El caballo de Las Monjitas hizo todo mal en el Clásico Expressive Halo (L), pero logró sacar adelante la victoria

Las carreras de caballos tienen esas cosas: las más fáciles terminan transformándose en las más difíciles. Siempre hay algún imponderable, algun rival que rinde más de lo previsto y complica a un gran favorito o cuestiones propias de los caballos que transforman lo que pinta ser un trámite en un suplicio, como en este caso.

Cuando en la tarde de sábado del Hipódromo de Palermo Jazz Seiver consiguió cruzar el disco adelante en el Clásico Expressive Halo (L-2200 m, césped pesado), la carrera más importante de la calurosa jornada, su equipo respiró profundo y se sacó un peso de encima.

Corrió el Pellegrini, ganó las Guineas, enfrentó a los mejores, pero, seguro, nadie en Las Monjitas sufrió tanto en ninguna de aquellas grandes actuaciones del zaino como les pasó ahora en el recuerdo al campeón del Stud Axel. 

Ante 4 rivales que no le llegaban ni a los talones en cuestiones de antecedentes, el hijo de Super Saver hizo todo lo que se podía hacer mal para complicarse solito, pesando muchísimo el desconocimiento de un trazado con sus bemoles y que no a todos les cae bien.

Le costó doblar, se la pasó saltando pasarelas (un temita que podría corregirse a esta altura, ¿no?) y sombras y hasta en la misma recta, cuando por fin parecía tener todo controlado, brincó tan fuerte que casi desmonta a Adrián Giannetti, su jockey, que la pasó mal toda la vuelta.

Pocas veces se ve a un caballo hacer tantas cosas raras en una misma carrera, asustado, incómodo, hasta nervioso estuvo Jazz Seiver, que vino siguiendo desde la partida a Super Giaco (Super Saver), con el que Francisco Leandro intentó detener el ritmo todo lo que más pudo, y casi le sale bien.

Cierto es que el césped de Palermo está lleno de imperfecciones, no sólo por las pasarelas, sino también por los muchos manchones que hay en su vuelta y que con las lluvias caídas se transformaron en espejos de agua. Para Jazz Seiver todo fue un problema y Giannetti debió esforzarse más por tratar de seguir arriba de la montura y que el caballo corriera derecho, que por exigirlo.

Le costó muchísimo la primera curva, y en el opuesto lución incómodo. Ya en la parte final de la curva fue a buscar a Super Giaco, lo superó al promediar el derecho y en los 100 dio un salto que hizo paralizar los corazones de todos (daba $ 1,10…), pero el disco llegó salvador y la misión (tipo Indiana Jones) estuvo cumplida.

Super Giaco fue segundo a 2 1/2 completando el 1-2 del padrillo Super Saver y del Haras Firmamento como criador, con otros 7 largos sobre Demostrame (Endorsement), que fue tercero en la mejor de su vida. El tiempo de la carrera fue de 2m18s76/100.

Preparado por Carlos D. Etchechoury, pero presentado por Juan Manuel, su hijo, Jazz Seiver superó el reto del Clásico Expressive Halo y, tras la experiencia vivida, parece difícil que vuelva a correr en el pasto de Palermo, por lo menos, en el corto plazo.

Por delante tiene el camino hacia el Gran Premio 25 de Mayo (G1) en la grama del Hipódromo de San Isidro donde se siente mucho más cómodo, y hacia allí seguramente descansará su equipo, con varias otras cartas para esa serie puertas adentro en el stud, como Natan (Señor Candy) y Happy Happy Day (Hi Happy), entre otros.

Fue una aventura para Jazz Seiver su visita a Palemo, hizo sufrir a todos pero la historia tuvo final feliz.