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Aqueduct bajó el telón tras 132 años de historia con una despedida inolvidable

  • Foto del escritor: Turf Diario
    Turf Diario
  • 29 jun
  • 2 min de lectura

Con una jornada cargada de emoción, miles de aficionados despidieron al histórico hipódromo neoyorquino, escenario de innumerables hazañas desde 1894. Assume Nothing, el último ganador



SOUTH OZONE PARK, New York (Especial para Turf Diario).- Si alguien hubiera cerrado los ojos durante algunos instantes, bien podría haber creído que el tiempo había retrocedido más de medio siglo. Aunque en una escala menor que en sus años dorados, Aqueduct volvió a respirar ese ambiente de grandes jornadas que lo convirtió en uno de los escenarios emblemáticos del turf estadounidense.

Las tribunas lucieron colmadas en varios sectores, los aplausos acompañaron la salida de los caballos hacia la pista y estallaron con cada definición, mientras las largas filas para ingresar y conseguir comida o bebidas completaban una postal que evocó los mejores tiempos del "Big A".

Fue una despedida a la altura de su historia. Tras 132 años albergando competencias, el hipódromo neoyorquino cerró definitivamente sus puertas con una última reunión de 9 carreras que combinó emoción, nostalgia y celebración, recordando a los grandes caballos, protagonistas y momentos que marcaron generaciones.

El broche llegó cuando Kendrick Carmouche, acompañado por varios de sus colegas, ingresó a la tribuna para celebrar junto al público, en una imagen que simbolizó el vínculo que siempre existió entre Aqueduct y sus aficionados.

La última página deportiva quedó reservada para Assume Nothing. El hijo de Not This Time, un castrado de 6 años, se adjudicó un starter allowance de 100.000 dólares y pasó a la historia como el último ganador sobre la tradicional pista.

Su propietario, Darryl Abramowitz, de DEA Thoroughbreds, no pudo contener la emoción al finalizar la prueba: "Es increíble. Estoy en este deporte desde chico, desde 1992. Ganar esta carrera es un sueño hecho realidad. Vine aquí con mi padre, mi madre y mi abuelo. Ellos ya no están, pero seguramente nos estaban mirando y sintiendo esta emoción conmigo", expresó con la voz quebrada.

La asistencia oficial alcanzó los 6.866 espectadores, una cifra muy lejana a las épocas de mayor esplendor del hipódromo. Entre 1963 y 1968, cuando Belmont Park permanecía cerrado por remodelaciones y Aqueduct era el único escenario importante de Nueva York, recibía en promedio unos 6 millones de visitantes por año, viendo desfilar leyendas como Kelso (Your Host), Buckpasser (Tom Fool) y Dr. Fager (Rough'n Tumble).

Ese tiempo ya quedó atrás. Sin embargo, la última jornada confirmó que Aqueduct conserva un lugar imborrable en la memoria del turf. La emoción vivida durante su despedida fue la mejor prueba de que, aunque las carreras ya no volverán a disputarse allí, su legado seguirá galopando en la historia de las carreras de caballos.

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