y que hacen que los buenos premios que ya tenemos lleguen hasta duplicarse dependiendo de algunas condiciones que se deben cumplir. Vos crías y cada vez que corre tu caballo, aunque lo hayas vendido, recibís tu cheque. Me está ayudando y enseñando Carlos García, que es un entrenador argentino ya retirado. Me gusta y me entusiasma. Ligado al turf voy a seguir cuando llegue el momento”.

El cronista lo consulta si hoy por hoy es más duro el negocio con respecto a cuando llegó, pero el jockey no cree que sea así: “Está más duro, porque con tan buenos premios y tantos bonos muchos colegas muy buenos corren acá. Compiten mejores entrenadores, mejores caballos. Siempre hay jinetes buenos, y ahora son muchos”.

Karamanos dice que sigue desde cerca lo que sucede con la Argentina, y nunca cierra la puerta para volver alguna vez, aunque sea a correr durante una breve temporada, aunque no es algo que hoy esté en sus planes. Espera por el comienzo de la temporada en Pimlico, se esperanza con algunas montas en los clásicos de la semana del Preakness y sigue con las mismas ganas de dar pelea de siempre. Al fin, eso del rigor el jockey lo aplica sobre la cruz de un SPC y para la vida.

Diego H. Mitagstein