Festín, la tarde en que un argentino silenció a los gigantes en el Oaklawn Handicap
- Turf Diario

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En 1991, bajo la lluvia y contra los mejores caballos de Estados Unidos (Unbridled, Farma Way y Jolie's Halo...), el hijo de Mat Boy criado en la Argentina firmó una de las hazañas más grandes de su brillante campaña y dejó una huella imborrable en el Oaklawn Park

Por Diego H. Mitagstein
Algunas carreras se corren… Otras se conquistan. La edición 1991 del Oaklawn Handicap (G1) pertenece a este último grupo. Aquella tarde gris, empapada por la lluvia en Hot Springs, no sólo se disputaba un gran turno más dentro del calendario norteamericano: estaba en juego el orgullo, la jerarquía y el dominio de los mejores caballos del mundo. Y en ese escenario, contra todos los pronósticos, emergió un nombre argentino para cambiar la historia: Festín.
Hijo de otro crack nacional como Mat-Boy y formado bajo la tradicional escuela sudamericana, el alazán entrenado por Ron McAnally llegó a la cita como un outsider de 11-1, lejos de los reflectores que apuntaban hacia tres colosos: Jolie’s Halo (Halo), invicto y gran favorito; Farma Way (Marfa), en plena racha ganadora; y nada menos que Unbridled (Fappiano), Campeón 3 años Años de 1990 y héroe del Kentucky Derby (G1) y el Breeders’ Cup Classic (G1). Era, en los papeles, una batalla reservada para ellos. Pero las carreras, como tantas veces, tenían otros planes.
El barro, pesado y traicionero, fue el gran igualador. Mientras los favoritos luchaban contra la superficie, incómodos, sin respuesta, Festín encontraba allí su mejor aliado. Guiado con precisión quirúrgica por Eddie Delahoussaye, el argentino recorrió la primera parte del desarrollo lejos de la pelea, expectante, casi al margen de la escena. Pero en la curva final empezó a escribir su obra.
Aún quinto al pisar la recta, el credito del Sonoita Farm desató una atropellada demoledora. Delahoussaye lo filtró por dentro, pegado a los palos, y en cuestión de segundos pasó de espectador a protagonista absoluto. El avance fue tan contundente como inesperado: uno a uno fue dejando atrás a sus rivales hasta dominar la carrera con autoridad, cruzando el disco en 1m48s para los 1800 metros, con 3/4 cuarto de cuerpo sobre Primal (Maudlin) y varios más sobre los favoritos derrotados.
Detrás quedaban las excusas: que el barro, que la pista, que las condiciones. Pero adelante estaba la verdad más pura del turf: Festín había corrido como un caballo superior. Aquella tarde no hubo azar ni casualidad, sino la confirmación de un ejemplar que ya había avisado de su nivel semanas antes, cuando escoltó a Farma Way en el Santa Anita Handicap (G1) tras avanzar desde el fondo.
La victoria en Oaklawn no fue un hecho aislado, sino la consagración internacional de un caballo que representó con orgullo la calidad de la cría argentina en el exterior. Festín, que a lo largo de su campaña sumó actuaciones de altísimo nivel en los Estados Unidos -también ganó la Jockey Club Gold Cup (G1) y fue favorito en el Breeders' Cup Classic (G1) de 1991-, dejó grabado su nombre en una de las pruebas más exigentes del calendario, convirtiéndose, hasta hoy, en el único ejemplar nacido en la Argentina en conquistar el Oaklawn Handicap.
En tiempos donde cada nueva edición del gran clásico de Arkansas reúne figuras de primer nivel -aunque hoy sea de G2-, como en esta ocasión, con Sovereignty (Into Mischief), Journalism (Curlin) y White Abarrio (Race Day), el recuerdo de aquella hazaña de 1991 cobra todavía más dimensión. Porque no se trató simplemente de una victoria: fue una irrupción, un golpe de autoridad, una demostración de que el talento argentino podía, incluso en territorio enemigo, derribar a los gigantes.
Festín no sólo ganó una carrera. Ganó un lugar en la historia. Y lo hizo a lo grande, en el barro, en silencio primero… y en estruendo después. Como las gestas que no se olvidan.





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