Greenspring brilla por estos días como el ejemplo más fresco, pero en los últimos años fueron varios los caballos que murieron jóvenes, en la plenitud, cuando lo mejor estaba por venir

Por Diego H. Mitagstein

Pocas cosas deben ser tan difíciles en la cría del caballo de carrera como dar con el padrillo generoso, distinto, ese que llega para cambiarlo, cuyos hijos descollan en las pistas, transforman en comerciales sus crías y el trabajo de una cabaña y dejan, por si eso fuera poco, un legado a futuro, generalmente, como abuelos maternos.

De allí que cuando un reproductor con condiciones muere joven o relativamente joven el lamento sea tan grande. En muchos casos se da que en esos primeros años no reciben las mejores madres disponibles, en ese proceso de prueba tan típico como lógico, por lo que el dolor es doble, pensando en todo lo que podría haber llegado…

En Argentina todavía duele la prematura partida de Greenspring (Orientate), que allá por julio de 2020 moría en el Haras Vikeda con sólo 15 años y cundo lo mejor de su parte seguro estaba por venir. La mejor muestra al respecto es todo lo que vienen cosechando sus hijos en los últimos meses, con Malibu Spring llevándose los títulos de Caballo del Año, Campeón Millero y Campeón Caballo Adulto de 2022, Tío Boy conquistando el Gran Premio Dardo Rocha (G1) de 2023 o las recientes victorias de Che Evasora en el Clásico Los Criadores (G2); de Che Marginal en el Clásico Jockey Club Argentino (L), de Che Bandida en el Handicap Badruddin; o, el último fin de semana, de Che Atorranta y London Boy en los clásicos Fallow y Río de la Plata (L), respectivamente.

El de Greenspring es el caso más reciente, pero volviendo en el tiempo el elevage nacional perdió otros nombres irrepetibles a edades en las que un padrillo suele alcanzar la plenitud, por caso, Roman Ruler, Campeón desde el Haras Vacación, y que se fue a los 15 años, en 2017.

Si bien no llegó a alcanzar el status del anterior, cuando en 2015 Storm Surge (Storm Cat) moría a los 13 años en el Haras Los Irlandeses la pena fue enorme, tras haber sido uno de los grandes hallazgos de la Estación de Montas La Mission, como el mucho más longevo Catcher In the Rye (Danehill).

Engrillado (Friul) ganaba G1 con sus crías como si fuera tarea sencilla cuando la muerte lo sorprendió a los 18 años en el Haras La Numancia, dejando un vacío que jamás se pudo llenar para los haras que lo apoyaban, principalmente Usasti, del entrañable Javier Zubizarreta, para quién el alazán había corrido en sociedad con Jorge Curutchet.

En los 90′ las dos bajas más sensibles en el turf argentino de reproductores jóvenes fueron las de Potrillazo (Ahmad) y el tordillo Ringaro (Caro), que servían en La Madrugada y Abolengo, respectivamente.  El crack del Stud Tori partió un 28 de marzo de 1998 a los 16 años, rindiendo de manera formidable en la reproducción, mientras que el tordillo que dio a Spiny y Punk, entre tanto fenómeno, tenía 17 en 1996, cuando murió.

Un poquito más atrás, el de New Dandy (New Noble) fue un caso que causó conmoción, pues contaba sólo 11 años al momento de su muerte, en 1989, mientras que Egg Toss y Logical, los dos Buckpasser increíblemente generosos, viajaron al Olimpo del Turf con 16 y 15 años, respectivamente, en 1993 y 1987.

Por supuesto que ejemplos habrá mucho más -y probablemente no estén incluídos en esta reseña, que sólo se trató de buscar los más relevantes a modo de muestra. En lo internacional, Scat Daddy (Johannesburg), con 11, y Harlan’s Holiday (Harlan), con 14, fueron los casos más resonantes cercanos, ambos luego revelándose como notables padres de padrillos.