El entrenador y el jockey de Blue Stripe quedaron satisfechos con la carrera, aunque estuvieron tan cerca del triunfo que no pudieron evitar lamentarlo…

Por Diego H. Mitagstein (Enviado especial de Turf Diario a Lexington, Kentucky)

LEXINGTON, Kentucky (De un enviado especial).- En general, cuesta asimilar cualquier derrota. Pero cuando hacer historia se escapa por tan poco como sucedió con Blue Stripe el sábado último en el Breeders’ Cup Distaff (G1), la mezcla de sensaciones es enorme.

Justamente por ese camino raro transitaron tras la carrera Marcelo Polanco y Héctor Berríos, entrenador y jockey de la hija de Equa Stripes que cayó por el hocico ante la campeona Malathaat (Curlin), cuando el disco ya estaba al alcance de la mano.

“Estamos muy contentos porque respondió como esperábamos. Estaba trabajando maravilloso y le tenía mucha confianza, aún sabiendo lo dura que era la carrera. Segundo no está nada mal… Los únicos que creíamos éramos Héctor y yo. Cuando cruzaron el disco me pareció que había ganado, pero me quedé callado porque no quería hacer el ridículo. La recta es corta y hay que tener una buena posición y luchar de allí en adelante”, comentó Polanco, todavía tratando de caer.

Por su parte, Héctor Berríos, ya con las pulsaciones algo más bajas y tras cambiarse, contó: “La yegua demostró que tiene un gran corazón. Nos ganó una de las dos rivales más bravas que teníamos, junto con Nest (Curlin)… Perdió en la cancha, demostrando todo lo buena que es. Vinimos un poquito encajonado, pero sin problemas; saqué a media cancha en la curva, avanzó y se defendió mucho en la recta. Siempre digo que aunque en la previa un caballo no tenga tantas chances, uno lo hace con confianza. Quedé muy contento, y espero que todos hayan quedado así. No es cómo ganar el segundo, pero hay que dar vuelta la página. En el disco la vi muy difícil, aunque siempre tuve esperanzas de podido haber mantener una diferencia. La meta no llega nunca en estas carreras…”

Por un día estuvo la esperanza de que Blue Stripe siguiera siendo parte importante de la vida para Polanco y Berríos, pero su venta en Fasig-Tipton limitó esa esperanza. El golpe se sintió, y los ojos llenos de lágrimas del entrenador en el momento en que se firmaba el ticket eran la más fiel evidencia al respecto. Nada borrará su trabajo enorme, como el de Berríos.