El joven de 31 años es el elegido por el consagrado preparador para sucederlo en su stud

Quiso ser jockey, pero creció demasiado; cursó buena parte de la carrera de Veterinaria, pero tampoco cruzó el disco, no encontró allí eso que tanto buscaba. Juan F. Saldivia sabía íntimamente que lo suyo pasaba por las pistas de vareos, los caballos y los stud; que su pasión estaba entrenando un SPC.

Todavía revive en su cabeza los flashes de la tarde inolvidable que le tocó vivir el sábado último en Palermo, teniendo la responsabilidad de presentar a American Tattoo en el Gran Premio Polla de Potrillos (G1). La foto quedó grabada a fuego, dádle otro capítulo fuerte a un 2017 que, sin pensarlo, se transformará en bisagra para él.

Juan F. Saldivia es asistente de Roberto Pellegatta, el joven que el veterano profesional eligió para que se hiciera cargo de su caballeriza en esta etapa de su trayectori, que cambió subrepticiamente cuando apareció el sonado doping que terminó en una suspensión de dos años. Lo acompaña todas las mañanas, y es la cara más nueva del equipo del que también forman parte Miguel Suárez, Juan Carlos Noriega y Gustavo Calvente.

Saldivia trabajó 6 años con Francisco Arreguy en La Plata, y estuvo uno más independizado, pero conocer a Pablo Maggio le cambió la vida: “Fue quien me conectó con Pelle, y cuando tuve la posibilidad no dudé ni un segundo en aceptar la oferta de trabajar a su lado y probar suerte con el mejor entrenador del país. Al principio tuve un poco de temor por cómo me iba a adaptar a un sistema de trabajo exigente como es el que él utiliza; no era fácil con mi poca experiencia estar al lado del número 1, una persona a la que, desde que tomé noción de lo que era un caballo de carrera, siempre admiré”, dice Juan, en charla extensa y sincera con Turf Diario.

Dice que “Empecé a ir a las carreras como hincha de sus caballos, y hoy estar a su lado y ser parte del equipo es un sueño cumplido para mí”, y también que “Aprovecho todos los días la experiencia que me transmiten todos ellos, siempre viendo cosas nuevas, porque Roberto es un innovador en el arte de entrenar un caballo de carrerra”.

Con el positivo de Montsant, Pellegatta decidió dejar de dedicarse de tiempo completo a su profesión; pasar a ser un DT de su propio stud, delegando en Juan y Miguel el trabajo más fino, el día a día. “Es jóven, un buen chico, presta atención. Tiene todo para ser bueno, por eso le ofrecí que continúe mi camino”, explica el propio Pelle.

“Con honestidad, le dije que consideraba que no estaba preparado para semejante desafío. Pero me habló mucho y me dijo que no había opción que era mi tiempo. ¡Me puso presión! Obviamente me aseguró que iba a seguir estando cerca y ya el jueves, con la cercanía de las Pollas y el San Martín, que eran carreras muy importantes para nosotros, estuvo a las 6 de la mañana sufriendo un frío tremendo junto a todo el equipo. No puede con su genio”, dice Saldivia sobre ese momento en el que todo cambió para él.

Está feliz ante la oportunidad, no puede ocultarlo con su cara de pibe. Pero también reconoce que las circunstancias de este nuevo escenario hubieran sido otras: “El tema que sucedió con Roberto nos cayó muy mal a todos; hubo algunos días de incertidumbre acerca de lo que iba pasar, hasta que una mañana, me invitó a su casa y me dijo que él quería que yo fuera la cabeza de la caballeriza, porque había decido no entrenar más de la forma en que lo venía haciendo. Al principio todos le dijimos que de ninguna manera debía abandonar, y menos por ese motivo, que para nosotros fue un accidente o algo más, del que no podemos culpar a nadie porque no tenemos pruebas. Pero sus palabras fueron que ya su decisión estaba tomada y que yo me tenía que poner el pesado chaleco de dirigir la caballeriza”.

-Ahora vas a tener sobre tus hombros una caballeriza numerosa, con muy buenos caballos, y lidiar con el personal y los patrones que no es sencillo.

-Tal cual. Pero tenemos patrones que ayudan mucho, que hace años que están en el stud y que dieron todo su apoyo. Cuando sucedió lo del doping pensamos que íbamos a perder muchos caballos si Roberto dejaba de cuidar o de estar como estuvo siempre, y la verdad es que no hubo cambios significativos, salvo un par de caballerizas que fue decisión de Pellegatta de entregarlas, como Bingo Horse y Las Canarias.

-Roberto siempre está…

-Siempre tengo su apoyo. Me llama todos los días a las 6 de la mañana para preguntar cómo está todo, así que eso me da cierta tranquilidad, estoy cómodo. Además siempre lo tenemos a Miguel Suárez que es un fierro estando todos los días al pie del cañón; tiene más de 45 años al lado de “Pella” y un equipo muy bien armado con sus capataces, peones y veterinarios, todos con muchísimo tiempo trabajando el día a día del stud y con marcado éxito.

-Dicen que cada maestro tiene su librito en el tema del entrenamiento: ¿cúal es el tuyo?

-Cuando llegue a Palermo todo me pareció muy distinto a lo que había visto en La Plata. Aprendí del Vasco Arreguy, que tiene un vareo en base a mucho galope largo con poca montura y suele correr los caballos tal vez dejando un margen, 8 puntos. Esa era su forma de trabajar y yo me adapté a lo que él pretendía. Arreguy es un cuidador que casi siempre corre la corta, 1200 metros a lo sumo, y cuando me vine para Palermo, todo era distinto. Por ejemplo, la alimentació. Roberto es un obsesionado de ese tema; en el entrenamiento, trabajar en partidas y corridas y tratar de que los caballos lleguen a la competencia con la preparación más afilada posible. Eso hizo que hiciera un click en mi cabeza, porque tuve que aprender a varear para la distancia, además de que la caballada es muy grande y lo que sobra es trabajo. Sé que quiero ser un entrenador conservador, no me gusta exprimir mucho a los caballos y Roberto me lo hace saber cuándo charlamos, situación que vivimos muy seguido. Me aconseja en todo. Dicen que “Pella” es un entrenador muy exigente, pero cuando hay que aflojarle a algún caballo, no duda en hacerlo. Por eso el hombre es completo, y el número 1.

-¿Qué balance hicieron de estas primeras semanas con el nuevo sistema?

-Nos está yendo bastante bien, eso te da confianza y fuerza para seguir todas las mañanas al pie del cañón. En lo personal creo que hay poco para cambiar, si todo siempre salió perfecto. El equipo está muy consolidado y todos saben cuál es el objetivo y lo entienden. Yo me acoplé sin problemas, y sigo aprendiendo de todos día a día. Desde que Roberto tomó la decisión de dejar de cuidar hablamos mucho con los chicos, porque no te voy a negar que, al enterarse, había mucha preocupación. Muchos pensaron en qué iba a hacer de sus vidas si la caballeriza dejaba de existir; la mayoría hace muchísimos años que trabaja en el stud. Lo hablamos, se les explicó lo que iba a suceder de ahora en más y por suerte todos lo entendieron.

-¿Discuten circunstancias con Roberto?

-No siempre estuvimos de acuerdo con Roberto en algunos temas del stud, pero somos gente grande e inteligente, y supimos ponernos de acuerdo y no hay porque pensar en que no seguirá siendo así. Aparte sé que siempre me lleva añares de ventaja en experiencia y triunfos de los grandes, así que lo mejor que puedo hacer es hacerle caso, escuchar y, cuando lo creo, algunas veces plantearle mi punto de vista. Es la libertad que me da. Yo le estoy muy agradecido a todos los que me dieron una mano. A Pablo Maggio, que fue el mentor de que hoy esté en este lugar. Y, principalmente, a Roberto Pellegatta que me dio toda su confianza a pesar de que yo soy un chico muy joven.

-Todavía tenés tiempo de retomar los estudios de veterinaria (risas)

-No creo. Me hubiese gustado, pero hoy no te dan los tiempos. Estoy cien por ciento con la cabeza puesta en este proyecto, paso casi todo el día en el stud compartiendo el día con los peones y los capataces, que son los que saben qué le pasa a cada uno de los caballos, una información vital para saber qué hacer.

La charla, va llegando a su fin. Pelle supervisa a lo lejos, con mirada mezcla de orgullo y de esperanza; con la felicidad de que no falló al armar su equipo. En el cierre, dice Juan Saldivia: “Desde que era joven me había propuesto alcanzar una de dos metas: recibirme de veterinario o llegar a trabajar con el número uno. Gracias a Dios se me dio una de las dos, la que más quería. Lo más importante es que hoy considero a Roberto Pellegatta más que mi profesor, mi amigo. Me da orgullo, mucho orgullo. Ahora depende de mí responderle…”.

Simón Mitagstein