En la arena de Monterrico, el caballo del Stud Myrna se impuso por 6 contundentes cuerpos

LIMA, Perú (Especial para Turf Diario).- Carlos Trujillo pasa la meta ganador sobre la silla de Keaton, levanta el brazo derecho en señal de triunfo y señala con el dedo al potro con el que acaba de ganar el Clásico Ricardo Ortiz de Zevallos (G1) 2018. Con ese gesto le muestra a todos que la estrella de la primera mitad del año, aquél que nos acostumbró verlo ganar por demolición, estaba de vuelta.

Este domingo, Keaton (Meal Penalty) tapó la boca de quienes pensábamos –me incluyo y lo reconozco– que había llegado a su límite en este grupo y nos íbamos a quedar solo con su imagen de precoz dosañero. Pero su destape no solo nos devolvió el recuerdo de ese potrillo de tranco elástico y sostenido, sino a un tordillo con proyección gigante, capaz de sostener un tren de carrera violento para los dos kilómetros, llegar a la meta con 6 cuerpos de separación, rematar en 12s y monedas los 200 metros finales y con los rivales siendo castigados para tratar de descontarle.

Porque Keaton fue capaz de salir corriendo de posición 11 (por afuera de todos) y alcanzar la punta en menos de dos cuadras para luego cerrar el primer cuarto de milla en 22s75, completando los 1.600 metros iniciales en 1min38s75 (la Polla de Potrillo la ganó Ancelotti marcando 1min39s51).

Obviamente confirmó que sus dos anteriores las había perdido, pero con la justificación de haberse golpeado en una de esas presentaciones y haber partido mal en la siguiente. Ahora, sin problemas, lució una versión mejorada y que lo pone nuevamente en la fila de los favoritos al Gran Derby Nacional (G1), dentro de cinco semanas, allí donde deberá enfrentar a Juliana (Eye On Jacob), la yegua que el domingo pasado venció en el Clásico Enrique Ayulo Pardo (G1) en la buena marca de 2min06s22 (Keaton se impuso hoy en 2min07s84) y que es la única aspirante a llevarse la cuádruple corona del 2018.

Pero en este análisis no debemos dejar pasar por alto la actuación de Ancelotti (Street Hero), el justificado favorito de la competencia. Instantes previos a la partida se paró en dos patas dentro de su celda, golpeándose y haciéndose heridas en la pata izquierda, una ventaja que en estas competencias tiene un alto precio.

Por más que Edwin Talaverano trató de llevarlo con calma y lo cuidó lo más que pudo, cuando le pidió el esfuerzo no encontró respuesta en el alazán que se había llevado la primera corona y terminó cediendo, llegando en un incómodo Fuera de Poste que, definitivamente, hace que esta actuación sea considerada como falsa y tengamos que darle la chance de una revancha.

Sin el favorito en la definición, estaba claro que cualquiera podía darse el lujo de mejorar. Y en este caso fueron los outsiders. Por un lado City Bian (ARG, Cityscape), el zaguero de la carrera, que empezó su atropellada larga desde los 600 metros finales y descontó a palo puesto en la recta final, pero sin que pudiera comprometer el triunfo del tordillo del Stud Myrna.

El otro fue Niner Conti (Pegasus Wind), que corrió delante de City Bian casi todo el trayecto y que fue remontando por segunda línea desde la curva final para, casi sobre la meta, quitarle lugar en el podio a Fasano (Fletcher), que esta vez no cumplió el papel de ‘rabbit’, sino que vino en seguimiento de su pareja Keaton y, sin embargo, pudo mantenerse en el marcador, ratificando sus condiciones.

Con tres caballos llegando fuera de poste, el final del Clásico Ricardo Ortiz de Zevallos (G1) del 2018 nos devolvió al tordillo Keaton en todo su potencial, y nos dejó el sinsabor de ver a Ancelotti correr disminuido, lo cual sin duda le hubiera dado otro panorama a la segunda corona.

Pero se viene el Derby Nacional y allí las deudas que estuvieran pendientes, podrían quedar saldadas.

Néstor Obregón Rossi

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