El hijo de Sabayón se quedó con el Premio Budista Dan en el último salto, pero si perdía varios iban a tener que dar explicaciones…

Los caballos son nobles, muy nobles, hasta para salvar a la gente de situaciones, de mínima, incómodas. Curioso -o no tanto- fue lo que se dio en la undécima carrera de este miércoles en el Hipódromo de San Isidro, pues Gran Sabayón ganó en el último salto y salvo a sus responsables de tener que darle explicaciones a Dios y María Santísima.

Prometiendo un sport cercano a los 60 pesos, todo iba según los planes con el hijo de Sabayón e Impresionable (Sunray Spirit) que Hugo Casenave prepara para el Stud La Siciliana. Corría último y bien abierto, dando todas las ventas, mientras adelante Mauro Palacios tomaba la punta con mucha decisión en las riendas de Yuyo Verde (Acertame), que también prometía un número salvador en el totalizador, pero no tanto…

Pues bien, el líder llegó al derecho y se afirmó, por los 300 metros su parcialidad estaba a grito peleado festejando pero en el disco se encontró con la fantasmagórica aparición de Gran Sabayón, que lo tapó por ventaja mínima y lo dejó con las manos vacías, conducido por un Rubén Tarragona que no movió un pelo en todo el derecho, pero que lo palmeó al cruzar el disco, como agradecimiento de ahorrarse las explicaciones. 

Como ganó, Gran Sabayón se sacó la foto y a otra cosa, pero si perdía los silbidos del público se iban a escuchar hasta en Del Mar donde se está por correr la Breeders’ Cup. Cosas que pasan (a veces…) y los comisarios habrían tenido trabajo.

En otro orden de cosas, la jornada norteña tuvo el nivel habitual de los miércoles (decididamente malo) en materia condicional, y arrojó un balance en ventanillas de 39.520.725 pesos al cabo de las 14 competencias disputadas.

Quizás el dato más importante del día haya sido la primera victoria en los máximos para el aprendiz Gerardo Leonel Tempesti Villalonga, que ya había logrado varios discos oficiales en La Punta, pero que hace sólo un puñado de semanas consiguió la patente definitiva para competir en los máximos con asiduidad.

Vaya si valió la pena el festejo cuando cruzó adelante el disco de la séptima competencia, el Premio Basko Caribeño I, disputado sobre 1200 metros y para yeguas de 5 y años perdedoras. Con Cote de Mónica (Storm Surge y Cote de María, por Orpen), el jinete venció por 7 cuerpos a Eudemonia (Sabayón) y así le dio paso a su primer festejo en San Isidro, inolvidable, dicho sea de paso.