El entrenador concedió una entrevista exclusiva a Turf Diario donde repasa su 2023, su triunfo en la estadística de Palermo, abre las puertas de su stud y dice que nunca vivió un momento tan flojo del turf

Por Simón Mitagstein

Pasan los años, pero la vigencia de Roberto Pellegatta sigue intacta. El rey de Palermo ganó la estadística porteña durante 2023, conoquistando un nuevo éxito en el Gran Premio Nacional (G1), y dio batalla en el ranking de San Isidro, con una efectividad notable de 28,2 por ciento.  

“Fue un buen año, pero no me acuerdo de tener malos en mi profesión. Vienen caballos de patrones sin apuro, entonces si uno espera a que estén sanos y preparados, al final rinden. Ese muchas veces es el gran secreto. Hoy hay mucha desesperación por correr, pero los míos no, entonces nos da muy buen resultado. Si mirás con atención, corriendo poco, siempre tenemos una muy alta efectividad”, dice Roberto en su casa, donde recibió a Turf Diario para charlar de lo que pasó, de la actualidad y de lo que viene.

Fueron 53 los triunfos del entrenador en el Argentino durante el calendario anterior, sacándole 20 de ventaja a Nicolás Martín Ferro, que fue segundo, sumando nada menos que 15 clásicos y con un impresionante de 36,8 de efectividad en su pista.

“Ganar estadísticas siempre es importante, igual que si alguna vez te toca algún premio. Por ejemplo, la vez que me tocó ganar una estadística en San Isidro, un hipódromo donde nunca ni me había arrimado a pelearla, lo disfruté mucho. Pero con todo lo que pasa en el turf, que es tan sacrificado, que te den una satisfacción es muy bueno”, dice Roberto, recordando aquella conquista de visitante.

Luego, explica: “El secreto, como ya dije, es que nosotros esperamos bastante a los caballos, a pesar de que tenemos muchos, no corremos tanto, lo hacemos cuando tienen chance y eso es una ventaja, simpre. Mis patrones están acostumbrados a mi manera de trabajar, porque no la cambié en 68 años… No le puedo decir que corremos un caballo y que no tiene oportunidad; de hecho, muchas veces los entrego cuando veo que no van a andar. Tal vez con otro entrenador, le vaya bien y me alegro cuando sucede. Además, no les hago gastar plata sin sentido.

Es llamativo que un cuidador que casi no trabajó con caballerizas grandes logre terminar arriba en una estadística. “Le cuidé muy poco a los haras, porque la mayoría tienen base en San Isidro. Siempre es una ventaja contar con el apoyo de los criadores fuertes, porque se reservan lo mejor de cada producción, principalmente hembras. Tienen excelente genética y físicamente son de lo mejor. Por ejemplo, con nosotros trabaja Juan Antonio, con el que ganamos muchas carreras de las importantes, además de que somos amigos. También en un tiempo le cuide algunas potrancas a Abolengo, pero no fueron muchas.

Ahora recibí cuatro reservadas de Santa María de Araras, una de 3 años que creo que la voy a correr en febrero, y la promesa de tener 6 ó 7, pues tuve una charla con Julio Bozzano, el dueño, que vino de Brasil a visitar a mi stud, porque tenía ganas de conocerme”, cuenta como novedad.

Roberto Pellegatta es un hombre grande, y si bien varias veces coqueteó con el retiro, alejarse le es imposible: “creo que después de tantos años en esta actividad, es muy difícil dejar todo. Además de que mi empresa es grande, con gente que hace mucho que me acompaña, que más que empleados son amigos. Si me quisiera retirar por completo, es muy difícil encontrar alguien que se haga cargo, con tanto capataz, peones y empleados, hay que tener espalda, no es fácil”, explica.

Desde hace unos años, Pelle sumó a su equipo a Juan Saldivia, incorporación que lo ayudó sobremanera a seguir adelalten: “Tengo la ayuda de Juan, que maneja todo; yo estoy más de observador y consejero, y él se hace cargo del día a día mientras lo ayudo con los trabajos. Sin él, no podría mantener una efectividad tan alta. Son muchos caballos y es quien está siempre en los detalles, conoce a todos; ya no estoy para tanto esfuerzo. Los lunes y viernes, que son los días en que trabajamos, estoy con él, miro y le digo si me gustó o no un trabajo, si le noto algún problema a algún caballo y ese apoyo mutuo es el que nos da tan buenos resultados.

“Mi equipo ya está grande, y no sólo en mi caso, Miguel Suárez está conmigo, pero cuida su stud y ya va por los 82, y así varios de mis colaboradores. Por eso se necesita sangre joven, y ahí está Juan jugando un rol importante”, confiesa generoso.

Para Roberto, “Si me preguntás cuántos caballos podría manejar, 25. Iría al stud a la mañana, miraría un poco a todos en los boxes, como se hacía antes, y podría estar en los detalles que se necesitan para que las cosas salgan bien. Así se hace más fácil porque de los 25 tendrás vareando 10 ó 12 y sería muy sencillo. Hoy eso es imposible, aunque ahora tenemos muchos menos caballos que cuando estaba solo.

“Hace 2 ó 3 años que no compro en los remates, lo acompaño a Juan a los haras para ver los caballos que compra, por ejemplo, para Las Canarias que cuida él, y que tiene unas cuantas caballerizas que entrena y con las que le doy una mano. Juancito es un tipo que quiero mucho porque me ayuda, es muy trabajador y fiel a más no poder, y así la sociedad está funcionando muy bien. Hoy no tenemos tantos caballos, ni grandes pedigrees pero siempre estamos en las carreras de peson y con éxito. Hablo mucho con él de los potrillos nuevos, vive enfrente de mi casa, así que un par de veces por semana viene a comer y cambiamos impresiones, porque dos pares de ojos ven más que uno.

Se lo consulta sobre sus nuevas ilusiones, y con su sinceridad sin filtro habitual explica: “Puedo definir a mi potrillada que son de 2 años. Trato de exigirlos para que muestren de que están hechos, pero, hasta ahora, no rinden lo que nosotros esperamos. Te cuento: corrí hace unos días uno que era el que más me gustaba y lo hizo mal. Es hijo de Dabster, un padrillo que me gusta, y que creo que son para mayor distancia. Tengo buenos productos de Garabo, y hay varios que me gustan, también un potrillo de Juan Antonio hijo de Cosmic Trigger que para mí, es uno de los mejores padrillos del país”. Anoten.

El momento bravo del turf es imposible de pasar por alto durante la charla, más que nada conociendo que Roberto no es de guardarse nada. Sus definiciones son terminantes: “Me parece que estos últimos años son de lo peor que vi estando tanto tiempo en la profesión. Soy de otro tiempo, pude vender muchos caballos y estoy bien, ahora, la mayoría de los cuidadores la están pasando mal. Uno que gana dos carreras en el mes, que son los menos, cobra menos que mi vareador, esto nunca lo vi. No se lo que hay que hacer para dar vuelta esta situación, yo entreno caballos, no soy dirigente. Pero lo que sí sé es que no se puede correr con los premios de la actualidad, con una inflación de 300 por ciento anual para ser cauto. A esta altura creo que una pensión ya va a costar una carrera, porque los aumentos siguen casi día a día. Las autoridades de los hipódromos y los criadores, que son gente inteligente, deberían hacer algo ya. Hoy, mínimo, se tendría que correr por 3 millones de pesos qué, con los descuentos, al propietario le quedan 2 y a nosotros los profesionales. nos sacan el 35% de ganancias.

“Te doy un ejemplo: del Nacional, te hablo de una de las mejores carreras rentadas, cobré 1.400.000 una vez pagado los impuestos. Los que ganan una carrerita, que no son muchos, les tocan 50.000 ó 60.000 pesos, y así ¿cómo hacés para vivir? ¿Qué comprás con esa plata? poco y nada.

Entusiasmado con la entrevista, el cuidador sigue: “Quiero ayudar, porque el turf es mi vida, me dio todo. Un nombre, un buen pasar, pero lo que logré fue hace muchos años, cuando vendí muchos caballos y caros. En la actualidad se vende alguno de vez en cuando, tuvimos la suerte de sacar 3 ganadoras de G1 de La Leyenda, gracias Dios, y ahora teníamos un par de ganadoras de G1 y no se vendió ninguna, pidiendo menos de lo que creemos que vale, pero sin resultado. Veremos si este año cambia algo y se mejora la situación del turf así, no se puede seguir”.

Sin guardarse nada, como siempre, Roberto Pellegatta, un referente único.