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El Ernesto, un relojito que volvió a ganar el Orange con una atropellada formidable

Foto del escritor: Turf Diario
Turf Diario
hace 8 horas
3 min de lectura

El hijo de Señor Candy repitió su victoria de hace doce meses en el clásico de San Isidro, viniendo desde muy lejos para imponerse con autoridad; su extraordinaria regularidad lo proyecta como uno de los grandes candidatos para el Joaquín V. González de La Plata


Abierto, El Ernesto pasó de largo en el final del Clásico Orange / JUAN I. BOZZELLO
Abierto, El Ernesto pasó de largo en el final del Clásico Orange / JUAN I. BOZZELLO

Cuando El Ernesto (59 1/2 kg.) empezó a descontar terreno en la recta final del Clásico Orange (L-1400 m, arena), los punteros parecían estar en otra carrera. Lejos, muy lejos, había quedado el hijo de Señor Candy, mientras adelante se corría a una velocidad infernal. Pero el zaino tiene una virtud que vale oro: nunca se entrega. Y cuando encuentra el ritmo, su atropellada puede resultar demoledora. Así fue como este viernes volvió a quedarse con la prueba que ya había ganado doce meses, confirmando una regularidad sencillamente admirable.

La carrera, la más fuerte de la tarde en el Hipódromo de San Isidro, tuvo exactamente el desarrollo que se esperaba en sus primeros metros. Concord (Remote, 58) salió decidido a marcar el camino, con Yak Sport (Glory Seattle, 57) presionando constantemente. Los parciales fueron tremendos: 22s63/100 para los primeros 400 metros y 44s72/100 para los 800. Una exigencia que terminaría pasando factura, mientras El Ernesto viajaba último, desconectado del grupo, esperando su oportunidad.

Kevin Méndez conoce de memoria al pupilo de Víctor Villanueva y volvió a demostrar una paciencia extraordinaria. No se desesperó por la distancia que lo separaba de los líderes ni intentó recuperar terreno antes de tiempo. Recién desde los 500 metros comenzó a pedirle el esfuerzo, buscando por afuera el espacio necesario para desarrollar su poderosa atropellada.

Y la respuesta fue espectacular. El Ernesto empezó a descontar con una fuerza impresionante, mientras los de adelante intentaban sostener el ritmo. Abierto, ganando terreno a cada salto, terminó por dominar en los 50 metros finales y cruzó el disco con un cuerpo y medio de ventaja sobre Yak Sport, que resistió con valentía después de haber sido protagonista del desarrollo.

Stormy River (Le Blues, 54) quedó tercero, apenas a media cabeza del escolta, con Concord cuarto a ventaja mínima, pagando el precio de su enorme desgaste inicial. Quinto, a 3 cuerpos del vencedor, terminó el favorito Talented Hit (Hit It a Bomb), sobre cuya actuación quedó una preocupación.

El zaino venía descontando posiciones cuando, alrededor de los 350 metros finales, pareció tener una mala pisada. Su acción dejó la sensación de que algo no estaba bien y Eduardo Ortega Pavón optó por no exigirlo al máximo durante la última cuadra. Habrá que esperar para conocer si existió algún inconveniente físico, aunque la imagen ciertamente llamó la atención.

Lo de El Ernesto, en cambio, fue otra demostración de una vigencia que merece todos los elogios. Criado por el Haras La Pasión, el zaino es un verdadero relojito. No se cae del marcador desde el Gran Premio Joaquín S. de Anchorena (G1) del año último y, en sus 12 presentaciones de esta temporada, su peor resultado fue un quinto puesto.

En ese recorrido acumuló 3 victorias, todas de jerarquía: el Clásico 25 de Mayo de 1810 (G2), el Clásico Carlos Pellegrini y ahora el Orange, donde repitió la conquista de 2025. En aquella campaña también había celebrado en los especiales Talavera y Ondine, construyendo una trayectoria que tiene en la constancia su principal argumento.

Es cierto que sus dos participaciones más recientes en el Anchorena no fueron satisfactorias, pero eso no alcanza para empañar una campaña formidable. A los 7 años, sigue corriendo con el entusiasmo de siempre y encontrando respuestas cuando las exigencias aumentan.

Ahora, todo indica que su próximo objetivo será el Clásico Joaquín V. González (G2), en el Hipódromo de La Plata, una de las grandes citas para los milleros y donde seguramente aparecerá entre los principales candidatos a quedarse con la gloria.

También su origen tiene argumentos para destacar. El Ernesto es hijo de Señor Candy y de la estadounidense Es Bonita (Dynaformer), cuya abuela, Esther Rose (Seeking the Gold), es hermana materna de Orpen (Lure), padrillo extraordinario que dejó una huella profunda en la cría argentina, donde fue campeón padrillo y es campeón abuelo materno.

A esta altura, El Ernesto ya no necesita demostrar demasiado. Corre seguido, rara vez falla y mantiene una competitividad asombrosa. En el O)range volvió a regalar una de esas atropelladas que parecen imposibles, llegando desde el fondo para transformar una desventaja enorme en una victoria contundente. Un relojito, sí, pero de los que nunca pierden la hora de ganar.



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