Churchill Downs le bajó el pulgar a sus números, las tragamonedas llegaron tarde y la política hizo el resto, así el mítico Arlington Million (G1) quedará en los libros

Por Hugo Bordoni

Entendemos el juego… Nuestra familia sabe lo que son los negocios… Pero la culpa del cierre es de los políticos, no de Churchill Downs, sucede que Sprinfield es un pántano, incluso peor que Washington si es que eso fuera posible…”. Craig Duchossois habla pausado, sabe que el cierre de Arlington Park, uno de los hipódromos más lindos de Estados Unidos, es cosa juzgada y allí habrá pronto un barrio privado, que crecerá dejando atrás las leyendas de los ganadores de su mítico Arlington Million (G1), dos kilómetros de pasto que reunieron a mucho de lo mejor del elevage mundial desde 1981.

Como si se tratara de uno de esos capítulos de Los Simpsons (donde el pésimo alcalde Diamante hace de las suyas), Duchossois acusa a la política en nombre de su padre, Richard Duchossois, un héroe de Normadía y portador de esos uniformes cargados de condecoraciones militares que se ven en las películas, fundador del Duchossois Group y dueño de Arlington desde 1983. Vive todavía el hombre, duro como los tanques que comandaba en la Segunda Guerra, y a punto de cumplir los 100 años en noviembre, seguramente sufriendo como todos los burreros de la zona de Chicago por el cierre de “su” Arlington, que comenzó el lento camino al cierre cuando en 2001 a los Duchossois se sumaron como accionistas a Churchill Downs Inc .

Cuando los números de Arlington comenzaron a flaquear, la lógica de “nada personal” que usan los sicarios, o mejor ese “bussiness are bussiness”, empezó a rondar en las reuniones de directorio, donde solo mandan los balances. El remanido recurso de las tragamonedas llegó tarde, cuando ya la situación era crítica, y así ese “activo subutilizado” de Churchil se terminó vendiendo en febrero de este año a un consorcio inmobiliario que espera pacientemente la última reunión para entrar con sus topadoras y así el pasto de Arlington mutará de herraduras y relinchos a jardines de familias americanas ABC1. Como decíamos más arriba, nada personal, solo es capitalismo en la meca del capitalismo.

El primero cuyo espíritu correrá en esas calles asfaltadas que se vienen será, seguramente, el inefable John Henry (Ole Bob Bowers), ganador del primer Arlington Million y autor de un bis a los 9 años único, digno de un caballo irrepetible… “Allí viene el anciano John Henry” gritaba el relator y la multitud deliraba. Pero hacer la lista de los caballos de leyenda que pasaron por esas gateras durante décadas resulta casi imposible, porque la verdadera grandeza de la primera carrera en el mundo que tuvo un millón de dólares de bolsa quedará en los libros como el sello de distinción que otorgaba a sus héroes. “Ganador del Arlington Million” significaba un plus de oro en cualquier legado, y aunque estuvimos cerca alguna vez con el recordado Algenib, el Oak Dancer que luego volvió para servir en Comalal y El Galo; y también con el tordo Kasaqui (Lasting Approval) de Ignacio Correas, pero la verdad es que el turf argentino nunca pudo festejar en esa perla de leyenda.

Estuvo a un tris de conseguirlo el tordo de Ignacio Correas y Wimborne Farm en 2016, que rompía el totalizador a tarifa cuando apareció a metros de la raya Mondialiste (Galileo) para taparlo por el pescuezo… Insistiría al año siguiente, ya en los estertores de su carrera, pero llegaría entre los últimos de Beach Patrol (Lemon Drop Kid).

La tristeza de los burreros de la zona de Chicago es enorme, Chicago fue una zona de enorme amor por las carreras desde siempre, se cuenta que esa pasión empezó en 1830 y así en un momento llegó a tener seis hipódromos en su área de influencia, más que cualquier otra zona en los Estados Unidos. Por eso cierre de Arlington es más que un hipódromo, es el de una época, y cada vez que tomen la autopista 53, los burreros de Illinois recordarán las veces que gritaron o salieron arruinados de esas tribunas demolidas.

La última reunión será el 25 de setiembre, ya está a la vista y para citar algo de historia, como se acostumbra en todos los obituarios, que acotar que Laffit Pincay Jr, Cash Asmussen, José Santos, Gary Stevens, Jerry Bailey, Ramón Domínguez y más cerca en el tiempo Irad Ortiz Jr. ganaron dos Arlington Million, que en escalón de los trainers Chad Brown no tuvo rivales apilando cuatro copas en 2013, 2017, 2018 y 2019, y que el récord de 1m58s69 lo marcó Awad (Caveat) en 1995.

Y de los caballos que ganaron basta decir que eran buenos en serio, más allá de John Henry, basta decir una sola cosa: eran tan buenos… como para ganar el Arlington Million.