A sus 20 años, el tiempo le ganó la carrera al crack que en el Breeders’ Cup Marathon (G2) de 2012 construyó un momento icónico para el turf argentino y mundial

Por Diego H. Mitagstein

Los maestros del periodismo me retarían por escribir en primera persona, pero contar sobre la muerte este viernes a sus 20 años en el Haras Doña Pancha del formidable Calidoscopio pasará por más vivencias y anécdotas que por datos e información.

Ese 2 de noviembre de 2012 todos amanecimos muy temprano en el Courtyar de Marriott que nos hospedó en la bella Pasadena, distrito histórico de Los Angeles y cercano a Arcadia, donde en Santa Anita Park el hijo de Luhuk protagonizaría un rato más tarde uno de los momentos más icónicos en la historia de nuestro turf.

El optimismo era amplio de cara al Breeders’ Cup Marathon (G2) entre los argentinos y los sudamericanos, que sabíamos perfectamente que su capacidad para galopar iban a hacerse notar en esos extenuantes 2800 metros de arena.

Se había hecho todo bien, con la misión comandada por Guillermo Frenkel Santillán con el apoyo de Miguel Cafere, Mario Londaitz y el peón del zaino llegando con la suficiente antelación para preparar todo y llegar con los 10 puntos.

Finalmente, ¡largaron! Seguimos la carrera desde el palco de prensa externo, que estaba ubicado justo pasando el disco, en primera plana, y jamás nos preocupamos cuando al pasar por primera vez frente al disco Calidoscopio venía directamente en un código postal diferente al de sus rivales.

En la semana, Pablo Falero, que no lo pudo correr por haber rodado unas semanas antes, le había dado precisas instrucciones a Aaron Gryder, su reemplazante, de cómo hacerlo rendir; rápido se advirtió que, con inteligencia, el estadounidense le había hecho absoluto caso al maestro.

En el opuesto empezó la remontada que pasaría a la historia y ya los 1400 metros, cuando el crack todavía estaba lejos, empezaron nuestros gritos; desaforados, justo es confesarlo. Los metros pasaron y cuando Calidoscopio pisó el derecho salimos corriendo para la foto. Por supuesto, nos miraban todos como si estuviéramos locos.

El resto todos lo saben, con el hijo de Luhuk criado por el Haras La Quebrada construyendo ese triunfo que será por siempre recordado. Fuimos todos a la foto; reímos, lloramos, nos abrazamos, festejamos, guardamos y sellamos imágenes imborrables, todo gentileza de ese caballo veterano ya que antes había asombrado en Palermo, en San Isidro, en La Punta, al que Jacinto Herrera le enseñó todo y luego Pablo Falero terminó de pulir.

“Necesitamos muchos más Calidoscopios para que el turf de este país siga vigente”, dijo el presentador de Santa Anita Park, después de ese festejo alocado que construímos entre todos y que fue acompañado por una lluvia de aplausos. 

Cuando volvimos a prensa, nuestros colegas nos preguntában cómo sabíamos tan temprano que ganaría; y, por supuesto, nos felicitaron de corazón: “Nosotros lo disfrutamos con ustedes”, soltó alguno de ellos, visiblemente emocionado.

Esa tarde en Santa Anita Park no nos importó más nada; tanto, que terminamos en el stud donde hoy está El Encinal (Il Campione) empezando a perseguir el mismo sueño para más sesiones fotográficas que guardamos bajo 5 llaves.

Calidoscopio ganó luego el Brooklyn Handicap (G2) con una atropellada todavía más impresionante, saliendo hasta en los medios masivos de la televisión en los Estados Unidos, en otra de esas carreras que aún hoy, no nos cansamos de ver.

Pero esa tarde en Santa Anita Park fue memorable y única para todos, gracias a un caballo diferente, crack, que nos hizo vibrar a todos y nos unió debajo de la bandera argentina con su corazón irrepetible.