A un año de su retiro como jockey, y después de su primera temporada como cuidador  el uruguayo habla de todos y de todo, con la sinceridad de siempre y una fe gigante hacia adelante

Parece increíble que ya haya pasado un año desde que Pablo Falero se vistió por última vez de jockey para cerrar una trayectoria fabulosa y empezar a transitar un camino diferente, el de entrenador, más complicado, espinoso, donde las satisfacciones no son tantas y las decepciones muchas más. Son 12 meses ya sin que el más grande jinete que haya corrido en los hipódromos argentinos y sudamericanos en las décadas más cercanas nos deleite con sus faenas únicas, haciendo fácil lo difícil;  muchas veces, muchísimas, sorprendiendo con su magia.

Prácticamente de un día para el otro, Pablo se bajó del caballo y se colgó el cronómetro, cumpliendo un objetivo que tantas veces adelantó mientras corría; porque si algo tuvo claro este uruguayo simplón fue que una vez que colgara la fusta seguiría ligado a los SPC desde su preparación.

Si silueta cambió, es cierto, y alguna broma siempre se cuela en cualquier charla, nada anormal, pero suficiente para el chascarrillo fácil. Lo que no cambió fue su sinceridad a la hora de hablar, de contar, de enseñar. Ni cuando era jockey solía esconder una declaración, ni ahora como entrenador se cohibe cuando se cruza en un mano a mano con un periodista.

Siempre es lindo charlar con Pablo, escucharlo; enseña con sus palabras, deja frases con moraleja. “Pasó rápido este año, pero no extrañé; siempre tuve claro que dejaba de correr y no iba a volver, era una decisión de vida. Así tenía que ser, porque mi carrera fue muy brillante y tenía que terminar brillante, no opaca”, lanza de entrada, como para anticiparle al cronista que la nota iba a tener condimentos.

Luego, sin necesidad de repregunta, continúa: “Cuando dejé seguía ganando las mismas carreras que hacía 20 años, estaba todo bien, ideal. Hoy por ahí veo alguna actuación mía y me digo: ‘Que hijo de p… que era, las cosas que hacía con un caballo’. En esos momentos no me daba cuenta, pero ahora reconozco mucho más lo diferente que fui. Te hacía andar cualquier caballo, era muy completo. Gané 1000 carreras con caballos matungos, porque con los buenos es más fácil ganar… Por ejemplo, el día que gané las Estrellas con Elogiado (Archipenko)… me pasaban de largo, pero lo armé, lo llamé, volví y ganamos. Una bestia…”, dice sobre sí mismo, riéndose, disfrutando recordar lo crack que fue en su “antigua” profesión.

Es imposible no pedirle un balance sobre este primer año como cuidador, a lo que, por supuesto, contesta: “Fue muy positivo todo este tiempo, porque me fui encontrando con los animales desde otro lugar. Creo que me fue bastante bien, que no fracasé tanto. Permanentemente me trato de poner en el lugar del otro, porque abajo no elegís. Acerté bastante con mis pensamientos sin montar, lo que yo veía en un galope después los veterinarios casi siempre lo encontraban. Me sentí bien, con un montón por aprender, obvio, pero bien”.

Su distanciamiento del Haras Vacación, entregando los productos que entrenaba para la divisa de su corazón, fue noticia esta semana, pero Pablo tiene una línea al respecto y no la cruza: “No es un tema que quiera exponer, hablé con Pablo Zavaleta y nos entendimos y sigue todo muy bien. Siempre nuestra relación fue frontal, y esta no fue la excepción. Cuando todo está claro, es más fácil. Hoy no cuido más para Vacación, pero quizás en un tiempo volvamos. La relación está bien, como siempre, e incluso veremos si algunos caballos en sociedad me quedan. Pero estoy tranquilo y con las mismas ganas de siempre de dar lo mejor”.

Con Nicole Rye (Catcher In the Rye) corrió sus primeros G1 como entrenador, y el dato no pasó por alto para Pablo: “Me gustó la sensación, porque correr un Selección y casi ganarlo con una potranca perdedora es un montón. Corrimos la Copa de Plata… El sábado estaba tan metido en lo mío que no me di casi tiempo de disfrutar el día, el Pellegrini, o acordarme que ya no estaba en la pista en un día que siempre disfruté mucho”.

Pablo Falero, que trabaja a la par de “Pachu”, su hijo, se ilusiona con lo que vendrá: “Me quedaron pocos corriendo, pero tengo muchos productos que me generan grandes sueños. Firmamento me está mandando 4 potrancas, el Stud Ximena también me apoya, tengo amigos que me han comprado productos, me mandan de Don Florentino, de La Valkiria… El hermano de Perro Callejero (Qué Vida Buena. La verdad es que me veo bien el año que viene”.

El tema jockeys no está fuera de la charla, y el crack elige a Francisco Leandro como el número uno de la actualidad, aunque destaca a muchos chicos que aparecieron recientemente y que también dan que hablar como William Pereyra, Brian Enrique o Luciano Cabrera, que es uno de los que le dan una mano en las mañanas, junto con Francisco Corrales.

La charla va llegando a su fin y resulta jugosa, como siempre. Un Falero reflexivo, analítico, encara su segundo año como preparador con la fe en lo máximo. Siempre fue un ganador, no tenía porque cambiar más allá de mudarse de “rubro”…

Diego H. Mitagstein