El jockey uruguayo correrá por última vez en San Isidro y sueña ganarlo con Fromm; Miriñaque y Joy Canela, los candidatos

No será un Gran Premio Carlos Pellegrini (G1-2400 m, césped) más. Por supuesto, estará rodeado del encanto, la emoción y la ilusión de siempre, esas características que lo hacen el trofeo más preciado del turf sudamericano, aunque ahora la economía de un país tan inestable y maltratado como el nuestro lo haya relegado como la carrera de mayor premio, a espaldas del Longines Gran Premio Latinoamericano (G1).

Habrá 24 de los mejores caballos disponibles en la pista luchando a brazo partido por esa foto que queda en los libros, en una fiesta que tendrá un momento sumamente emocionante para todo aquél que se precie de burrero de ley: se retira Pablo Falero, el jockey más grande del continente en los tiempos modernos; el hombre que vestido de breeches fue capaz de dibujar finales apoteóticos; de escribir una vida que se transformaría de inmediato en best seller si fuera un libro.

Cuelga la fusta el uruguayo, en el primer paso de una despedida que tendrá una semana más tarde una réplica en Palermo y que el 6 de enero se trasladará a Maroñas, en Uruguay, su patria, donde será la última vez que lo veamos competir.

En ese ambiente de “lágrima fácil”, el Pellegrini hará su trabajo y copará la parada, prometiendo un espectáculo de ribetes monumentales, midiendo a Miriñaque (Hurricane Cat), el número uno entre los potrillos, con Joy Canela (Fortify), la potranca más destacada, y Emiterio (Treasure Beach), cabeza de lote del grupo de los fondistas mayores.

Ganador de la Polla (G1) y del Nacional (G1), el tordillo regresará a la pista que lo vio terminar cuarto en el Jockey Club (G1), aunque ahora bajo condiciones normales y no en un barrial, como ocurrió aquella vez. Lo suyo pasará por sacar provecho de su potente rush final, mientras Joy Canela, la heroína de la Polla (G1) y del Enrique Acebal (G1) busca hacer sentir esos livianos 51 1/2 kilos que llevará en la montura, seguramente, moviéndose cerquita de la delantera.

Será extremadamente numeroso el Pellegrini, por lo que el desarrollo será fundamental. Los participantes tendrán todo el opuesto para acomodarse, pero en el codo seguro pasará de todo: choques, encerronas y curvas abiertas. Allí se decidirá todo, puede intuirse que el que no salga de ese tramo bien ubicado después dependerá de un milagro para soñar con ganar.

Emiterio se quedó con la Copa de Oro (G1) coronando su ascenso y será otro de los que seguramente no den demasiadas ventajas. Los 3 años Imperador (Treasure Beach) y Tetaze (Equal Stripes) también tienen todo para correr fenómeno, con aquél llegando segundo a nada en el Jockey Club y este último también siendo escolta, pero en el Derby porteño.

El Pellegrini no tiene cracks (al menos por ahora…), pero sí muchos caballos buenos. Y en ese repaso pasar por alto a Solo Un Momento (Orpen), puro corazón para quedarse con el Gran Premio Dardo Rocha (G1); o al brasileño Nao da Mais (T.H. Approval), que viene de conquistar el Derby Paulista (G1), sonaría a falta de respeto.

Alampur (Catcher In the Rye) y Dancing Again (Heliostatic) son dos veteranos de “altos antecedentes”, conformando una yunta obligada y ridícula. Y Pure Nelson (Mount Nelson), con caballeriza nueva para la ocasión, probablemente salga a romper el desarrollo para favorecer a su “compañero” Miriñaque; ya no hay códigos…

Australis Cheeky (Interaction), el mejor potrillo de La Plata, se juega grande en San Isidro y sólo por todo lo que significará que lo monte Pablo Falero queda para el final la presencia de Fromm (Treasure Beach), el zaino de Santa Elena con el que el uruguayo se despedirá y del que es en parte propietario.

¿El destino le tendrá reservada una jugada maestra al hijo de Treasure Beach y al jockey fenomenal? El caballo tiene con qué ayudar y ni que hablar del hombre que guiará sus riendas, que sueña desde hace semanas con levantar bien arriba el puño una vez más y en el mismísimo Pellegrini…