Un día antes de la liquidación final de la cabaña, Hat Mario ganó el Joaquín S. de Anchorena (G1)

Seguramente Juan Ithuralde nunca recibió una copa con una mezcla de sensaciones semejante a la que lo invadió tras el triunfo de Hat Mario (Hat Trick) en el Gran Premio Joaquín S. de Anchorena (G1). La felicidad por otro logro de los importantes para el Haras La Biznaga, se mezcló automáticamente con la llegada al fin del camino para la cabaña de la familia Blaquier, que el domingo liquidó el resto de su stock en la Rural de Palermo para pasar definitivamente a la historia.

“En este momento tengo sentimiento sencontrados, porque, por un lado tengo la tristeza de que La Biznaga no esté más en nuestro turf, y, por el otro, la enorme felicidad de ganar el Anchorena G1, carrera de gran trascendencia y que ratifica que hicimos las cosas bien durante muchos años”, confiesa con los ojos húmedos el hombre que fue manager de la divisa de la corona rosa por tantos años.

Hat Mario y el Anchorena son sólo una circunstancia, un eslabón más para una cadena fantástica de cracks y G1 que La Biznaga deja como marca registrada, con el plus de que en los años por venir, aún con el haras desarticulado, Ithuralde deberá subir a recibir muchas copas más. “En los últimos 27 años, cuando Charly tomó la posta,ganamos 222 clásicos, 78 de G1, unos 70 de G2 y muchos otros importantes, datos que deja en claro lo trascendente que fue La Biznaga dentro de nuestra actividad. Ahora queda el legado, y habrá que disfrutarlo como propio”, suma, en un repaso cuyos números ahorran comentarios.

Mil y un abrazos recibe el querido Juan, que, atento como siempre, sigue la charla: “Desde que la familia Blaquier apostó por el haras y hemos sacado una enorme cantidad de caballos clásicos, y que el día anterior a la liquidación final recibamos la copa de otro G1, inesperado para mí, me llena de emoción. La Biznaga fue producto de un equipo fabuloso que armamos con los veterinarios, la gente de la parte administrativa, los encargados, capataces, peones, herreros, entrenadores y jockeys; un grupo sólido y con la chaquetilla puesta”.

Se le pregunta cómo aguarda la liquidación, y cuenta: “Va a ser un día tremendo desde lo emocional, pero en lo profesional espero con mucha expectativa el remate, porque nos ha contactado mucha gente y estoy seguro de que será un éxito y una fiesta de la que me da orgullo ser parte”. Tenía razón.

Llega la hora de dejarlo ir a festejar, de abrazarse con su equipo y de mirar largo rato esa copa que resume todos los triunfos de la historia cosechados por La Biznaga. Imposible no preguntarle a Juan Ithuralde qué será de su vida ahora. “Creo que nunca me voy a alejar de los caballos, aunque no tenga trato directo con ellos. Fueron gran parte de mi vida y gracias a ellos pude educar a mis hijos; estoy enormemente agradecido al SPC. Pero que voy a hacer en la actividad en el futuro, veremos, todavía no lo se. Ahora llega el tiempo para tomarme un descanso evaluar el futuro”. Seguro, Juan, la pausa tiene merecimientos sobrados…

Simón Mitagstein