Tenía 96 años y hacía 70 era Jefe de Estado en Gran Bretaña; de Aureole hasta Estimate, un repaso breve de su vida en el turf

A sus 96 años murió este jueves en el Castillo de Balmoral, en Escocia, la Reina Isabel II, Jefe de Estado durante las últimas 7 décadas en Inglaterra y uno de los personajes más importantes en la historia de la humanidad. Concluyó así el reinado más extenso de todos los tiempos, y también una época. 

Además de las muchísimas ogligaciones propias de su cargo, Isabel tuvo durante su vida algunas pasiones que nunca escondió y, por el contrario, promovió. Una de ellas, quizás la mayor, fueron los caballos y las carreras de caballo, continuando y haciendo crecer el legado familiar, convirtiéndose en una de las más entusiastas propietarias y criadoras del planeta, adquiriendo un conocimiento en la materia que todos siempre reconocieron.

No se perdía un día la lectura del Racing Post, la biblia en materia de turf en aquél país, y cada vez que podía se acercaba el hipódromo para disfrutar de sus muchos caballos, para disfrutar de la tradicional chaquetila de la familia violeta con mangas rojas, gorra negra y detalles dorados. En rigor de verdad, Isabel heredó la pasión por la hípica del King George VI, su padre, también un gran aficionado al deporte, como lo fuera King George V, su abuelo. 

Desde todos los sectores de la hípica mundial se rindió tributo a la reina fallecida, reconociéndole todo su trabajo en pos del desarrollo de la actividad, así como la pasión dedicada durante tantos años para apoyarala siempre y no esconderse nunca, camino que muchos otros políticos y personajes con afición eligen por cuestiones de imagen. Así como Isabel II nunca dejó Inglaterra, aún en los momentos más duros, como en la Segunda Guerra Mundial, tampoco ocultó su amor por el turf.

Campeón Propietario en Gran Bretaña de las temporadas 1945 y 1957, su legado en materia de carreras de caballo ha sido inmenso, ganando 4 de los 5 Classics ingleses (sólo se le negó el Derby…) pudiendo disfrutar a lo largo de su vida de muchísimos grandes caballos, con el nombre de Aureole a la cabeza de la lista.

Hijo de Hyperion y criado por el King George VI, su padre, Aureole ganó el Coronation Cup, fue segundo en el Epsom Derby y tercero en el St. Leger, entre otras grande actuaciones, y luego lideró la estadística de padrillos en Inglaterra en 1960 y 1961, produciendo hijos como St. Paddy, Saint Crespin, Aurelius y Vienna.

Carrozza (Dante) le dio a Isabel II su primer victoria en un Classic, al llevarse el Epsom Oaks de 1957 con Lester Piggott en sus riendas, y Almeria (Alycidon) le concedió trofeos en el Ribblesdale Stakes de Royal Ascot y en el Yorkshire Oaks.

Con Pall Mall (Palestine) la criadora y propietaria festejo dando la sorpresa en las 2000 Guineas de 1958, para luego sumar dos ediciones del hoy G1 Lockinge Stakes, incluída su edición inaugural, y en el repaso el nombre de Doutelle (Prince Chevalier), criada en su Royal Stud de Sandringham, ni el de Hopeful Venture (Aureole).

Ya más cerca en el tiempo Highclere (Queen’s Hussar), también reservada, le concedió victorias en las 1000 Guineas (G1)y el Prix de Diane (G1), haciendo luego un aporte enorme a la cría mundial convirtiéndose en la madre de Height of Fashion (Bustino), entre las más grandes reproductoras de todos los tiempos.

La última gran estrella que disfrutó la Reina Isabel fue Estimate (Monsun), que en 2013 se quedó con la Gold Cup (G1) en Royal Ascot, produciendo una foto que, aún hoy, estodo un símbolo.