El Ernesto hizo brillar a Kevin Méndez y confirmó la mano paciente de Víctor Villanueva
- Turf Diario

- 28 may
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El jockey alcanzó el mejor triunfo de su trayectoria en el Clásico 25 de Mayo, con un caballo al que su entrenador le cambió la cara

LA PLATA.- El triunfo de El Ernesto este martes en el Clásico 25 de Mayo de 1810 (G2), una de las pruebas centrales del festejo patrio en el Hipódromo de La Plata, tuvo detrás mucho más que la contundencia de un caballo en gran momento. También significó la consagración de dos profesionales que vienen construyendo su camino con esfuerzo, paciencia y perfil bajo: el jockey Kevin Méndez y el entrenador Víctor Villanueva.
Para Méndez, la victoria representó la más importante de su campaña. Y la emoción se le notaba en cada palabra después de cruzar el disco adelante con el hijo de Señor Candy, convertido ya en uno de los milleros destacados del país.
“Es un placer ir arriba de un caballo tan bueno y tan noble. Es un caballazo, hace todo bien, disfruto montándolo”, expresó el jinete, todavía con la adrenalina de la carrera encima y la satisfacción lógica de haber alcanzado una conquista de semejante valor.
Con la serenidad de aquel que conoce de memoria a su socio, Méndez explicó además por qué montar a El Ernesto se ha convertido en una experiencia especial: “Se hizo rápida, pero siempre corre tranquila, y como le tenemos confianza, sabemos que responde, se lo puede montar con tranquilidad”.
La frase pinta de cuerpo entero el presente del caballo. Porque aun cuando la competencia tomó un desarrollo intenso desde temprano, El Ernesto nunca perdió compostura. Corrió con aplomo, administró energías y respondió cuando fue necesario, mostrando su madurez.
Méndez tampoco se olvidó de quienes le abren puertas diariamente en una profesión tan competitiva como ingrata muchas veces: “Soy un agradecido de quienes me dan montas y confianza”, resumió con humildad.
Del otro lado estaba Villanueva, acaso uno de los grandes responsables de la transformación que experimentó el caballo desde su llegada al stud. El entrenador recordó los comienzos de la historia con una mezcla de sorpresa y satisfacción.
“Lo compramos como 4 años ganador de 2 y así son las cosas. A veces hay que tener suerte; maduró con el paso del tiempo y ahora se hizo muy corredor”, comentó el cuidador.
Sin embargo, para Villanueva hubo un detalle decisivo que terminó cambiándole la campaña a El Ernesto: aprender a manejar su temperamento: “Hace todo bien, pero cuando le pudimos controlar los nervios cambió por completo; ahí se largó a correr de firme y cada día parece que corre un poco más”, explicó.
Esa evolución quedó reflejada en la pista. El Ernesto pasó de ser un caballo interesante a transformarse en una figura cada vez más sólida dentro de la media distancia, con actuaciones que lo fueron empujando hacia planos mayores.
Ahora, naturalmente, llegará el tiempo de pensar qué viene después. Aunque puertas adentro el mensaje parece claro: disfrutar el momento y no apresurar decisiones. “Veremos cómo queda y analizaremos los próximos pasos a seguir; la idea es seguir disfrutándolo”, señaló Villanueva, consciente de que encontrar un caballo así no sucede todos los días.
La historia tiene además un componente federal y afectivo especial. Los propietarios del caballo son de Viedma y, aunque esta vez no pudieron estar presentes en el Bosque para vivir la gran tarde de cerca, siguieron todo a la distancia con enorme entusiasmo.
“Los propietarios son de Viedma, y esta vez no pudieron venir, pero hacen fuerza desde allá con todo el equipo”, contó el entrenador.
Mientras tanto, en La Plata, El Ernesto sigue escribiendo capítulos importantes. Y junto a él crecen también las ilusiones de un jockey que encontró el caballo de su vida y de un entrenador que, con paciencia y trabajo silencioso, terminó moldeando a un corredor de los buenos.





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