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Cuando el Belmont Stakes se mudó a Aqueduct y la Triple Corona encontró otro escenario

  • Foto del escritor: Turf Diario
    Turf Diario
  • 3 jun
  • 3 min de lectura

Entre 1963 y 1967, la tercera gema se disputó lejos de Belmont Park. Fueron 5 años únicos, marcados por récords de público, frustraciones para los aspirantes y un capítulo tan singular como olvidado


Amberoid ganando el Belmont Stakes de 1965 en Aqueduct / NYRA
Amberoid ganando el Belmont Stakes de 1965 en Aqueduct / NYRA

Por más que su nombre lo indique, el Belmont Stakes no siempre se corrió en Belmont Park. De hecho, la carrera más antigua de la Triple Corona estadounidense conoció varias casas antes de establecerse definitivamente en Elmont. Jerome Park, Morris Park y el propio Belmont Park fueron sus escenarios históricos, pero hubo un período particularmente singular que todavía despierta nostalgia entre los aficionados: los 5 años en que la gran prueba se disputó en Aqueduct, tal como sucede ahora con Saratoga.

Fue una consecuencia directa de la modernización. En abril de 1963, las autoridades de la New York Racing Association determinaron que las estructuras del viejo Belmont Park, inaugurado en 1905, presentaban deficiencias de seguridad que hacían inevitable una reconstrucción total. La solución fue inmediata: trasladar toda la actividad a Aqueduct mientras se demolía y reconstruía el mítico hipódromo.

La decisión terminó abriendo un capítulo irrepetible. Aqueduct acababa de reabrir sus puertas pocos años antes tras una renovación monumental, considerada en aquel momento una de las obras deportivas más modernas del mundo. Situado dentro de los límites de la ciudad de Nueva York y conectado directamente con la red de subterráneos, ofrecía una accesibilidad inédita para millones de habitantes.

La respuesta del público fue inmediata. El 8 de junio de 1963, cuando se disputó por primera vez allí el Belmont Stakes, más de 53.000 personas colmaron las instalaciones, estableciendo entonces un récord de concurrencia para la carrera. Un año más tarde, la cifra crecería todavía más, hasta superar los 61.000 espectadores, impulsada por la presencia de un fenómeno llamado Northern Dancer (Nearctic).

Sin embargo, el cambio de sede también modificó la propia naturaleza de la prueba. Mientras Belmont Park disponía de su gigantesco óvalo de 2400 metros, Aqueduct contaba con una pista de apenas 1800 metros. Para mantener los tradicionales 2400 metros del Belmont Stakes fue necesario ubicar la partida sobre la curva opuesta, generando un recorrido completamente distinto y desafíos tácticos inéditos para jinetes y entrenadores.

El primer ganador en la nueva sede fue Chateaugay (Swaps), que bajo la conducción de Braulio Baeza se tomó revancha de Candy Spots (Nigromante), vencedor del Preakness Stakes, y sumó Kentucky Derby y Belmont a su campaña.

Pero lo que terminó definiendo aquellos años fue la permanente persecución de una Triple Corona que nunca llegó.

En 1964, Northern Dancer arribó a Aqueduct después de conquistar el Kentucky Derby y el Preakness Stakes. Más de 61.000 personas acudieron para presenciar una posible consagración histórica. El canadiense parecía tener el destino en sus manos, pero en la recta final sucumbió ante la exigencia de la distancia y terminó tercero detrás de Quadrangle (Cohoes).

La decepción fue enorme. Apenas 2 años después la historia volvió a repetirse. Kauai King (Native Dancer) llegó al Belmont tras imponerse en Louisville y Baltimore y volvió a despertar la ilusión popular. Más de 56.000 espectadores apostaron cifras récord esperando asistir a un momento histórico. Sin embargo, Amberoid (Count Amber), montado por Bill Boland, frustró otra vez el sueño colectivo.

La sensación era que el Belmont Stakes se había transformado en una barrera casi imposible de superar.

La Triple Corona llevaba sin conseguirse desde Citation (Bull Lea) en 1948 y comenzaban a surgir dudas sobre si algún caballo volvería a lograr semejante hazaña. Las derrotas de Northern Dancer y Kauai King no hicieron más que alimentar esa percepción.

El último Belmont corrido en Aqueduct llegó en 1967 y tuvo como protagonista a Damascus (Sword Dancer), que había fallado en el Kentucky Derby pero se recuperó para ganar el Preakness y luego el Belmont. Curiosamente, durante aquellos 5 años se registraron 4 ejemplares capaces de ganar dos de las tres pruebas de la Triple Corona, una cifra extraordinaria para un período tan corto.

Cuando Belmont Park reabrió sus puertas, la carrera regresó a su hogar natural y Aqueduct volvió a ocupar un papel secundario dentro del calendario neoyorquino. Sin embargo, aquellos años dejaron una huella imborrable.

Porque durante un breve lapso de tiempo, el llamado "Test of the Champion" encontró un nuevo escenario. Y aunque ninguna Triple Corona pudo celebrarse allí, Aqueduct demostró que era capaz de sostener el peso de una de las tradiciones más grandes del turf mundial.

Una historia diferente, casi olvidada, pero fundamental para comprender la rica herencia del Belmont Stakes.

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