El mejor jockey de los tiempos modernos dice adios en la tarde de San Isidro, y ya lo empezamos a extrañar…

Quizás en un tiempo todos nos demos cuenta del privilegio que tuvimos de haber sido contemporáneos tuyos, Pablo Gustavo Falero. Un jockey inigualable, único, irrepetible. Costará llegar a San Isidro o Palermo y no verte vestido de breeches saliendo a la pista, dibujando una faena magistral…

Se te va a extrañar Pablo; se te va a extrañar mucho, más de lo que vos te podés imaginar. Hoy, seguro, la gente te lo hará sentir dándote todo su cariño en tu tarde de despedida; en tu último Pellegrini.

Ese uruguayo que llegó silbando bajito, que luego lo ganó todo y que ahora se baja del caballo para convertirse en entrenador, nos cambió la vida a todos los que nos consideramos burreros de ley. Nos hizo reir, llorar, emocionarnos, enojarnos. 

La profesión de periodista de turf me permitió compartir momentos diferentes con vos, más de entrecasa. Me arrancaste la voz cuando ganaste ese Latino formidable con Potrillón (Ahmad), época en la que todavía eras un pibe y yo un nene; me pusiste el corazón en la boca ante cada caída que sufriste; y me hiciste disfrutar triunfos varios de los caballos de la casa (aunque también me arruinaste parejo).

Imposible contar todas las imágenes que se vienen a la cabeza en esta hora del adios, en este momento que seguro para vos es más difícil que para cualquiera de nosotros, tus admiradores. Dejar una pasión debe ser una de las circunstancias más difíciles en la vida de cualquier ser humano; y más si es el turf, tan único como particular.

La historia fue, es y será tuya, y hoy en Sani voy a estar en primera fila para aplaudirte de pie, para rendirte mi más sincero homenaje; para agradecerte con un abrazo todo, absolutamente todo.  Hago memoria y recuerdo cuando Jacinto se despidió, cuando Valdi eligió el Pellegrini también hace 11 años para transformarse en leyenda. Ahora te toca a vos. Mirá que trifecta armé.

Patricia, tu compañera de siempre, tiene razón: tenés que retirarte, aunque nosotros ni vos (íntimamente todos sabemos que es así) no lo hubieran querido nunca. Pero siempre hay que rescatar lo bueno de los momentos difíciles, y, sin dudas, que sigas estando entre nosotros, ahora cuidando, es importante.

Hoy te retirás, Pablo Gustavo Falero. Hoy te cambia la vida y nos cambia la nuestra. Lo mejor ahora y siempre, crack mundial.

Diego H. Mitagstein