Albus y el peso de un apellido que escribe su propia historia en el Wood Memorial
- Turf Diario

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Riley Mott alcanzó su primer éxito de grado en Nueva York, la tierra donde su padre se hizo leyenda. El hijo de Yaupon saltó del anonimato de las condicionales a la gloria del Derby, en una tarde de despedidas para Aqueduct

SOUTH OZONE PARK, New York (Especial para Turf Diario).- Aqueduct ya no es el de antes, y pronto dejará de ser. Las tribunas del Big A tienen ese olor a herrumbre y gloria pasada que solo los hipódromos que se mueren saben conservar. Pero este sábado, mientras el viento soplaba con esa saña típica de las tardes de abril en Nueva York, el Wood Memorial (G2-1800 m, arena) se encargó de demostrar que, aunque el cemento se caiga a pedazos, la clase es eterna. No busquen explicaciones lógicas en el triunfo de Albus; búsquenlas en la genética y en un apellido que es sinónimo de paciencia.
Riley Mott tiene 34 años, pero camina las caballerizas con el temple de un veterano. No es para menos: se crió viendo a su padre, el legendario Bill, transformar potrillos rústicos en piezas de orfebrería. Verlo hoy ganar su primer Wood Memorial con un caballo que hace un mes corría una condicional en Tampa, es la prueba de que el ojo se hereda tanto como la velocidad. "Es el trabajo de mi vida", soltó Riley, y no es una frase hecha. Es el alivio de quien sabe que ya no es solo el hijo de, sino un preparador con sello propio.
Lo de la pista fue una carnicería. Napoleon Solo (Liam's Map) y Talk to Me Jimmy (Modernist) salieron a suicidarse en parciales de 22s92/100 y 47s30/100, como si quisieran demoler el hipódromo a patadas antes de que lo cierren. Con ese fuego sagrado quemando a los de adelante, Jaime Torres hizo lo que mandan los libros en Aqueduct: esperar que el humo se disipe. Albus emergió de la nada, con esa estampa de los hijos de Yaupon que parecen flotar cuando el resto se hunde, y liquidó el pleito con una autoridad que dejó mudos a los que esperaban al favorito Iron Honor (Nyquist).
El tiempo de 1m51s71/100 dirá que la pista estaba pesada, cansina, casi tan agotada como las viejas tribunas de Queens. Pero a Spendthrift y a Pin Oak Stud poco le importan los relojes cuando el pasaporte a Churchill Downs ya tiene el sello puesto. El nieto materno de Bernardini demostró que tiene pulmones para ir a los dos kilómetros, y su entrenador, que ya tiene a Incredibolt también en la lista del Derby, llegará a Kentucky con el pecho inflado.
Se termina una era en Aqueduct. El Wood Memorial cambiará de casa, pero la última foto en el Big A quedó en manos de un pibe que aprendió a ganar antes de empezar a hablar. Albus puso el broche de oro a un siglo de carreras en Queens, y lo hizo de la única forma que importa: con el pescuezo estirado y la gloria en la mano. El futuro del turf neoyorquino se queda en buenas manos.





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