Argentina de nacimiento, superó todos los escollos que la vida le planteó para hacerse jockey en Uruguay y dar rienda a su ilusión

Por Diego H. Mitagstein

Luciana Fraser persiguió su ilusión de convertirse en jockey durante muchos años y, hasta que no lo consiguió, no paró. Buscó por un lado, por el otro, hasta que en Uruguay, muy lejos de su Santa Cruz natal, su trajinar encontró el respaldo y la confianza para darle plafond a su sueño, ese que el sábado último en el Hipódromo de Las Piedras, el segundo en importancia en aquél país, disfrutó del ansiado primer disco, en el final de la primera parte de una historia hermosa y que vaya a saber uno hasta donde llegará.

Nacida en el pequeño pueblo de Gobernador Gregores, la argentina recorrió el camino inverso de tantos jinetes charrúas que cruzaron el charco para brillar  en nuestro país, superando todos los escollos que la vida le fue poniendo enfrente, apoyándose en su familia y en su vocación.

“Nadie en casa tiene nada que ver con el turf, pero tenía una vecina con la que jugaba de chiquita y sus padres sí tenían caballos de cuadreras; empecé a montar en la chacra de ellos y así me fui metiendo de a poco. Miraba La Revista del Turf por ESPN y me empezó a gustar, a dar ganas de ser jockey, hasta que decidí dar rienda a lo que quería, a mi sueño. Me quise anotar en la Escuela de Jockeys en Buenos Aires, pero no llegué por las fechas”, cuenta Luciana, que a sus 30 años es ya una uruguaya más.

Ese primer golpazo con la realidad no achicó a Fraser, que siguió buscando y viajó hasta La Punta, en San Luis, para sumarse a la escuela que maneja Marina Lezcano. De aquella experiencia, recuerda: “La verdad que entré y estuve un tiempo muy corto, no era lo que buscaba; las clases eran una vez por semana, y decidí dejarla. En esa camada estaban Santiago Conti y Leonardo Tello, que ya están corriendo en San Isidro, Palermo y La Plata”, recuerda.

Para Luciana la tercera fue la vencida, encontrando en internet la llave para cumplir su sueño: “Me puse a buscar cómo seguir y llegue a la escuela de Maroñas, entonces me vine con Irene, mi mamá, y con Luciano, mi hermano. Nos pusimos al tanto, me anoté y nos volvimos a casa a esperar que nos llamen. Hasta que llegó el mensaje esperado, hice la prueba y quedé de entre 93 postulantes”.

La vida de Luciana cambió, dejó su postura nómade y se radicó en Montevideo: “Me trataron espectacular acá, con Miguel Heredia a la cabeza. Gente buenísima, como una más. Te dan todo, pero más allá de aprender a ser jockey, se preocupan por vos, te enseñan, te cuidan…”.

Reconoce que sin su madre y el apoyo del corazón y económico que le proporcionó, nada de todo lo que vive le hubiera pasado: “Cuando me aceptaron en Uruguay me dijo que yo termine la secundaria, que del resto se ocupaba ella, y así fue. Me empujó a venir, a que pudiera cumplir mi sueño”, dice emocionada.

Luciana tardó un tiempo en debutar, ya que, según ella misma lo aclara, se había puesto pesada: “Estuve vareando y recién en marzo de 2022 empecé a competir como aprendiz, siempre con el apoyo de Gabriel Giovanetti, con el que gané mi primera carrera el sábado montando a Night and Day (Meal Night)”.

Luciana se ilusiona con algún día poder correr en San Isidro o Palermo, pero primero quiere afirmarse en Uruguay, soñar con correr y ganar un Ramírez… “Firmé 11 compromisos para este fin de semana, espero ganar otra vez, no estaría nada mal”, cierra entre sonrisas.

Ilusión, tesón, disciplina y el corazón como motor de su empuje llevaron a Luciana Fraser a superarlo todo para cumplir el objetivo que se había trazado para su vida, en otra de esas grandes historias de turf…